Un fotoperiodista gazatí desde la Franja: «Todo va a peor. No hay comida fresca»

En septiembre de 2025 entró en vigor el plan de paz entre Hamás e Israel. El acuerdo, articulado en diez puntos e impulsado por la Administración de Donald Trump con la mediación de Qatar, Egipto y Turquía, arrancó con un alto el … fuego que nunca llegó a respetarse plenamente. La segunda fase contemplaba el intercambio de rehenes israelíes por presos palestinos, uno de los pocos compromisos que sí llegó a materializarse. Después, casi el silencio.
Nueve meses después de la firma del plan de paz, apenas se sabe qué ocurre dentro de la Franja. Israel mantiene prohibida la entrada de la prensa extranjera desde octubre de 2023, por lo que la información llega, en gran medida, a través de los periodistas gazatíes que siguen trabajando sobre el terreno.
«Todo aquí está mal», resume en un escueto mensaje Rizek, periodista residente en Ciudad de Gaza. Mientras que Hashem, fotoperiodista, describe una realidad aún más dura: «La situación es muy difícil. Los ataques son constantes e intensos. He sido herido en tres ocasiones desde que comenzó este conflicto y la situación empeora cada día».
Los testimonios recabados por ABC coinciden en una misma idea: la tregua existe sobre el papel, pero no en la vida cotidiana. Israel continúa llevando a cabo ataques selectivos contra personas a las que identifica como miembros de grupos armados y mantiene operaciones militares en las proximidades de la denominada ‘línea amarilla’, la línea de despliegue acordada tras el alto el fuego.
Según el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás -cuyas cifras son consideradas generalmente fiables por las agencias de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, aunque Israel las cuestiona-, desde la entrada en vigor del acuerdo han muerto cerca de un millar de personas, entre ellas 182 niños, 110 mujeres y 54 mayores de 60 años. Más de 3.100 han resultado heridas. La media es de unas 125 muertes al mes pese al alto el fuego.
«Más del 70 % del territorio de Gaza está bajo control israelí. Además del desplazamiento de la población, Israel y Estados Unidos pretenden reducir la población de la Franja a menos de un millón y medio de personas, favoreciendo que el resto abandone Gaza de forma permanente», sostiene Rizek.
7.000 cuerpos sepultados
Los bombardeos, lejos de remitir, se han intensificado en las últimas semanas. Solo desde principios de junio han muerto 52 personas. Con estas nuevas víctimas, el balance total desde el inicio de la guerra asciende, según las autoridades gazatíes, a más de 73.000 muertos y 173.000 heridos. Se estima, además, que más de 7.000 cuerpos continúan sepultados bajo los escombros. La falta de maquinaria pesada -destruida durante la guerra o cuya entrada sigue restringida por Israel- impide recuperar muchos de ellos. En las redes sociales son frecuentes las imágenes de familias excavando con las manos entre la arena y el hormigón en busca de los restos de sus seres queridos.
Al control territorial y a la persistencia de los ataques se suma el férreo control israelí sobre la entrada de ayuda humanitaria. «Hay una enorme escasez de alimentos y agua. Las organizaciones internacionales apenas pueden operar en la Franja. Llevamos meses sin ver comida fresca», explica Rizek, preocupado especialmente por la situación de sus hijos.
«Las organizaciones internacionales apenas pueden operar en la Franja. Llevamos meses sin ver comida fresca»
Rizek
Fotoperiodista gazatí
Conseguir agua potable se ha convertido en una tarea casi imposible. También acceder a medicamentos. En su informe del 3 de junio sobre la situación en los territorios palestinos ocupados, Naciones Unidas denunció «el fracaso sistemático de Israel a la hora de proteger a los civiles y los bienes civiles en su conducción de las hostilidades en Gaza». La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) sigue calificando la situación humanitaria de «catastrófica», especialmente en la ciudad de Gaza y sus alrededores, donde la intensidad de los ataques ha terminado por colapsar un sistema sanitario ya exhausto. El 84 % de los centros de salud están destruidos o dañados.
Los niños continúan siendo las principales víctimas. Según los últimos datos de Unicef, pese al alto el fuego un menor sigue muriendo cada día en Gaza y más de 400 han resultado heridos, muchos de ellos con lesiones gravísimas. Una realidad que el portavoz de la agencia, James Elder, resumía hace unos días con una frase tan sencilla como demoledora: «Debemos dejar de aceptar niveles de mortalidad infantil que provocarían indignación internacional en cualquier otra parte del mundo».
Una situación que no parece que vaya a mejorar ni a corto ni a largo plazo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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