Saverio Vivas | ¿Junta de gobierno ya? ¡No lo sé, Rick!

Hace unas semanas, en ciertos sectores de la oposición venezolana se fabulaba con la idea de una «Junta de Gobierno» conformada por tecnócratas para asumir las riendas del país. De alguna manera, algunos concebían como posible que Trump se levantara de su siesta en Mar-a-Lago y anunciara que el triunvirato de Miraflores quedaba destituido para entregarle el poder a un grupo de funcionarios técnicos y especialistas, supuestamente alejados de la política polarizante.
Dejando a un lado la fantasía casi infantil de creer que Trump moverá un dedo para deshacerse de sus cómodos enemigos y colocar una junta de notables, existe un problema de fondo mucho más grave: creer que los tecnócratas no tienen ideología, que representan al país o que son lo que Venezuela necesita hoy.
Analicemos el asunto en detalle:
Supongamos que armamos una junta con técnicos de una acera: un economista que piense como Javier Milei, un abogado de línea dura como Abelardo de la Espriella, un gerente con la visión de Nayib Bukele y una figura nacionalista como Marine Le Pen. Estoy seguro de que harían un trabajo rápido y eficiente, porque coinciden en la raíz de su visión de mundo.
Ahora, imaginen el escenario contrario. Supongamos que los «tecnócratas» asignados son personas que piensan como Mario Silva, Jorge Rodríguez, Jesús Farías y Eduardo Piñate. El resultado sería un rápido paquete de medidas obreristas, control fiscal, enfoque en la eliminación de sanciones, retórica antiimperialista y defensa de la agenda progre. En la práctica, una continuación perfecta del modelo que nos trajo hasta aquí.
«Bueno, entonces que sea una junta plural», dirán algunos. Ok, imaginemos una junta de gobierno mixta, similar a la megacoalición que hoy encabeza María Corina Machado. El resultado sería la parálisis absoluta. Serían incapaces de tomar una sola medida económica o social de peso, porque ese equipo de técnicos jamás se pondría de acuerdo en el rumbo. Pasarían los meses discutiendo si el Estado debe ser grande, mediano o invisible.
En conclusión:
Podemos seguir soñando con una junta de gobierno plural que «una al país», pero a Venezuela no se la rescata únicamente con buenas intenciones. El país lleva décadas fracturado por la ideología que nos impusieron en esa Constitución que el infortunio bautizó con la tragedia de Vargas.
Si alguna vez prospera una junta de gobierno de transición, esta tiene que estar integrada por gente convencida de impulsar un nuevo modelo de desarrollo y libertad individual. Y ese modelo, inevitablemente, no le va a gustar a todo el mundo.
En mi caso, para no engañar a nadie, lo digo claro: en mi junta de gobierno ideal, prefiero mil veces a un tecnócrata que piense como Javier Milei que a uno que actúe como Jesús Farías.
Fuente de TenemosNoticias.com: puntodecorte.net
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