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Opinión

David Morán Bohórquez: No le pidan a la FANB lo que no puede dar

📅 🕐 hace 5 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
David Morán Bohórquez: No le pidan a la FANB lo que no puede dar
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Vargas 1999 | Tropa militar en labores de rescate | archivo

 

La tragedia del 24 de junio (El “terremotazo” para su registro histórico) ha revelado una realidad más profunda que el daño sísmico: el colapso de la capacidad operativa del Estado. Mientras el clamor nacional busca auxilio en la Fuerza Armada, la realidad técnica demuestra que una institución es más que su organigrama. Hoy, la FANB no es que no quiera responder; es que, tras años de erosión sistemática, simplemente ya no puede hacerlo. Es momento de hablar con claridad y con rigor: no le pidamos a la FANB lo que hoy no puede dar.

El contraste con la memoria institucional

Muchos venezolanos recuerdan la actuación de la Fuerza Armada durante la tragedia de Vargas de 1999. Aquella institución desempeñó un papel determinante en la apertura de vías, la construcción de puentes provisionales, el despliegue de maquinaria pesada y la recuperación de servicios esenciales.

Escribo con propiedad. Participé activamente en un grupo mixto de ingenieros del Colegio de Ingenieros de Venezuela e ingenieros militares. Fuimos la avanzada organizada que llegó al sitio de la tragedia. Llegamos en un camión táctico del ejército 6×6 tipo pickup enorme, y en la parte de atrás, con una cubierta de lona, nos acomodábamos ingenieros militares, nosotros, y soldados. Partíamos a las 5 am de la sede del Colegio de Ingenieros en Caracas y llegábamos de retorno a la 9 0 10 pm. Así lo hicimos durante un mes y medio. En el terreno ví sus equipos, su organización, sus capacidades y liderazgo. Tiempo después, la directiva del Colegio de Ingenieros nos reconoció el aporte con un sencillo Diploma al Mérito y un pin, que atesoro con mucho aprecio y orgullo.

Sigamos…

Detrás de esas acciones había muy poca improvisación. Existía una capacidad institucional construida durante décadas mediante entrenamiento permanente, doctrina de ingeniería, mantenimiento de equipos, logística suficiente y personal especializado.

Ese legado permanece hoy, al menos en el plano organizativo, en la 61.ª Brigada de Ingenieros «General de Brigada Agustín Codazzi», heredera del antiguo 61.º Regimiento de Ingenieros. Pero la continuidad de una unidad en los organigramas no significa necesariamente que conserve las capacidades que alguna vez tuvo. Durante años, la institución ha experimentado un progresivo deterioro de sus capacidades técnicas.

La ingeniería militar —como otras áreas altamente especializadas— requiere inversión continua, renovación de equipos, mantenimiento, entrenamiento y estabilidad del recurso humano. Cuando esos elementos dejan de ser una prioridad, la capacidad operativa comienza a erosionarse, aunque los cuarteles, los uniformes y la estructura administrativa permanezcan de alguna manera,

La diferencia entre existir y tener capacidad

Como ingeniero industrial aprendí que una organización no debe evaluarse únicamente por su estructura, sino por su capacidad efectiva para cumplir la misión para la cual fue creada.

Una fábrica puede conservar sus edificios, sus oficinas y su organigrama. Sin embargo, si sus máquinas están fuera de servicio, carece de repuestos, perdió a sus técnicos especializados y dejó de realizar mantenimiento preventivo, esa fábrica ha perdido su capacidad de producir, aunque formalmente siga existiendo. Con las instituciones ocurre exactamente lo mismo.

La ingeniería militar no se improvisa cuando ocurre una tragedia. La capacidad para remover miles de toneladas de escombros, instalar puentes de emergencia, restablecer carreteras o movilizar grandes volúmenes de maquinaria es el resultado de años de preparación. Requiere potencia: requiere operadores entrenados, ingenieros especializados, mecánicos, equipos disponibles, combustible, repuestos, comunicaciones y una logística que funcione bajo presión. Nada de eso puede reconstruirse mediante una orden emitida el día después del desastre.

