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Opinión

Venezuela: ¿Democracia iliberal o Dictadura Post-Moderna?

📅 🕐 14 Ago 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
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En palabras del propio Zakariae la sociedad en general.”

La separación y el control recíproco entre poderes públicos, el respeto al Estado de derecho, y especialmente la garantía de los derechos individuales —como la propiedad privada, la libertad de prensa, de expresión y de asociación— son instituciones liberales esenciales que permiten a los gobiernos ser más eficientes en la preservación de la paz y el cumplimiento de las expectativas ciudadanas. Si un gobierno presenta estas características pero carece de legitimidad democrática, Zakaria lo denomina una “autocracia liberal”. Tales regímenes, generalmente, desembocan —sin mayores traumas— en gobiernos democráticos, como ocurrió en Chile tras la salida de Pinochet.

En este contexto, y ante la ambigüedad conceptual que rodea al gobierno venezolano, es natural preguntarse: ¿Es Venezuela una democracia, una dictadura o una democracia iliberal?

Hasta antes de las elecciones de marzo de 2009, y pese a algunas restricciones al ejercicio de derechos políticos —como las llamadas “morochas” en la elección legislativa y la falta de depuración del registro electoral—, Venezuela podía considerarse una democracia iliberal. Las “morochas” son una fórmula electoral empleada por el oficialismo para eludir los efectos del sistema proporcional de representación. Consiste en postular candidatos a través de dos partidos distintos pero aliados: uno presenta postulaciones por lista (representación proporcional) y otro lo hace por voto nominal (mayoría simple). Aunque formalmente aparecen como fuerzas distintas, en la práctica responden a un mismo proyecto político. De esta manera, se evita que los votos de una modalidad compensen o resten escaños a la otra, lo que favorece de forma artificial la obtención de más curules por parte del bloque gobernante. Esta práctica, aunque legal en su momento, fue ampliamente cuestionada por expertos electorales y observadores internacionales, por contravenir el espíritu de pluralidad del sistema democrático.

Sin embargo, cuando el resultado de ese ejercicio democrático es vulnerado mediante decisiones presidenciales —como la usurpación de autoridad por parte de la “jefa de gobierno del Distrito Capital”, la eliminación por decreto de competencias descentralizadas, y la implementación de medidas previamente rechazadas en el referéndum constitucional de 2007—, llamar democrático a ese régimen raya en el absurdo. Estamos, claramente, ante una dictadura.

Así lo advirtió el reconocido académico Francis Fukuyama en su artículo de opinión “History’s Against Him”, publicado en The Washington Post el 6 de agosto de 2006. Por entonces, Fukuyama —autor del célebre y muchas veces malinterpretado El fin de la historia y el último hombre— se encontraba de visita en Venezuela y afirmaba que, si bien el país no era aún un Estado policial, y subsistían ciertas libertades como la de prensa y asociación, el régimen descansaba en una legitimidad sostenida artificialmente por la renta petrolera. “Es lo que algunos han denominado dictaduras posmodernas”, escribió Fukuyama, y advirtió que el uso de medidas represivas dependería del margen de maniobra fiscal para contener la frustración popular.

En otro artículo más reciente, titulado “They Can Only Go So Far” (The American Interest, 2009), el autor sostiene que la historia no está del lado de quienes abusan del poder. Regímenes como los de Rusia o China, aunque señalados por su agresividad internacional y por sus abusos internos, carecen —según Fukuyama— de un fundamento filosófico sólido para desafiar los valores democráticos de Occidente. El único desafío real proviene, en su opinión, del “islamismo radical” que invocan Irán y figuras como Osama bin Laden.

Pero incluso estas advertencias resultan menos paradigmáticas si se observa que, en un mundo globalizado y caótico, muchos pueblos están dispuestos a ceder libertades a cambio de una aparente estabilidad. En ese contexto, emergen líderes hábiles en lo político y comunicacional, pero escasos de probidad moral, que capitalizan el deseo colectivo de orden. Son los nuevos “hombres fuertes”: dictadores del siglo XXI que utilizan elecciones cuando les conviene, y las descartan cuando no.

El gato caza ratones (y el lobo caza ovejas)

Una dictadura se caracteriza por estar dirigida por un jefe supremo: el dictador. Este puede llegar al poder por elecciones como Hitler, por un golpe de Estado como Pinochet, o por una revolución como Fidel Castro.  Todos comparten un estilo de poder personalista, carente de límites, irrespetuoso del Estado de derecho y hostil a la disidencia.

Como decía el líder chino Deng Xiaoping: “No importa si el gato es blanco o negro; lo que importa es que cace ratones”. Esta máxima aplica también a los dictadores: no importa cómo llegaron, sino cómo gobiernan. Si se comportan como lobos, aúllan como lobos y se agrupan con otros lobos, entonces, sin lugar a dudas, son lobos.

El presidente Chávez demostró afinidad con figuras como Fidel Castro (Cuba), Robert Mugabe (Zimbabue), Mahmoud Ahmadineyad (Irán), Muamar el Gadafi (Libia) y, en su momento, Saddam Hussein (Irak). A Mugabe, incluso, le entregó una réplica de la espada de Bolívar.

