Johan López | Foro Cívico, luces… ¿y sombras?

Por Johan López
Profesor de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Argentina
Primero que nada, lo confieso, me cuesta entender a los intelectuales y académicos que componen el Foro Cívico (FC). Entiendo que quieran tender puentes hacia la libertad. Lo que no entiendo es que, al parecer, transitan por una especie de amnesia selectiva. Hacen sus planteamientos y propuestas desde un terreno político que —tampoco lo entiendo— parece estar institucionalizado, como si quien dominara la escena gubernamental fuese un actor político republicano, digamos, normalito. Y no, enfáticamente no. El chavismo no es un movimiento político que se caracterice, precisamente, por su accionar republicano.
De acuerdo con lo anterior, me gustaría que desde el Foro Cívico realizaran una caracterización del chavismo. Que nos expliquen a los venezolanos en qué punto el chavismo es un Gobierno legítimo. Esa caracterización es fundamental para poder avanzar, si es eso lo que realmente se quiere, en un proceso de reconciliación democrática. Esa caracterización inevitablemente tiene que explicar el origen del Gobierno de Delcy, antes de Maduro. ¿O seguimos adelante sin esa necesaria y urgente caracterización?
Michael Penfold o Colette Capriles (muy activos con el Foro Cívico), de seguro, podrán aportar mucho en esa caracterización del chavismo gubernamental. Me gustaría que Colette nos indique cómo ha visto la evolución del chavismo veintidós años después de publicado su libro La revolución como espectáculo. En el libro de marras, la autora no se ahorraba calificativos en contra de un líder mesiánico como Chávez, a quien desde las primeras páginas lo equiparaba con un “pastor evangélico” por sus dotes carismáticas. La Colette de ese texto sobre el chavismo y su condición de “espectáculo” es muy distinta a la Colette de ahora, la del FC. Esta Colette está más contenida, algo más estratégica, acaso precavida, comprensiva.
Es interesante ver cómo Colette y otros del FC focalizan el debate público no en el chavismo como movimiento gubernamental que no quiere, bajo ningún concepto (prefirió los bombazos y que le extrajeran a su líder), soltar el poder político-gubernamental; que está dispuesto a quedarse en el Gobierno “como sea”. Así las cosas, algunas voces del FC se detienen en los juegos del discurso, en hacernos creer que el problema es, entre otras cosas, la “subida de tono” de ciertos actores opositores y que esto, según se aprecia en algunos forocivistas, los equipara con el chavismo.
No sé, pero me parece que el discurso de Mario Silva, Diosdado o Pedro Carreño en modo alguno se asemeja al de un político como Julio Borges o Henrique Capriles. Aun en el destemplado llamado de Capriles a “descargar la arrechera” en el fragor de un 2013 convulso —recordemos que existían dudas bien fundadas sobre el proceso electoral de ese año—, esa acción discursiva estaba a años luz de lo que algunos chavistas en la cúspide del poder expresan cotidianamente en medios privados y del Estado.
¿O nos olvidamos de las directas alusiones por parte de voceros del chavismo —Chávez y Maduro a la vanguardia— a “María Violencia”, “Capriloca”, “El Monstruo de Ramo Verde”, “La Sayona”? Pero no nos detengamos en el dicterio, en la violencia directa en el uso público del discurso por parte del propio Gobierno. Me gustaría ir más allá de la enunciación calumniosa y el vilipendio de matón de esquina. El chavismo se hizo de una plataforma propagandística sin precedentes en la historia política latinoamericana. Usó los recursos del Estado venezolano para asegurar altoparlantes mediáticos muy potentes; en su andanada mediático-propagandística e ideológica no dejó “ángulos muertos”, no hubo vacíos. De allí que Iván Abreu Sojo no dudó en señalar que con el chavismo entrábamos en una fase de propaganda total [1].
Pero los forocivistas como Mibelis Acevedo dicen cosas de este tenor: “Lo que diría Hannah Arendt de esta fruición por mantener el lenguaje de odio desde el resentimiento de la víctima. La dignidad y la justicia provienen de construir soluciones. No de destruir reputaciones para satisfacer instintos impotentes”. Acevedo centra su crítica en el lenguaje público no solo del chavismo, sino de los sectores opositores. Me cuesta seguir su lógica. Para ella, hay un goce, un placer (habla de fruición) en el uso del vituperio por parte (¿iguales?) del Gobierno y la oposición. Como si se tratasen de fuerzas desencontradas ubicadas en un orden equivalente en los usos de los registros maledicentes y las logísticas asociadas al poder.
Amigos del Foro Cívico, repitan conmigo: es artificial (y artificioso) querer posicionar la idea según la cual en Venezuela hay dos grupos polarizados que se disputan el poder y que, en apariencia, lo hacen desde una dinámica equivalencial (como si ambas facciones tuviesen el mismo “poder de combate”, la misma logística y los mismos medios). Querer posicionar esas especies es, cuando menos, de una ingenuidad terrible. Con los años uno se hace malpensado; el criterio se vuelve algo más suspicaz. Las tramposerías del chavismo nos han hecho ser más vigilantes, más aguzados en el juicio. No sé por qué el Foro Cívico anda en esas.
