Un plan para Venezuela III | El encaje y sus problemas

Recuerdo que, cuando estudié, algún que otro profesor se refería al encaje como la garantía de los depósitos, e incluso cuando trabajé en el Banco Central oí con frecuencia esa expresión entre mis colegas. Pues no: el encaje es el mecanismo que favorece o complica la actividad crediticia de los banqueros. Así lo era en la época de la banca libre, como lo es en estos tiempos de bancos centrales.
La protección de los depósitos parte, en primer lugar, de la buena gestión del banquero, quien conoce a sus clientes y presta a quienes van a devolver el dinero; si no lo hace así, los depositantes son los primeros perjudicados.
A quienes creen que la banca central los protege, les informo que esa protección tiene un costo, y se paga en cruel inflación, como lo vimos en Venezuela durante la crisis financiera. De hecho, la crisis tiene su origen en la intervención del banco central, y los efectos del rescate constituyen también un pasivo derivado de contar con esa institución. De ahí la conveniencia de optar por la dolarización o, en su defecto, por un banco central que funcione como caja de conversión.
Venezuela y sus treinta años de encaje inestable
En Venezuela, el porcentaje de encaje se ha modificado con excesiva frecuencia durante más de treinta años. En aquel entonces existía un encaje para los depósitos a la vista, otro para los de ahorro y otro para los depósitos a plazo. Al salir del control de cambios de 1983 e iniciarse el segundo gobierno de Pérez en 1989, todos los encajes se homologaron en 15 %. Allí también se libró una discusión agria sobre la liberación de tasas, que concluyó en una regulación a medias por parte del banco central, con tasas colocadas en niveles extremos que terminaron forzando una liberación de hecho de las tasas de interés. Luego volvieron a modificarse a finales de 1991.
El experimento del encaje marginal y sus consecuencias
Durante el gobierno de Chávez hubo una pequeña reducción del porcentaje en 2002, pero tres años después de establecido el último control de cambios, en 2006 se creó la modalidad de encaje marginal, que se prolongó hasta 2020 y marcó un período de casi dos años con un encaje del 100 %.
Hay economistas que abogan por ese porcentaje en la creencia de que eso evita la inflación y las crisis; pues bien, ahí tienen un caso de estudio: el encaje del 100 % no acaba con la inflación, es antinatural y antiliberal. Un liberal no puede restringir a nadie la realización de negocios, y menos aún si estos no afectan a terceros ni constituyen delito; eso va contra los principios.
Una reducción tímida y a cuentagotas
En abril de 2020 se redujo tímidamente a 93 % y se siguió experimentando hiperinflación. En enero de 2021 se disminuyó a 85 % y en febrero de 2022 se fijó en 73 %, en paralelo a un encaje especial del 40 % para los bancos microfinancieros y los bancos de desarrollo. Con cada reducción del encaje se abrigaba la esperanza de nuevas bajas, pero no: se quedó ahí, en 73 %.
Qué significa prestar solo el 27 % de los depósitos
¿Qué significa un encaje de 73 %? Que el banquero puede prestar únicamente el 27 % del dinero que le depositan. Con esa proporción, es casi imposible que se produzca una reactivación de la economía. El comercio y la construcción —sectores dinamizadores de la actividad económica— no pueden funcionar sin el lubricante del crédito de corto plazo.
La venta de inmuebles es otro asunto: requiere estabilidad monetaria (de ahí la ventaja de dolarizar) y, posteriormente, una modificación de la ley de bancos, pues en buena ley debe haber entidades especializadas en banca hipotecaria que emitan cédulas de largo plazo para financiar los créditos hipotecarios. La promoción de inmuebles sí es un negocio de corto plazo, que es el horizonte natural de los bancos.
El camino: reducir el encaje para reactivar la economía
Por lo pronto, es preciso reducir de manera significativa el encaje para que los bancos puedan cumplir su función en la economía: financiar los negocios y poner los mecanismos de crédito al alcance de quienes los necesitan.
Además, un porcentaje bajo de encaje favorece una política de diferenciales de tasas menores, lo que se traduce en tasas activas más bajas y tasas pasivas acordes, lo que a su vez impulsaría la reactivación del consumo, del crédito y de la actividad económica en general. A la espera de cambios más profundos.
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En la sección: Opinión archivos – Runrun.es: En defensa de tus derechos humanos
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