Breve historia de las vacunas y los antibióticos
Pocas personas saben, o se detienen a pensar, cómo era la vida antes de la invención de las vacunas, antibióticos y otros avances de la medicina. Antes del siglo XX no era raro ver mujeres que debían parir siete, ocho o más hijos para que sobrevivieran tan sólo uno o dos y alcanzaran la edad adulta.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la humanidad asiste a una colosal revolución de la medicina que ha derrotado a las más graves patologías, aquellas que habían tenido en jaque al mundo desde los más antiguos tiempos, abriéndose una inmensa puerta para la disminución de la mortandad.
Las bacterias fueron descubiertas en 1861, hace algo menos de 170 años, cuando Luis Pasteur realizaba experimentos sobre la fermentación. Fue cuando el químico y microbiólogo francés desveló accidentalmente la existencia de estos seres microscópicos, causantes de una gran cantidad de enfermedades.
A partir de entonces tomaría fuerza la bacteriología, que ya no tardaría en hacer formidables avances en beneficio de la humanidad. Antes de todo esto era mayor la posibilidad de morir de alguna leve infección, gripe u otra enfermedad que llegar a viejo.
Un apartado especial merece la historia de la tuberculosis.
El padecimiento más antiguo conocido, más mortal e irreductible de todos los tiempos es la tuberculosis o TBC. Ya Hipócrates hablaba de la physis, vocablo que luego derivó en tisis, “la enfermedad más frecuente de la época”. Galeno la definió como “ulceración de los pulmones, tórax o garganta, acompañado por tos, fiebre, y agotamiento del cuerpo por el pus”. Durante los siglos XVII y XVIII, 25 de cada cien adultos fallecía por causa de la “plaga blanca”, como también se lo llamó. Léase bien: uno de cada cuatro personas moría a causa de la tuberculosis.
El 24 de marzo de 1882, una noticia le dio la vuelta al mundo. Robert Koch anunciaba que ha descubierto la bacteria que produce la tuberculosis, el bacilo de Koch o Mycobacterium tuberculosis. En 1890, el propio Koch descubrió la tuberculina, un importante avance en el diagnóstico del mal.
En 1921, Albert Calmette y Camille Guérin, con increíble paciencia y dedicación, a partir de una cepa que sub cultivan cada tres semanas durante trece años y 231 pases, obtuvieron la BCG o vacuna contra la tuberculosis.
En enero de 1944, se produjo el tercer hito en el combate del milenario padecimiento: el microbiólogo Selman Abraham Waksman aísla la estreptomicina, antibiótico que resulta muy efectivo para combatir la tuberculosis. Waksman, además, es quien acuña la palabra antibiótico.
Otro aparte, esta vez para la poliomielitis o parálisis infantil.
Entre 1948 y 1955, antes de que hubiera una vacuna disponible contra la poliomielitis, se produjeron varias epidemias de esta enfermedad. Los daños en los niños eran horrorosos, puesto que deformaba los huesos de manera irreversible. La cuestión fue tan grave que se creó un estado de paranoia. Muchas personas evitaban las multitudes y encuentros públicos, debido a la preocupación por contagiarse. La situación fue tan grave que algunos padres y madres no permitían que sus niños jugaran con amigos nuevos y controlaban con frecuencia la presencia de síntomas.
Entre 1952 y 1955 el Dr. Jonás E. Salk y sus colegas desarrollaron una vacuna contra la poliomielitis. En 1955 la vacuna contra la parálisis infantil fue autorizada en los Estados Unidos. Antes de la vacuna, la enfermedad era una de las causas principales de discapacidad infantil. Durante el siglo XX se produjeron aproximadamente 16 000 casos anuales de poliomielitis.
En 1961 se produjo un nuevo hito en la lucha contra la poliomielitis. El Dr. Albert B. Sabin desarrolló una segunda vacuna que también recibió autorización en los Estados Unidos. En 1963, se autorizó una tercera vacuna. Estas vacunas han ayudado a controlar la trasmisión de la poliomielitis en países industrializados. Desde 1994 la poliomielitis se considera erradicada en Norteamérica y Sudamérica. Esto es una noticia maravillosa y proporciona un crédito irrefutable a la efectividad las vacunas y a las campañas de vacunación.
El SIDA
En 1981 aparece una nueva y compleja enfermedad, el SIDA, cuya principal característica es debilitar el sistema inmunológico de los infectados. Esto era una mala noticia, puesto que proporcionaba una condición ideal para el rebrote de enfermedades infecciosas que ya tenían sólidas probabilidades de erradicarse, entre ellas la tuberculosis… y entonces sucede lo inimaginable: el SIDA hace que el inmortal Mycobacterium tuberculosis sobreviva una vez más, además de complicarse su tratamiento, debido a que se requería de la combinación de varios medicamentos y de la exactitud horaria con la que deberían suministrarse.
Algo más de historia
A partir de la segunda mitad del siglo XIX se inicia la era de las vacunaciones. En menos de 120 años surgieron 24 vacunas. En promedio una cada cinco años. Entre 1879 y 1899 se desarrollaron las defensas contra el ántrax, la rabia, el tétanos, la difteria y la peste. En la primera mitad del siglo XX se crean las vacunas de tosferina, tuberculosis, fiebre amarilla, tifus y gripe. En la segunda mitad, la de poliomielitis, encefalitis japonesa, oral para la poliomielitis, sarampión, paperas, rubeola, varicela, neumonía, meningitis, hepatitis B, haemophilus influenzae, hepatitis A y enfermedad de Lyme.
Mucho más atrás todavía.
Antes del descubrimiento de Pasteur, ya en 1796 Edward Jenner había llevado a efecto su célebre experimento con linfa de “viruela vacuna”, para combatir la viruela. Es una interesante historia que hunde sus raíces en las milenarias China e India, hace 2500 años. Obviamente la palabra vacuna se deriva de vaca, por tener este rumiante un papel central en aquellas primigenias experimentaciones.
Nacen los antibióticos
En la década de 1940, Fleming aísla la sustancia clave de la inhibición bacteriana y la denomina penicilina, que demuestra ser exitosa en el tratamiento de males milenarios, como la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual, así como también contra la neumonía, la difteria, la fiebre recurrente y muchos otros síndromes de origen bacteriano, iniciándose así la era de los antibióticos.
También es de destacar la creación de los hospitales, las anestesias, la higiene en los partos, los rayos X, la información pública, la profilaxis, la farmacopea, las especializaciones, las nuevas técnicas de cirugía y traumatología, el psicoanálisis, los sofisticados equipos e instrumentos de diagnosis y tratamiento, las vitaminas, el desentrañamiento del ADN, la medicina preventiva, la lucha anti epidemiológica, las técnicas de células madre y muchos otros avances, en las más intensas batallas libradas contra los enemigos de la salud humana.
Todos estos factores, cada vacuna, cada antibiótico y cada tecnología médica, ha contribuido a evitar muertes prematuras. Las diferentes vacunas se han aplicado a cientos de millones de personas en todo el mundo, léase bien, cientos de millones. En cuanto al combate del COVID-19, que tantas polémicas ha levantado, no se han reportado porcentajes importantes de efectos secundarios o contagios posteriores a las vacunaciones.
Por último, deberíamos rendir homenaje “a ese ejército de científicos que dedicaron sus vidas a proporcionar una mejor calidad de vida a la humanidad y aumentar las expectativas de vida”.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.analitica.com
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