Una capacidad que se degrada desde adentro

La capacidad de una unidad de ingenieros militares no depende únicamente de excavadoras, grúas o puentes móviles. Depende, sobre todo, de las personas que saben utilizarlos y de la organización que las convierte en un equipo capaz de actuar bajo presión.

Un oficial ingeniero requiere años de formación técnica y experiencia operativa. Esa inversión solo se sostiene si la institución logra retener a sus mejores profesionales. Cuando los salarios dejan de ofrecer condiciones de vida dignas, muchos oficiales altamente capacitados enfrentan la disyuntiva de abandonar la institución o migrar hacia actividades civiles donde su conocimiento es mejor remunerado. El resultado es la pérdida de capital humano que no puede ser reemplazado, menos instatáneamente.

Lo mismo ocurre con la tropa profesional. Operar maquinaria pesada, construir puentes tácticos o ejecutar operaciones de rescate exige entrenamiento continuo, disciplina y práctica permanente. A ello se suma el elemento más crítico de cualquier sistema complejo: el liderazgo. Ninguna organización técnica funciona sin una cadena de mando que priorice la planificación, el mérito profesional, la preparación operativa y la toma oportuna de decisiones.

Cuando el liderazgo deja de estar orientado al desarrollo de capacidades institucionales, el sistema comienza a degradarse incluso si conserva su estructura formal. En ingeniería industrial existe un principio esencial: un sistema es tan fuerte como su componente más débil.

Error de diagnóstico

Por ello, centrar el debate únicamente en la ausencia de la FANB conduce a un diagnóstico incompleto y erróneo. No se trata solo de preguntar por qué la institución no ha respondido de la manera que muchos esperan. La pregunta de fondo es si todavía conserva las capacidades necesarias para hacerlo.

Cuando numerosos ciudadanos exigen el despliegue masivo de unidades de ingenieros militares, en realidad están apelando a la memoria de una institución que alguna vez existió. Pero las capacidades institucionales pueden perderse mucho antes de que desaparezcan los nombres de las unidades. Las organizaciones complejas no colapsan de un día para otro. Primero se deterioran silenciosamente: se reduce el entrenamiento, se posterga el mantenimiento, se pierde personal experimentado y se envejecen los equipos. Solo en una crisis de gran magnitud se hace visible el alcance real de esa erosión.

La verdadera lección

Los terremotos no solo ponen a prueba la resistencia de los edificios. También ponen a prueba la fortaleza de las instituciones.

La tragedia del 24 de junio nos deja una enseñanza que trasciende el momento. Reconstruir viviendas, hospitales y carreteras será indispensable, pero también lo será reconstruir las capacidades del Estado para proteger a sus ciudadanos cuando ocurren emergencias.

No se trata de señalar a quienes hoy visten el uniforme. Los hombres y mujeres de la Fuerza Armada solo pueden actuar con los recursos, el entrenamiento y las capacidades que la institución ha logrado preservar. Ningún profesional, por comprometido que esté, puede sustituir una capacidad institucional que se ha erosionado.

Hoy, bajo los escombros, no solo contamos víctimas. También queda expuesto el deterioro de una capacidad institucional construida durante décadas que ya no está. Reconstruir esa capacidad tomará años, porque las instituciones, al igual que los puentes que levantan sus ingenieros, solo sostienen cargas grandes cuando tienen buenas fundaciones. Y esto -lean bien- sí es un hecho político

Escribo con la memoría de aquellos oficiales ingenieros y colegas del CIV con los que compartimos nuestros mejores efuerzos por salvar vidas de venezolanos.

A ellos, donde quiera que se encuentren, mis respetos.

David Morán Bohórquez | Ingeniero Industrial CIV No. 45.191

X: @morandavid

 

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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