▷ #OPINIÓN Se Busca un Emprendedor – Jesús: El emprendedor más grande de la historia y el triunfo de la Resurrección #7Abr
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«Jesús fue el líder más grande de todos los tiempos. No por el poder que ejerció sobre los demás, sino por el poder que otorgó a los demás. Su resurrección no fue solo Su triunfo sobre la muerte, sino la garantía de que nosotros también podemos vencer cualquier obstáculo si lideramos con amor y servicio».
John C. Maxwell
John C. Maxwell, autor de innumerables libros de liderazgo y un profundo conocedor de las Escrituras, resume la capacidad de influencia de Jesús.
Maxwell nos recuerda que el verdadero liderazgo no se trata de títulos, sino de influencia, y nadie ha tenido más influencia que Aquel que estuvo dispuesto a morir por Sus «clientes» y resucitar para asegurarles un futuro.
Hoy, en nuestro cuaderno de reglas, hacemos una pausa sagrada para reflexionar sobre la figura que divide la historia en dos. Si hemos hablado de gratitud, tiempo, propósito y de poner a Dios en el centro, es imperativo analizar al modelo supremo: Jesús. Más allá de la religión, Jesús personifica las cualidades del emprendedor perfecto: visión, formación de equipos, sacrificio y la capacidad de convertir una derrota aparente en la victoria más grande de la eternidad a través de Su Resurrección.
Te pido que lleves estas palabras a tu cuaderno. Léelas cuando sientas que tu proyecto ha muerto o que no hay salida, y compártelas con tus socios y familia, porque en la Resurrección reside la esperanza de todo aquel que se atreve a soñar.
Desde una perspectiva de liderazgo, Jesús inició su ministerio con una visión clara: el Reino de Dios. Su mercado no era un nicho, sino la humanidad entera. Para lograrlo, no buscó a los expertos de la época en el Templo, sino que seleccionó a un equipo diverso de doce hombres ordinarios —pescadores, recaudadores de impuestos, escépticos— y los transformó en líderes extraordinarios.
Jesús entendía la escalabilidad. No buscaba hacer el trabajo solo; buscaba reproducir Su carácter y Su visión en otros. Les dio formación (educación continua), les dio autoridad y les encargó una misión que trascendía sus propias vidas. Hoy, miles de años después, esa organización que empezó con doce hombres en una provincia olvidada del Imperio Romano, cuenta con miles de millones de «seguidores». Ningún CEO en la historia ha logrado tal nivel de lealtad y expansión.
Jesús enseñó que para ser el primero, hay que ser el último. Redefinió el concepto de valor: el valor no está en lo que acumulas, sino en lo que sirves. Su «modelo de negocio» era el amor y la redención. Durante su vida, sanó enfermos, alimentó multitudes y desafió el status quo de las instituciones más poderosas de su tiempo.
Pero todo emprendimiento llega a un punto de crisis. Para Jesús, ese punto fue la Cruz. Desde el punto de vista del mundo, la crucifixión fue el fracaso absoluto. Su empresa parecía haber quebrado; Sus socios habían huido por miedo y el Líder había sido ejecutado. Sin embargo, lo que el mundo vio como un final, Dios lo tenía planeado como el lanzamiento definitivo.
La Resurrección de Jesús es el evento que valida todo Su mensaje. Es la prueba de que Su propósito (Regla #2) era invencible. Si Jesús no hubiera resucitado, Sus enseñanzas serían sólo buenos consejos morales; pero al vencer a la muerte, demostró que Su «producto» —la salvación y la vida eterna— era real y eterno.
Para el emprendedor, la resurrección es la lección de que ninguna caída es definitiva si caminas con Dios. Jesús sigue «emprendiendo» hoy a través de cada persona que decide vivir bajo Sus principios. Sigue transformando vidas, restaurando familias y levantando negocios que operan con integridad. Su presencia no es un recuerdo histórico, sino una fuerza viva que sigue guiando a quienes lo reconocen como el Centro de su Vida (Regla #1).
Definitivamente, hoy te invito a reflexionar: ¿Hay algo en tu vida o en tu negocio que sientes que ha muerto? ¿Un proyecto que fracasó? ¿Una relación rota? Ponlo en manos del Gran Emprendedor. La Resurrección nos enseña que Dios tiene el poder de sacar vida de las cenizas.
Jesús es el ejemplo de que el sacrificio tiene recompensa, que la humildad precede a la gloria y que, con fe, no hay tumba que pueda detener un propósito divino. Escribe hoy en tu cuaderno: «Mi socio es el Rey de Reyes; si Él venció a la muerte, yo puedo vencer cualquier desafío».
Lleva este mensaje de esperanza a tu hogar. Vive con la alegría de saber que servimos a un Dios vivo que sigue trabajando hoy, abriendo caminos donde no los hay y enderezando nuestras veredas cada vez que lo reconocemos. ¡Él ha resucitado y Su éxito es nuestra victoria! «La cruz fue la inversión; la resurrección es el dividendo eterno que nunca deja de crecer.»
Italo Olivo
www.iolivo.com
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