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Opinión

El Destino sellado del poder al margen de la Constitución

📅 🕐 17 Jul 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 10 min de lectura
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Estamos conscientes de que, tanto en Venezuela como más allá de sus fronteras, lo que aquí diremos todo el mundo lo sabe muy bien y lo tiene siempre presente; pero también estamos claros en que, como expresión estratégica necesaria, la persistencia en el relato de la realidad política del país, para mantenerlo vivo y latente, es un valor al que no debemos renunciar.

Por ello, a pocos días de cumplirse un año de la histórica y gloriosa victoria electoral de la oposición democrática venezolana sobre la dictadura castro-chavista en la Elección Presidencial del 28 de julio de 2024, los factores que hicimos posible esa memorable gesta tenemos la obligación de recordarla con emoción, y de hacer un objetivo recuento mínimo de los más significativos pormenores que le conciernen.

En ese sentido, debemos acotar que la historia reciente no marca una simple continuidad del régimen, sino una mutación de lo político hacia lo simbólico y fácticamente totalitario. Y que el destino de Venezuela comenzó a sellarse cuando el poder “revolucionario”, el cual alguna vez simuló jugar a la democracia, dejó de fingirse representativo para convertirse arbitraria y criminalmente en amo del país y señor del tiempo y del relato. Es una historia larga que, por harto conocida, en esta oportunidad no la vamos a referir de manera pormenorizada, sino muy sucintamente.

Es necesario, sin embargo, traer a cuento que, durante más de un cuarto de siglo, el castro-chavismo se dedicó a diseñar y a montar, astuta y sistemáticamente, una estructura de poder que no descansa en el consentimiento popular, sino en el abusivo y criminal control de las instituciones. Fue así como la voluntad del pueblo se fue convirtiendo en un espejismo administrado a capricho desde el aparato estatal, donde cada voto es una cifra que puede ser domesticada, reinterpretada o, simplemente, suprimida.

Así pretendieron que fueran las cosas a propósito de la Elección Presidencial. Como fue público y notorio, la Venezuela democrática, con el anhelo de una transición legítima y pacífica acudió a los centros electorales entusiasta, decidida y esperanzada como nunca antes. El régimen dictatorial, sin embargo, sabiéndose anticipadamente derrotado, estaba listo para consumar su nefasto ritual: un descarado fraude electoral y constitucional que no necesitó sutilezas, porque prescindió en absoluto de la vergüenza, para derivar abiertamente en un crimen electoral, constitucional, moral e histórico-político sin precedentes en el país.

Edmundo González Urrutia, el candidato de la Unidad Democrática, obtuvo más de SIETE MILLONES DE VOTOS (exactamente 7. 443,584, para casi un 68%, números que pudieron ser superados, dado que solo se contabilizaron el 85% de las actas), frente a los tres millones y algo más de Nicolás Maduro (para un 30.49%), pero, en lugar de mostrar las actas que validaban los resultados y que confirmarían la inequívoca y gigantesca victoria de la oposición democrática, se obligó al patético pelele que hace de presidente del CNE a leer en una servilleta unas cifras inventadas desde el desespero, que, por supuesto, daban ganador a Nicolás Maduro, el candidato apabullantemente derrotado por el valiente y determinante sufragio del pueblo venezolano.

El descomunal fraude no fue solo un número falsificado en una servilleta y en una pantalla: encarnó una serie de coacciones, silencios y otras insólitas formas de abuso de poder y de violencia criminal. Antes y después de la consumación del mismo, se utilizaron programas sociales como los CLAP y las pensiones para chantajear voluntades. Entre otras muchas irregularidades, se activó la amenaza y el terrorismo laboral, y actores armados, como el ELN, los colectivos y los propios cuerpos represivos del gobierno, amedrentaron sistemáticamente a los votantes en todo el territorio nacional. Se prohibieron observadores independientes y se reprimió con saña a quienes reclamaban, protestaban y exigían transparencia.

Hacen ya más de 6 meses del ominoso 10 de enero de 2025, cuando, a espaldas de los venezolanos y del mundo, y casi en las sombras, el oficialismo y sus instituciones envilecidas juramentaron al sátrapa Nicolás Maduro en una ceremonia carente en absoluto de legitimidad constitucional. No había mandato popular que así lo dispusiera. No habían ganado nada. Fue solo un acto que, burlona y criminalmente, pretendió sellar el destino del país con tinta falsa al consumar desvergonzadamente una posesión fraudulenta del poder.

Más de 1.600 detenciones siguieron al acto “oficial” de arrebato y usurpación. El destino del chavismo se hizo explícito: mantenerse en el poder, aun habiendo perdido inequívoca y escandalosamente esa importante consulta popular. Su tiempo, sin embargo, ya no depende del reloj de la democracia, sino del pulso de su propio miedo, porque son demasiados sus delitos y demasiadas las cuentas pendientes con Venezuela y la Humanidad. Y ellos lo saben.

Sobre la marcha, a principios de 2025, el régimen usurpador chavista, sin autoridad ni política ni moral, dada su patente ilegitimidad, organizó unas elecciones regionales y legislativas, por supuesto que como una extensión más de sus estrategias de control total del poder. Antes y después de ese írrito proceso, más de 70 opositores, activistas y periodistas fueron acusados de conspiración y otros delitos sin que hubiera pruebas contra ellos. Todos permanecen aún secuestrados, incomunicados y, como el resto de los presos políticos –casi 900, entre civiles y militares–, sin asistencia jurídica alguna, vale decir, en estado de indefensión absoluta.

