La historia de la llanta de avión fabricada en China que llegó flotando a Santa Marta y ahora es usada para educar
📅 🕐 09 Jul 2025🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 4 min de lectura
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La historia comenzó en Guilin, una ciudad industrial en el sur de China. Desde allí salió una llanta de avión que voló más de 250 veces antes de ser retirada del servicio. Luego, como parte de la economía de reutilización, fue usada como amortiguador en una embarcación. Nadie sabe cuándo ni cómo se soltó, pero la corriente la empujó durante meses —quizás años— a través del Pacífico y luego el Caribe, hasta encallar en Santa Marta, Colombia.
La llanta apareció en las playas del Hotel Estelar Santamar, en el sector turístico de Pozos Colorados. Cubierta de algas, crustáceos y signos de un largo viaje, llamó la atención del personal del hotel. No era basura común. Tenía códigos de identificación y medidas técnicas impresas que permitieron rastrear su origen: China.
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Lo que tiramos en una costa puede terminar afectando otra a miles de kilómetros de distancia
Un hallazgo que se convirtió en oportunidad
Nadie sabe cuándo ni cómo se soltó, pero la corriente la empujó durante meses, quizás años. Foto:Archivo particular
“Cuando la encontramos, sabíamos que no era cualquier cosa. Estaba llena de vida marina, era un objeto con historia, con mensaje. No podíamos simplemente botarla”, cuenta Ricardo Cáceres, encargado del programa ambiental del hotel.
Fue así como surgió la idea de transformarla en una herramienta educativa. La bautizaron “Sofía, la llanta viajera” y comenzaron a trabajar en alianza con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) para convertir su hallazgo en una campaña de concienciación.
Jóvenes aprendices del SENA ayudaron a construir una narrativa a partir de su viaje: una historia de contaminación global, pero también de transformación y segundas oportunidades. Con apoyo de instructores, crearon un libro ilustrado, desarrollaron material pedagógico y diseñaron charlas para visitantes, estudiantes y comunidades.
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Una lección sobre contaminación oceánica
La mayoría de los residuos marinos no se convierten en símbolos. La mayoría mata fauna. Foto:Archivo particular
Para los expertos, el caso de Sofía no es un hecho aislado. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de 11 millones de toneladas de plástico y residuos industriales terminan en los océanos cada año. Muchos provienen de Asia y recorren distancias impensables.
“La llanta viajó más de 17.000 kilómetros porque los océanos no tienen fronteras. Lo que tiramos en una costa puede terminar afectando otra a miles de kilómetros de distancia”, explica la bióloga marina Mariana Fajardo, quien ha acompañado procesos de educación ambiental en la región Caribe.
Aunque esta historia tuvo un desenlace positivo, no siempre ocurre así. “La mayoría de los residuos marinos no se convierten en símbolos. La mayoría mata fauna, contamina ecosistemas y termina en microplásticos que consumimos sin darnos cuenta”, advierte Fajardo.
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De residuo a símbolo
Hoy, Sofía ya no está en el mar, pero sigue cumpliendo su viaje. Es exhibida en actividades escolares, exposiciones turísticas y eventos ambientales como símbolo de lo que puede hacerse cuando se combina conciencia, creatividad y educación.
“Queremos que esta historia no se quede solo en la anécdota. Que sirva como espejo: así como esa llanta viajó medio mundo por culpa de nuestras malas prácticas, también puede viajar en la mente de quienes la conozcan, como un llamado a la acción”, dice Juan Camilo Rodríguez, formador del SENA.
En un mundo saturado de noticias negativas sobre el medio ambiente, la historia de Sofía demuestra que los residuos también pueden contar historias con propósito. Que incluso desde la contaminación puede nacer una oportunidad para educar, cambiar y actuar.
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