El preludio de una tormenta anunciada: Venezuela ante la amenaza de una incursión norteamericana, por Alfonzo Bolívar
Lapatilla

La nueva escalada entre Washington y Caracas, detonada por la advertencia directa del presidente Donald Trump contra el denominado Cartel de los Soles y las estructuras criminales enquistadas en el Estado venezolano, marca un punto de inflexión inevitable en la crisis más prolongada de la historia republicana contemporánea. Lo ocurrido en los últimos días no solo expone el agotamiento absoluto del modelo chavista, sino también la peligrosa degradación de las instituciones militares y policiales de Venezuela.
Después de más de trece años de acuerdos incumplidos por parte del régimen de Nicolás Maduro acuerdos firmados ante mediadores internacionales, gobiernos aliados, organismos multilaterales y hasta negociadores estadounidenses—, la respuesta oficial a la advertencia de Washington fue una burla abierta: un acto público donde Maduro, como si se tratara de un espectáculo de variedades, decidió bailar frente a sus seguidores. Ese gesto, más allá de lo anecdótico, revela una profunda desconexión con la realidad y una alarmante irresponsabilidad frente a un escenario que podría desembocar en una confrontación de consecuencias incalculables para el país.
Las Fuerzas Armadas: de garantes de la soberanía a cómplices del deterioro
En lugar de actuar como un factor de equilibrio y contención, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y los cuerpos policiales han preferido someterse a la lógica del poder revolucionario. Por acción u omisión, han permitido que el territorio nacional sea utilizado durante décadas para operaciones de narcotráfico, presencia de grupos irregulares, contrabando de minerales y actividades ilícitas que han convertido a Venezuela en un componente central de la geopolítica del crimen organizado.
La advertencia de Washington no surge del vacío. Surge de investigaciones de largo aliento, acusaciones formales, recompensas ofrecidas por agencias federales y un volumen masivo de evidencia que vincula a altos mandos militares y civiles con estructuras criminales transnacionales. Sin embargo, las instituciones internas escogieron no corregir el rumbo. Prefirieron el silencio, la complicidad y la subordinación ideológica.
Hoy, frente a la posibilidad de una incursión militar norteamericana sea focalizada, quirúrgica o de presión estratégica, será imposible negar que la responsabilidad de cualquier caos recaerá directamente sobre las autoridades venezolanas que permitieron que esta situación llegara al límite.
La decadencia del Socialismo del Siglo XXI
El riesgo actual no es un accidente. Es la consecuencia lógica de 26 años de desinstitucionalización, corrupción sistémica y militarización partidista. El llamado “Socialismo del Siglo XXI” no solo destruyó la economía, la producción, la capacidad industrial y la vida cotidiana del venezolano; también quebró la estructura ética, profesional y operativa de las Fuerzas Armadas.
La conversión de Venezuela en un narco-Estado no ocurrió de la noche a la mañana. Fue un proceso deliberado, progresivo, sostenido y cuidadosamente tolerado por quienes tenían la obligación constitucional de detenerlo.
Esa decadencia dejó a un país sin defensas reales, sin capacidad estratégica y sin liderazgo militar auténtico. La posibilidad de conflictos internos, operaciones unilaterales o enfrentamientos asimétricos sería el síntoma final de esa enfermedad institucional.
La responsabilidad histórica que nadie podrá evadir
Si se produjera una intervención norteamericana total o limitada, la historia será implacable. No juzgará al país como víctima, sino como rehén de una élite que prefirió enriquecerse y aferrarse al poder antes que garantizar la estabilidad y la seguridad nacional.
La Fuerza Armada, diseñada constitucionalmente para proteger al pueblo y al territorio, será vista como el actor clave que permitió, por cobardía o conveniencia, que el país se hundiera en redes criminales. Igual juicio recaerá sobre los cuerpos policiales, hoy fragmentados, politizados y penetrados por mafias internas.
La advertencia norteamericana no es el origen del problema: es la consecuencia de un Estado colapsado.
El tiempo se acabó
Venezuela se encuentra en el borde de un precipicio geopolítico. La combinación de un régimen acorralado, instituciones militares deterioradas, alianzas con organizaciones criminales y un gobierno estadounidense decidido a actuar configura un escenario peligroso e impredecible.
Si el caos estalla, no será producto de una acción externa, sino del abandono de deberes internos durante más de un cuarto de siglo.
El país necesita liderazgo, claridad y responsabilidad. Pero esos valores no existen hoy en el poder. Por eso, la historia está a punto de escribir un capítulo que pudo evitarse, y cuyo peso recaerá sobre quienes traicionaron a la República, a la Constitución y al pueblo venezolano.
Dr. Alfonzo Bolívar
Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com
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