Lo más notorio de esa farsa comicial fue el abrumador ausentismo en los centros, dado que el pueblo venezolano, atendiendo al llamado de María Corina Machado y otros líderes opositores, se abstuvo dignamente de participar y de convalidarles la bufonada. El régimen, falsificando los números reales, como siempre lo ha hecho, anunció que hubo una participación del 42% del electorado, pero la verdad verdadera, constatada de infinidad de maneras, fue que los votantes no llegaron ni al 10%. Con todo bajo el control del tramposo CNE chavista, este anunció “resultados irreversibles con el 93% de las mesas escrutadas” (pero, lo mismo que en la Elección Presidencial, sin publicar en ningún momento las actas desglosadas) y proclamó al chavismo ganador en 23 de 24 regiones, incluyendo la Guayana Esequiba (¿?). De la misma manera se adjudicaron la mayoría de los escaños legislativos en la Asamblea Nacional y en las asambleas regionales.

Más que triste, por cierto, fue cómo, mientras la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), junto a María Corina Machado y nuestro partido Vente Venezuela se pronunciaban por el boicot, varios dirigentes opositores como Henrique Capriles, Manuel Rosales, Tomás Guanipa, Stalin González, Henry Falcón, Claudio Fermín, Luis Eduardo Martínez y Juan Requesens, entre otros, devenidos en colaboracionistas y “normalizadores”, decidieron participar, defendiendo la concurrencia al ignominioso evento como un “ejercicio de dignidad y resistencia”, si bien lo que hicieron fue apostar a “pasar la página” del 28J, tratar de conferirle legitimidad al írrito proceso y reconocer con ello al régimen usurpador. También trataron de justificarse con que fue “una forma de canalizar el descontento y de recuperar espacios”, pero la patética verdad es que salieron “con las tablas en la cabeza”, porque los resultados que obtuvieron fueron más que marginales.

En su desespero, y después de esa paliza política, moral y electoral que le dio el pueblo venezolano, la dictadura castro-chavista, adelantando inconstitucionalmente un proceso que estaba previsto para diciembre, ha montado otra parodia electoral: las elecciones municipales, las cuales serán el próximo domingo 27 de julio. Se elegirán 335 alcaldes o alcaldesas y 2.471 concejales, cargos que, con toda seguridad, aunque probablemente habrá una abstención mayor que la del evento anterior, serán todos para ellos. Los falsos opositores y los “alacranes” que los acompañen en tal simulacro, masoquistas e indignos a más no poder (o acaso generosamente compensados) volverán a ser apaleados y humillados, que bien se lo merecen.

Ante ese cuadro de indecencia político-electoral, la oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, no se ha conformado con denunciar el fraude y las subsecuentes farsas comiciales: los enfrenta con una firme voluntad de resistencia y lucha, y con una promesa de futuro clara y contundente. Nuestros líderes están convencidos –y así lo han manifestado una y otra vez en diversidad de foros y otros espacios– de que el régimen usurpador se desgasta exponencialmente rumbo al colapso, y que la salida del dictador Maduro de Miraflores es inminente, con o sin negociación.

María Corina, quien, desde su dura y heroica clandestinidad, que ya va para un año, no deja de elevar la voz que confirma su vívida e inspiradora presencia, ni de alentar con objetividad la esperanza, tampoco se cansa de ofrecer pruebas de que el gobierno de Maduro se sostiene sobre la base de redes criminales nacionales e internacionales, del financiamiento ilícito y de la estructura represiva organizada y dirigida por Diosdado Cabello. Que la economía está en el suelo, que los aliados internacionales del régimen castro-chavista se han ido distanciando poco a poco, y que no pocos cuadros militares y policiales, incluyendo a algunos de los comprometidos con la “revolución”, empiezan a quebrarse. “Este régimen es insostenible en todos los planos”, ha dicho ella con la firmeza y la lucidez que caracterizan su liderazgo político, moral y espiritual.

Edmundo González, por su parte, ha reafirmado que el mandato popular del 28 de julio de 2024 permanece más vigente que nunca, y que nada de lo que intenten Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y su criminal aparato pseudo institucional, podrá extinguirlo. La resistencia ciudadana, si bien ausente de la calle (por ahora, ya se sabe por qué), no deja de organizarse y de trabajar desde los diferentes espacios aún posibles, con la cohesión necesaria que permite presionar al poder desde dentro y desde fuera. “Estamos cerca del cambio que anhelamos”, ha asegurado una y otra vez en estos días el presidente electo, y Venezuela toda cree en sus palabras de aliento y esperanza.

Hoy, cuando se aproxima la conmemoración del Primer Aniversario de la Victoria del 28J, quienes, tanto dentro como fuera del país, formamos parte del partido VENTE Venezuela al lado de María Corina, incondicionales con ella, con nuestro presidente constitucional, con la causa por la libertad y con Venezuela, les prometemos a los venezolanos –a los que permanecen en el territorio nacional y a los que, como nosotros, padecen la diáspora desperdigados por el mundo–, que mantendremos con firmeza nuestra posición de resistencia activa y de lucha incansable contra el nefasto régimen que usurpa el poder.

Y también les prometemos, haciendo buenas las palabras de nuestros líderes, que más pronto de lo que pudiera suponerse, defenestrada la oprobiosa dictadura castro-chavista y neocomunista, serán restituidas la Libertad y la Democracia; que serán restauradas la Constitución Nacional, las instituciones del Estado y el sistema de Justicia; que retornará el progreso y volveremos a vivir, como lo merecemos, en bienestar y en sana, larga y duradera paz.

Por Venezuela y por los venezolanos, seguiremos resistiendo y luchando incansablemente HASTA EL FINAL.

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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