Una investigación filológica española aporta nuevas pruebas lingüísticas que conectan el euskera con la lengua ibérica

La posible relación entre el euskera y el ibérico ha sido uno de los debates más persistentes y controvertidos de la lingüística histórica peninsular. Esta hipótesis osciló a lo largo del tiempo entre la especulación erudita y el rechazo académico. Sin embargo, un reciente estudio del filólogo español Eduardo Orduña Aznar aporta un nuevo marco metodológico y un conjunto sólido de indicios que permiten reabrir la cuestión desde bases empíricas renovadas. Por primera vez, la posible conexión entre ambas lenguas se plantea apoyándose en patrones morfológicos, léxicos y contextuales precisos.
Del vascoiberismo clásico al escepticismo moderno
Desde el siglo XVI, autores como Marineo Sículo, Esteban de Garibay o Andrés de Poza defendieron que el vasco era heredero directo de la lengua de los íberos. Esta corriente, conocida como vascoiberismo clásico, alcanzó su formulación más influyente con Wilhelm von Humboldt a comienzos del siglo XIX, quien llegó a afirmar que los topónimos vascos se extendían por toda la península.
No obstante, el avance en el desciframiento de la lengua ibérica a partir de los trabajos de Manuel Gómez-Moreno y, más tarde, Jürgen Untermann, debilitó esas certezas. A mediados del siglo XX, figuras clave de los estudios vascos como Gerhard Bähr y Luis Michelena abandonaron la idea de un parentesco directo. En décadas recientes, autores como Joseba Lakarra han defendido una postura abiertamente escéptica que niega incluso la relación geográfica.
Frente a este panorama, Orduña propone un enfoque intermedio. Así, aunque el ibérico sería una lengua distinta del vasco, existirían semejanzas exclusivas que no se explican ni por azar ni por préstamos.

Un nuevo punto de partida: del parecido formal al análisis interno
La diferencia fundamental del enfoque propuesto por Orduña Aznar radica en la calidad del conocimiento disponible sobre el ibérico. Aunque se mantiene como lengua indescifrada, hoy se conocen con bastante precisión numerosos morfemas, sufijos onomásticos y patrones combinatorios que permiten comparar unidades bien segmentadas.
Gracias a esta base, el autor muestra que el sistema numeral ibérico presenta coincidencias sistemáticas con el vasco: unidades como ban, bi(n), laur, borste, śei, sisbi o sorse se corresponden regularmente con bat, bi, lau, bost/bortz, sei, zazpi y zortzi. Por otro lado, la estructura vigesimal ibérica reflejaría el mismo orden rígido que el vasco. Estas coincidencias no solo sería fonéticas, sino también distributivas y morfológicas, lo que, según el autor del estudio, reforzaría su valor probatorio.

Más allá de los números: el léxico del parentesco
El estudio también amplía el foco hacia un ámbito especialmente sensible para detectar las conexiones genéticas entre dos lenguas: los nombres de parentesco y otras denominaciones personales. A partir de criterios contextuales, como la repetición anómala, la aparición de términos en inscripciones funerarias o votivas y el uso de sufijos específicos, Orduña identifica un subconjunto de términos ibéricos que, en apariencia, no parecen corresponder a nombres propios y que, a su vez, se aproximan al vocabulario vasco básico.
Entre los posibles lexemas compartidos figuran ata (aita, «padre»), a(n)ḿ (anai-, «hermano»), śani (sehi), y auŕ (aurre, «anterior»). A ellos se suman sufijos derivativos como -be, -kide(i) y -ko, todos presentes también en vasco histórico.
El análisis revela paradigmas internos coherentes, con alternancias fonéticas regulares y estructuras incompatibles con la onomástica personal típica. Según Orduña, no se trataría de similitudes aisladas, sino de pequeños sistemas morfológicos paralelos.

Apelativos ibéricos y estructuras compartidas
Además, el trabajo documenta formas compuestas y aposiciones en textos ibéricos que funcionan como apelativos personales. Algunos de estos apelativos muestran correspondencias claras con formas aquitanas antiguas y con el vasco medieval. Ejemplos como śani-ko / Senicco o ata-ko / Attacco refuerzan esta continuidad.
Asimismo, se observan alternancias entre vibrante, nasal y ausencia de consonante final, un fenómeno conocido en el vasco. También se han detectado sufijos que parecen desempeñar funciones semejantes en ambas lenguas. Todo ello permite proponer un pequeño léxico ibérico de parentesco estructurado, algo hasta ahora inédito.

Indicios convergentes desde la epigrafía vascónica
El estudio incorpora también datos procedentes del ámbito vascón, como la inscripción de Irulegi o el mosaico de Andelo. En estos textos aparecen formas verbales como ekien, estrechamente relacionadas con el ibérico ekiar, así como eŕaukon, comparable a eŕokan. Según el autor del estudio, resulta especialmente que las pocas formas verbales identificables en territorio vascón tengan paralelos directos en la lengua ibérica. Este patrón refuerza la hipótesis de una continuidad lingüística profunda en el noreste peninsular prerromano.
Un parentesco plausible, aunque aún provisional
Orduña insiste en que el desconocimiento del significado global de los textos ibéricos obliga a extremar la cautela. Sin embargo, el conjunto de evidencias apunta en una misma dirección: un léxico básico compartido, una serie de sufijos nominales comunes, paralelismos verbales y denominaciones personales estructuralmente afines.
Todo ello sugiere la existencia de un parentesco genético entre el ibérico y el vasco (o, más exactamente, entre el ibérico y una lengua vascónica antigua), aunque aún no pueda reconstruirse según el método comparativo clásico. El estudio, por tanto, aporta un conjunto crítico de indicios que reconfiguran el debate a partir de nuevas bases científicas.

Una nueva perspectiva sobre la lengua vasca
Durante décadas, la relación entre el euskera y el ibérico se entendió como una reliquia del romanticismo filológico. Hoy, gracias al avance del análisis interno del ibérico y a propuestas como la de Orduña Aznar, el debate vuelve a reavivarse. La identificación de numerales, apelativos personales y estructuras morfológicas compartidas ofrece un panorama coherente, aunque incompleto.
Esta investigación demuestra la posibilidad de que existan vínculos profundos que merecen ser explorados con nuevas herramientas. El viejo vascoiberismo, por tanto, vuelve a adquirir vigencia en los debates filológicos.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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