su reparación costará «alrededor de 500 millones» para contener la radiactividad

La agencia nuclear de Naciones Unidas, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha avisado que el sarcófago instalado hace una década en la central nuclear ucraniana de Chernóbil para prevenir una repetición del accidente de 1986 ha perdido «su función principal de contención» como consecuencia del ataque recibido durante la guerra de Ucrania en febrero del año pasado.
Ucrania acusó en su momento a Rusia del impacto de un dron en el sarcófago protector de la central nuclear de Chernóbil pero Moscú se desvinculó de lo sucedido y apuntó en su lugar a una «provocación» por parte de las autoridades ucranianas.
El OIEA no ha constatado desde entonces fuga de radiación alguna, pero ya expresó en ese momento su alarma ante la posibilidad de una repetición de la catástrofe ocurrida hace ya casi 40 años. Es por ello que los dirigentes del G7 se han reunido esta semana para tratar este asunto para evaluar la reparación de esta infraestructura de 110 metros de alto, 150 de ancho y 256 de largo.
El «Nuevo Sistema de Contención Segura» (NSC, por sus siglas en inglés), se construyó en 2016 teniendo un coste final de 1.500 millones de euros, y como anunció el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, «el coste de restaurar el arco del sarcófago en Chernóbil asciende a alrededor de 500 millones de euros«.
Diseñado como una estructura multicapa destinada a cubrir el sarcófago existente y resistir condiciones extremas, como la humedad, la radiación, el calor o incluso un tornado de categoría 3, el objetivo era que durara 100 años, antes que tener que renovarlo, pero los arquitectos no contaban con una guerra y que fuera impactado con drones.
Ahora debilitado, compromete varias funciones importantes del Centro de Seguridad Nacional (NSC), incluyendo su capacidad para contener la radiactividad y proporcionar un entorno seguro para el desmantelamiento del sarcófago, con un riesgo creciente de degradación estructural en los próximos años.
«El G7 debe desempeñar un papel catalizador en la captación de fondos, en estrecha colaboración con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), cuya presidenta nos presentará su proyecto en breve», añadió Barrot.
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