Una pastelería turca sobre ruedas | elperiodico.com

En la reluciente tienda Hafiz Mustafa 1864 apenas queda una mesa vacía. Son las tres y media de la tarde y su terraza está plagada de turistas, la mayoría de ellos turcos o de los países del Golfo, disfrutando de un reconfortante té y de alguno de los exquisitos dulces —y muy calóricos— que este negocio ofrece a sus clientes desde su flamante apertura en el exclusivo barrio de Knightsbridge, en el oeste de Londres. Enfrente, el emblemático centro comercial Harrods, uno de los símbolos del poderío económico de la ciudad y uno de los destinos favoritos para los visitantes de alto poder adquisitivo procedentes de todas partes del mundo.
En el interior de la tienda todo está cuidado al detalle. Un enorme mostrador ofrece a los clientes los tradicionales baklavas —hechos con masa filo, frutos secos y almíbar—, además de künefe —un clásico postre con queso fresco— y las reconocidas delicias turcas, elaboradas con una amplia variedad de sabores, entre ellos naranja y avellana, nuez o pasas. En las brillantes estanterías, remachadas con detalles dorados y mármol oscuro, reposan coloridas cajas metálicas con distintas variedades de café y té turco, con precios que oscilan entre los 20 y los 40 euros por un paquete de 500 gramos.
Dos mujeres en el bus de la pastelería. / Hafiz Mustafa
‘Tour’ exclusivo
Arda Sayiner, un hombre de unos 40 años, de cabello oscuro y aspecto elegante, aparece en la entrada del refinado local para avisar al grupo de periodistas y clientes citados para la ocasión. “El autobús está a punto de salir”, indica a los presentes. Frente a la puerta, un autobús de dos pisos reconvertido en cafetería ambulante espera a los invitados, quienes van subiendo uno a uno con la emoción de un niño pequeño. Sayiner, de origen turco, es el encargado de guiar al grupo en nombre de esta conocida cadena de pastelerías turcas, que cuenta con 16 tiendas en Turquía y otras cinco en Dubái —además de la recién inaugurada en Londres— y que tiene el objetivo de seguir expandiendo su negocio en los próximos meses.
El autobús inicia un recorrido por el centro de la ciudad, mientras media docena de camareros, estrictamente uniformados con chaquetas blancas impolutas y con los tradicionales sombreros otomanos, sirven té y dulces a los invitados. A medida que avanza en su recorrido por Hyde Park, Trafalgar Square y el palacio de Westminster, ante la mirada atónita de los turistas, Sayiner explica los planes de la compañía. “La empresa ha invertido 15 millones de libras [unos 18 millones de euros] para iniciar su negocio en Londres. Esta inversión ha ido destinada a construir el local, de 1.000 metros cuadrados, y una fábrica de 3.500 metros cuadrados en las afueras de la ciudad”, asegura.

Degustación de delicias turcas en el bus. / Hafiz Mustafa
Inmigración turca
La gran inversión de Hafiz Mustafa 1864 contrasta con las humildes confiterías fundadas hace décadas por los inmigrantes turcos en Green Lanes, una larga avenida del norte de Londres conocida popularmente como el “pequeño Estambul”. En esta zona se instaló una importante comunidad turcochipriota a mediados del siglo XX, a la que siguieron años más tarde inmigrantes de las regiones del este de Turquía, muchos de ellos kurdos, que huían de la represión étnica y cultural del Gobierno de Ankara. Poco a poco se fue formando una importante comunidad de origen turco en el norte de la ciudad, llenando las calles de restaurantes, barberías, pequeños supermercados y deliciosas confiterías.
Cenk Erol, un hombre de unos 50 años, de pelo canoso y complexión atlética, es el encargado de la confitería Antepliler, una de las más exitosas de Green Lanes. El negocio comenzó en 1993 como un pequeño Ocakbasi, los clásicos restaurantes turcos de carnes a la parrilla, y con el paso de los años fue expandiéndose en la misma calle. En la actualidad cuenta con un restaurante, un local de kebabs y una tienda especializada en künefe, además de la confitería, que suele estar llena a cualquier hora del día. “Todo lo hacemos en el mismo local, incluido el queso y la mantequilla, con productos frescos”, explica Erol.
La calidad de confiterías como Antepliler no tiene nada que envidiar a los grandes negocios que están aterrizando en las zonas más exclusivas de Londres, aunque Erol asegura que el tipo de clientela es distinto. “Allí suele haber un público mayoritariamente árabe, mientras que aquí tenemos una clientela más local”, señala. El encargado afirma, sin embargo, que cada vez se acercan más clientes de todas partes del mundo gracias al auge de la cocina turca a nivel internacional y especialmente de sus dulces.
“Mucha gente pensaba que la cocina turca eran sólo kebabs, pero tenemos una oferta muy variada. La gente se está dando cuenta de ello y cada vez se están abriendo más negocios”, asegura Erol, quien evita dar muestras de preocupación ante la llegada de nuevos inversores. “La competencia es buena para todos”, sentencia.
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En la sección: El Periódico – internacional
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