México 2026: la tormenta económica que se avecina, por Alfonzo Bolívar

El presupuesto aprobado por el Congreso mexicano para 2026 más de 10 billones de pesos refleja un aparente impulso expansivo y socialmente “humanista”, pero al analizarlo con rigor técnico, revela una serie de tensiones estructurales que podrían conducir a un deterioro progresivo de la economía mexicana en los próximos años.
Aunque el gobierno proyecta crecimiento, estabilidad fiscal y fortalecimiento de programas sociales, las señales macroeconómicas indican un escenario más complejo: presiones inflacionarias, aumento del gasto público sin un correlato de productividad, y una política fiscal que podría asfixiar al sector privado. México parece dirigirse hacia un modelo de economía semi-estatizada con tintes ideológicos más que pragmáticos.
Un presupuesto de expansión sin productividad
El gasto público para 2026 crece un 5.9 % real, pero la composición de ese gasto es lo que preocupa.
Mientras se fortalecen los programas asistenciales, la inversión en innovación, seguridad y desarrollo productivo se mantiene estancada o sufre recortes.
El énfasis social del paquete económico —destinado a sostener subsidios y apoyos directos— puede brindar alivio temporal, pero no genera motores sostenibles de crecimiento.
En otras palabras, se gasta más, pero se produce menos.
El resultado probable: más consumo artificial y menos productividad real, una receta clásica para la inflación y el deterioro fiscal.
Recaudación, aranceles y la ilusión del ingreso fácil
El gobierno planea cubrir este gasto mediante tres vías: mayor recaudación interna, endeudamiento moderado y nuevos aranceles a importaciones, especialmente provenientes de China.
Sin embargo, la realidad es que estos mecanismos tienen costos colaterales:
Los aranceles, aunque suenen patrióticos encarecerán bienes esenciales, desde autopartes hasta tecnología, elevando costos logísticos e industriales.
Y el endeudamiento público, aunque “moderado”, ya ronda el 4 % del PIB, una cifra que no garantiza sostenibilidad en caso de desaceleración.
Paradójicamente, México intenta financiar un modelo expansivo mientras reduce los márgenes de competitividad de su propia economía.
Inflación, inseguridad y la erosión del tejido empresarial
La inflación, que el gobierno intenta contener por debajo del 5 %, podría reactivarse con fuerza si los aranceles se aplican masivamente.
Al mismo tiempo, la inseguridad que erosiona el costo de hacer negocios encarece los seguros, la logística y la operación industrial actúa como un impuesto oculto que ya representa varios puntos del PIB.
En el terreno, miles de pequeñas y medianas empresas mexicanas están absorbiendo la doble carga: fiscal y criminal.
Y cuando la rentabilidad cae y la presión tributaria sube, la reacción natural del mercado es reducir inversión, informalizar o emigrar.
El riesgo político e ideológico
El actual modelo de política económica mexicana se orienta cada vez más hacia un esquema de control estatal con fuerte retórica redistributiva.
El debilitamiento de órganos autónomos, los recortes a supervisores y reguladores, y el énfasis en programas clientelares reflejan una deriva ideológica que podría limitar la independencia institucional y la confianza del inversionista extranjero.
México, que alguna vez fue un socio natural para la relocalización de cadenas de suministro (“nearshoring”), podría desperdiciar una oportunidad histórica si continúa enviando señales de incertidumbre jurídica y política.
Efectos colaterales: la nueva ola migratoria
Si el crecimiento se desacelera, la inflación se mantiene alta, la inseguridad crece y los incentivos para producir disminuyen, el desenlace es predecible: una nueva ola de emigración hacia Estados Unidos.
Esta vez no solo serían trabajadores agrícolas o informales; también podrían migrar técnicos, empresarios, profesionales y emprendedores que vean en el norte una oportunidad para preservar su capital y seguridad.
La economía mexicana, en ese caso, enfrentaría no solo fuga de capital, sino también fuga de talento.
Conclusión: entre la ilusión y la advertencia
El Presupuesto 2026 no es solo una hoja de cálculo; es un espejo ideológico de lo que el poder concibe como “modelo de país”.
Un modelo que, si no se corrige, puede transformar a México de potencia emergente a economía de contención social, atrapada entre la inflación, la inseguridad y la desconfianza.
La pregunta es si el país elegirá corregir el rumbo apostando por productividad, seguridad jurídica e incentivos a la inversión o persistirá en la tentación populista de gastar más y producir menos.
La historia latinoamericana ya ha mostrado, muchas veces, cuál suele ser el desenlace de ese camino.
Dr. Alfonzo Bolívar
Analista geoeconómico y especialista en mercados internacionales
Miami noviembre 2025
Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com
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