‘El que se resista se muere; lo desmiembran y lo tiran al río’
📅 🕐 05 Sep 2025🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 9 min de lectura
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Cuando alias John, *cuyo nombre no es mencionado por seguridad, se enteró de que tenía que vincularse a un grupo armado ilegal y que lo iban a llevar a un lugar lejano y desconocido a combatir, sintió que su vida había acabado y que no volvería a ver a sus padres, por quienes se había empleado en un cultivo de coca.
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En ese momento lo invadieron los recuerdos de su infancia en Tagua, Nariño, donde nació e hizo sus cinco años de primaria al lado de sus padres y de sus dos hermanos mayores, que ya habían formado su hogar y le dejaron la responsabilidad del cuidado de ‘sus viejos’, como los llama de cariño.
‘Jhon’ tuvo que volarse de las disidencias de las Farc y se entregó al Ejército. Foto:Séptima Brigada del Ejército
Como en Tagua no había posibilidades de trabajo en el campo, decidió irse a laborar en los cultivos de coca en El Plateado, Cauca, desyerbando y fumigando, en un inmenso sembrado donde laboraban unos 120 hombres, entre cultivadores (80) y ‘raspachines’ (40).
Tres meses después de estar trabajando en los cultivos de coca y de ir obligados a apoyar alguna marcha campesina, le dijeron a ‘John’ y a otro muchacho de Caquetá que necesitaban gente para trabajar.
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El reclutamiento: ‘Ellos van para la ‘escuela’ y punto’
En principio pensaron que los llevaban a otra finca de cultivos de coca, pero enseguida les anunciaron: “Ustedes se van con nosotros y el que se resista pues ya sabe lo que le toca, se muere y listo, y tengan presente que acá no va a estar su familia y ya saben lo que pasa acá detrás del río Micay”. Allí, después de asesinarlos, los desmiembran y los tiran al río.
Los subieron en una camioneta de cuatro puertas y los llevaron a una finca donde también había bastante hoja de coca y de ahí los subieron a otra camioneta, donde uno de los hombres armados les dijo que su destino era pertenecer al frente ‘Carlos Patiño’, de ‘Iván Mordisco’.
‘Jhon’ tuvo que volarse de las disidencias de ‘Iván Mordisco’ por la seguridad de su familia. Foto:Nelson Ardila Arias. Especial para EL TIEMPO
‘John’ sostiene que “en los asientos de atrás de la camioneta había fusiles, arneses, una mini Uzi. Más adelante pararon a comprar unos cigarrillos y se subieron unas muchachas que trabajaban en un bar, que les pidieron a los guerrilleros que no nos llevaran a la guerra, pero uno de los hombres respondió: «Ellos van para la ‘escuela’ y punto».
Después de varias vueltas en la camioneta los subieron en unas motos con hombres armados y como a una hora y cuarenta minutos llegaron a la ‘escuela’, donde había un grupo de jóvenes y adolescentes haciendo ejercicio en un campo de fútbol.
“Con nosotros éramos como 30 personas, sin contar con los instructores que andaban armados. Desde las cinco de la tarde hasta las dos de la mañana nos ponían a hacer ejercicio: arrastre bajo, rollos, yumbos, flexiones de pecho, de pierna, y al que no podía hacer arrastre bajo le disparaban por el lado de la cabeza, por los pies, sin importar si le pegaban un tiro. También nos ponían a pasar el río nadando”.
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En ese campamento apenas seis o siete eran mayores de edad. Allí los uniformaron y dijeron que los libros de insignia, que son los estatutos y contemplan sanciones disciplinarias, tenían que aparecer o que si no iban a tomar represalias con todo el mundo.
Ahí duraron quince días y después duraron cinco más caminando hasta que llegaron a otro campamento donde también los pusieron a hacer ejercicio; iban los 30 jóvenes y adolescentes.
Pero al otro día los sacaron porque había ‘chulos’ (Ejército) muy cerca. Cuando tomaron camino le asignaron a ‘John’ pechera, chaleco y fusil: «Usted va a ser el puntero, toma seis personas, te vas adelante, caminas un kilómetro y nos esperas o donde encuentres agua», le ordenaron.
Las disidencias de ‘Iván Mordisco’ están en una guerra contra ‘Calarca’ y otros grupos armados. Foto:EFE
Caminaron subiendo y bajando montañas y desde una de ellas se veía Popayán, según dijeron los que conocían el terreno, y cuando pasaba un helicóptero o una avioneta tocaba tirarse a la maraña, no importaba donde cayeran, había que esconderse. Había mucho riesgo, les advirtieron, porque a la derecha estaba el Eln y a la izquierda el Ejército.
Después de varias horas de camino llegaron a otra ‘escuela’ de los guerrilleros, donde había mucha gente, unas 200 personas, y varios niños. “Ahí duramos como un mes entrenando en ejercicios y ya empecé a pensar que podía escapar”, recordó ‘John’.