Estamos ante una dictadura con escasa profundidad filosófica, de carácter experimental e incluso infantil en su gestión —baste recordar la “ruta de la empanada” o los “gallineros verticales”— y profundamente incoherente: mientras predican el socialismo, sus altos funcionarios ostentan marcas de lujo, viviendas suntuosas y vehículos importados.

A pesar de su inconsistencia, el llamado “socialismo del siglo XXI” no debe subestimarse. Su eficacia comunicacional y su chequera petrolera han sido clave para su proyección regional. En una América Latina marcada por la desigualdad, su discurso ha calado en sectores empobrecidos que sienten que no tienen nada que perder. Bajo la lógica trotskista de que “la revolución, si no es mundial, no es revolución”, asistimos a un proyecto expansionista comparable al pangermanismo de Hitler, el paneslavismo de Stalin y el panarabismo de Nasser y Gadafi.

Una batalla por la verdad

Como escribió Maurice Duverger:

“Si el socialismo es una ciencia, sus partidos están en posesión de la verdad y sus adversarios sumidos en el error. Entre lo verdadero y lo falso no hay pluralismo posible: lo verdadero debe sustituir a lo falso. Hacer de la política una ciencia puede llevar al despotismo.”

Este razonamiento, citado por Ramón Guillermo Aveledo en su libro El dictador: Anatomía de la tiranía (2009), refleja con precisión la lógica del chavismo. Para el oficialismo, debatir es inútil: su verdad es incuestionable. Su guión baja desde la cúspide del poder y se transmite con disciplina militar, reforzado por una hegemonía comunicacional de corte gramsciano, donde el uso —y abuso— del espectro radioeléctrico apunta a avasallar toda disidencia.

Ante ello, el llamado al “diálogo” pierde sentido. Lo que hace falta no es diálogo, sino debate: confrontación de ideas que exponga ante la ciudadanía quién tiene la razón. Pero para ello, se necesitan cuadros políticos formados, capaces de argumentar con base y coherencia. Lamentablemente, salvo contadas excepciones, el pragmatismo ha contaminado gran parte del liderazgo democrático. Es urgente combinar idealismo con realismo estratégico.

Angustia, miedo y parálisis social

Hoy, la sociedad venezolana vive bajo un cóctel emocional de frustración, incredulidad, angustia y, sobre todo, miedo. Miedo a ser asesinado, a perder el empleo, a no acceder a créditos por razones ideológicas, a perder el negocio o simplemente a no poder sobrevivir en un entorno hostil.

Esta lógica perversa paraliza tanto a opositores como a simpatizantes del régimen. La desconfianza generalizada debilita los lazos sociales y consolida la tiranía. La inseguridad no es una falla del sistema, sino una herramienta de control: si la gente teme por su vida, dejará de protestar. En los barrios, se normaliza la violencia si esta viene con el “manto revolucionario”. En la clase media, se intensifican los planes de emigración.

Venezuela, tradicional país receptor de migrantes, se ha convertido en exportador de talento. El “que se vayan” se ha vuelto política pública no declarada. Y el éxodo, una victoria simbólica para el régimen.

El poder de las palabras

Finalmente, vale subrayar que la lucha por la democracia también es semántica. La forma en que nombramos la realidad importa. Reconocer que vivimos bajo una dictadura —aunque de nuevo cuño— es fundamental para debilitar sus cimientos. Solo con una estrategia moderna, coherente e innovadora; con un liderazgo valiente y una ciudadanía consciente de su legado libertario, será posible recuperar la libertad que nunca debimos perder.

●     Nota del autor: Este artículo fue escrito en 2009 y revisado para su reedición en 2025. A pesar del tiempo transcurrido, su diagnóstico mantiene plena vigencia en la Venezuela actual, incluso más agravado por los hechos recientes.

Bibliografía

Zakaria, Fareed.

1997. “The Rise of Illiberal Democracy.” Foreign Affairs 76 (6): 22–43.

https://www.foreignaffairs.com/articles/1997-11-01/rise-illiberal-democracy.

Zakaria, Fareed.

2003. The Future of Freedom: Illiberal Democracy at Home and Abroad. New York: W.W. Norton & Company.

Edición en español:

2004. El futuro de la libertad: La democracia iliberal en casa y en el extranjero. Traducción de Eduardo Hojman. Madrid: Taurus.

Fukuyama, Francis.

2006. “History’s Against Him.” The Washington Post, August 6.

https://www.washingtonpost.com/archive/opinions/2006/08/06/historys-against-him/6a973e6e-03d3-430b-b81d-7ff75e65d4f2/.

Fukuyama, Francis.

2009. “They Can Only Go So Far.” The American Interest 5 (3): 20–25.

https://www.the-american-interest.com/2009/01/01/they-can-only-go-so-far/.

Duverger, Maurice.

1972. Los partidos políticos. Traducción de Luis Sánchez Agesta. 7.ª ed. Madrid: Ariel.

(La cita original aparece referenciada por Aveledo en su obra, pero corresponde a esta fuente primaria.)

Aveledo, Ramón Guillermo.

2009. El dictador: Anatomía de la tiranía. Caracas: Ediciones Centro de Políticas Públicas IFEDEC.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.analitica.com

En la sección: Opinión archivos – Analitica.com

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