Ahora resulta que en los análisis y proyecciones del FC hay dos facciones políticas en disputa y —no faltaba más— ambas facciones son muy violentas e irrespetan los preceptos republicanos más elementales. No, no es así. A ese análisis le faltan patas. La mayoría del país sí está del lado de una facción político-partidaria: la representada por MCM. Mientras que la minoría enquistada a troche y moche en el poder no tiene reparos en aplastar a quienes le adversan. De tal manera que, para el Foro Cívico, propagar esos análisis así, sin más, queriendo dejar entrever que la disputa política se da entre iguales y no desde una brutal asimetría en el uso de los recursos del erario público en detrimento de quienes exigimos república es, a todas luces, música y elíxires para la facción política que no duda en aplicar la ley del mazo (dando).
Desde el Foro Cívico se habla de la instauración de un discurso violento que genera polarización política. No los puedo acompañar en ese tipo de planteamientos. Me interrogo: ¿En qué momento de nuestra historia política la TV venezolana ha tenido programas tan edificantes como “La Hojilla”, “El Mazo Dando”, “Zurda Konducta”, “Cantar de Gallos”, entre otros? ¿En qué momento de nuestra historia vimos a figuras mediáticas como Mario Silva, Carvajalino o Diosdado Cabello? ¿En qué momento de nuestra historia, pongamos por caso, Lusinchi o CAP lanzaban improperios, injurias o dicterios en cadena nacional en contra de sus adversarios políticos?
Mientras desde el FC hablan de una polarización que no es tal (no en tanto que el uso de los recursos del Estado o en el tenor de las descalificaciones sean similares), en Venezuela todavía hay cientos de presos políticos. No lo entiendo, en serio. Esta teoría de “los dos demonios” que dejan entrever desde el Foro Cívico termina por ser funcional a la facción que, en efecto, no tiene reparos en reprimir, encarcelar, torturar y expatriar a quienes se le oponen de forma cívica.
Tal vez un poco de absurdo nos permite desvelar ciertas intenciones, ver mejor las cosas: ¿Acaso las hordas de MCM terminaron por cercar y reducir una marcha oficialista? ¿Acaso la acción gubernamental de MCM y sus esbirros terminó enlutando a miles de hogares venezolanos? ¿Por qué el ensañamiento brutal del Gobierno de MCM en contra de los venezolanos, a tal punto de que más de 8 millones tuvieron que salir del país “como sea”? ¿Sí la ven? Digo esto desde la ironía y no dejo de sentir una profunda pena por Carmen Navas, mamá de Víctor Hugo Quero, muerto en las mazmorras del chavismo.
Las palabras violentas, como las que profiere el chavismo a cada rato en contra de quienes lo adversan, no parecen ser suficientes. Para el chavismo gubernamental, la aniquilación discursiva es más efectiva si va acompañada de la aniquilación física. Víctor Hugo Quero no murió a causa de un discurso destemplado y violento; ese discurso del chavismo es el síntoma del detritus, parte de un todo más complejo, mortalmente complejo.
Insisto: entiendo que desde el FC se quiere propiciar un ambiente de paz, concordia y esperanza. Pero luego de entender eso, surgen las preguntas lógicas: ¿Y Diosdado, Granko Arteaga, Mario Silva, El Aissami, Pedro Carreño, Luis Tascón, Carvajalino, Cadivi, Iris Varela, El Potro Álvarez, El Helicoide, el dólar rumbo a los 500, Cumaná sin agua desde hace más de setenta días, el precio de los productos por las nubes, la inexistencia de salarios en el sector público, la censura a los medios, la gasolina impagable, el “¡exprópiese!” de Chávez, entre otros desmanes?
Finalmente, y como saben, se han establecido ya 17 procesos de diálogos para tratar de avanzar y reinstitucionalizar el país. El chavismo ha sido sistemático y consistente en la ruptura de cada uno de esos espacios y los acuerdos que de allí se derivaron. Me interrogo sobre lo siguiente: ¿Sigue siendo el chavismo un sujeto político fiable, luego de todas las muestras de arbitrariedades exhibidas a sangre y fuego durante 27 años? El Foro Cívico le tira piedras a los aviones. Se empeña en no ver el elefante en la habitación. Esa “mirada distraída” y en exceso exegética descuida (¿descuida?) el centro del debate: el chavismo no quiere dejar el poder bajo ningún concepto; además, el traje de cordero no le va bien, no le calza por ningún lado. El guion es cubano; el chavismo es, junto con el orteguismo, su émulo más aventajado. Queda muy mal que haya movimientos y expresiones que, aun en sus buenas y nobles intenciones, arrimen agua a ese molino de destrucción irrepublicana que es el chavismo.
[1] En el volumen 17, N° 34 de la Revista Estudios Culturales de la Universidad de Carabobo abordamos el tema de la propagandización de la sociedad venezolana en tiempos de chavismo. Disponible en: https://servicio.bc.uc.edu.ve/multidisciplinarias/estudios_culturales/.
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