En algún momento había enfrentamientos en el cañón del Micay, entonces sacaron bastante gente en camionetas y en el campamento quedaron como 70 personas. “A los que quedamos empezaron a distribuirnos para distintas partes, y ahí fue cuando me pusieron el alias de ‘John’: “Vos te vas a llamar como al que le hicimos consejo de guerra, era buena gente, pero tocó matarlo”.
El traslado: ‘Me iban a mandar a donde no conocía’
En algún momento gritaron: “‘John’, preséntese en la cancha en ropa de civil”. “Yo no les hacía caso porque ya sabía que a mí me iban a sacar de allá y me iban a mandar a una parte que no conocía”.
“En la cocinita de una casita donde estaba me senté a llorar porque pensé que ya no iba a volver a ver a mi familia”. Me sacaron de ahí, me llevaron a un pueblito cercano, primero me dijeron que me mandaban para el Catatumbo, después para Caquetá y finalmente para el Meta. Allá me llevaron junto con otros cuatro hombres en cinco motocicletas”, contó.
‘Jhon’ era ‘raspachín’ antes de ser reclutado a la fuerza por las disidencias de ‘Mordisco’. Foto:Juan Pablo Rueda, enviado especial de EL TIEMPO
Dos días duró el viaje hasta un campamento, cerca de una finca con muchas cabras, cerca del pueblo Puerto Esperanza, en la región del Alto Ariari, en Meta. Al siguiente día ya era parte de la estructura ‘Martín Villa’, cuando les dieron la dotación: fusil con 25 proveedores y munición con mil cartuchos.
En el Meta ‘John’ estuvo como dos meses. En los últimos días se hizo coger confianza del comandante alias ‘Julio’, que le prestaba los visores para mirar a lo lejos de las montañas donde estaban los ‘Calarcá’, con los que se disputaban el poder del territorio, pero en realidad era para saber dónde estaba el Ejército.
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Un domingo, que es día de baño, le dijeron que tenían que hacerle la hoja de vida el próximo martes para que, si moría, sus familiares después supieran dónde quedó, le explicaron. Como no quería que tuvieran información de su familia, se animó a escapar.
La fuga: ‘Me boté por la montaña, corrí, pasé un río’
A escondidas cogió tres paquetes de cigarrillos y una mechera para que los zancudos no lo atormentaran si tenía que amanecer en el monte. Eran las ocho de la mañana. “Me ubiqué debajo de una mata de mango y como estaban distraídos me boté por la montaña, rodé, corrí, pasé un río y otro que estaba muy caudaloso me dio temor atravesarlo. Ahí me sentí frustrado y me senté a llorar”, confiesa ‘John’.
Un rato después se repuso, se quitó la sudadera y el buzo que le habían dado y se quedó en jean y camiseta que traía puestas debajo. También revisó y volvió a guardar con sumo cuidado la agenda donde tenía el número telefónico de su mamá. Bajó caminando por la ribera del río y encontró una mata de guadua cortada con la que se arriesgó a pasar el río, subió la montaña, después bajó y salió a un claro hasta llegar a Puerto Esperanza.
Van 24 personas recuperadas de los grupos armados. Foto:Séptima Brigada del Ejército
Atravesó el pueblo en medio del susto y de las miradas de los señores que tomaban cerveza en las tiendas, hasta que un motociclista se ofreció llevarlo hasta Medellín del Ariari, el pueblo vecino, ubicado entre los municipios de El Castillo y El Dorado, en el Meta. Su intención era llegar a la base militar de Cubarral, que queda enseguida de El Dorado.
En su loca carrera de huida, a las 3 de la tarde, después de siete horas de haber escapado, miró un puesto de control del Ejército. En ese momento no sabía qué hacer. La emoción lo invadió, pero también estaba preocupado porque no sabía qué sorpresa podía encontrar.
Pasó la vía y le preguntó a un uniformado: “¿Ustedes son del Ejército?” —»Sí, ¿por qué?»— “Necesito que me colabore, me escapé de la guerrilla, me llevaron contra mi voluntad y no quiero que me maten, yo quiero volver a ver a mis papás”. —»Usted ha tomado una buena decisión»—, le respondió el soldado.
Van 24 personas recuperadas
El comandante del Batallón de Infantería Aéreo Transportado número 20, coronel Jairo Antonio Erazo Díaz, aseguró que, en desarrollo de las operaciones emitidas por la Séptima Brigada, su batallón ha generado unas campañas a través de las emisoras del Ejército, puerta a puerta en el comercio y con la población civil, buscando difundir e impactar, para llevar esta información a los grupos armados organizados para que sus hombres se sometan y se desmovilicen.
“Hemos tenido un impacto bastante fuerte en el Meta y en el transcurso de este año ya llevamos aproximadamente 14 personas que se han desmovilizado de los grupos de alias ‘Iván Mordisco’ y ‘Calarcá’, dentro de ellos también hay menores de edad”, dijo el coronel Erazo Díaz.