▷ #OPINIÓN La tiranía de la inmediatez: Una travesía entre la voluntad y el olvido #17Abr

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El desajuste de nuestra brújula
En el complejo entramado de la vida contemporánea, nos encontramos atrapados en una paradoja temporal. Mientras la sociedad nos exige una velocidad vertiginosa, nuestra capacidad de decisión y organización parece disolverse en un mar de urgencias vacías. Para comprender este fenómeno, es imperativo analizar tres pilares fundamentales que dictan nuestra conducta: la voluntad, la disposición y la organización, frente al fenómeno transgresor de la inmediatez.
I. Los Pilares de la acción humana
La voluntad no es un impulso ciego; es la capacidad consciente de elegir, de determinar una conducta propia que se oponga a los impulsos primarios. Sin embargo, para que la voluntad sea efectiva, requiere de la Disposición: ese estado de preparación mental y emocional previo a la decisión. Finalmente, la Organización actúa como el andamiaje, el grupo de actividades jerarquizadas bajo una base sólida de prioridades. Cuando estos tres elementos fallan, surge la Inmediatez. Esta no es más que una vía de transgresión de las normas, una manera desesperada de acelerar resultados que, a menudo, carecen de sustento real.
II. La Ley de Parkinson en el contexto venezolano
Desafortunadamente, el ciudadano venezolano se encuentra hoy fuertemente influenciado por la Ley de Parkinson: la tendencia a consumir la mayor cantidad de tiempo posible en una tarea, incluso más del necesario. Mareamos «la perdiz» en los ámbitos socioculturales, económicos y políticos, justificando un tiempo perdido de manera que pretendemos hacer pasar por «ejemplar».
Nos preguntamos entonces: ¿Estamos realmente tan ocupados como para justificar una ausencia, un retardo o la incapacidad de tomar una decisión trascendental? La experiencia sugiere que carecemos de una vida organizada para disponer y de una voluntad férrea para accionar en el tiempo justo. El recurso del tiempo es tan escaso que, mientras lo malgastamos en burocracias del alma, se nos escapa entre los dedos.
III. El rostro humano del tiempo perdido
La consecuencia más amarga de esta mala gestión no se mide en indicadores económicos, sino en afectos rotos. Esas «personitas» —nuestros adultos mayores y nuestros niños— que esperan por nosotros hasta que el sueño los domina, se van a la cama con la frágil esperanza de vernos al día siguiente. En la mayoría de las familias, el tiempo transcurre así: en una agenda «agitada» que nos impide abrazar y disfrutar. Es triste el momento en que las circunstancias nos obligan a detenernos solo para darnos cuenta de las innumerables oportunidades perdidas de compartir con quienes más requerían nuestra atención.
IV. Estrategia de supervivencia: El reajuste necesario
¿Por qué las parejas y las familias deben apelar hoy a un reajuste drástico? La respuesta es simple: es la única opción para la supervivencia. Debemos intervenir en nuestra velocidad, ritmo, foco y dirección. La sociedad siempre ha requerido inmediatez, pero a una velocidad tal que pone en peligro desde la salud física hasta la estabilidad emocional del núcleo familiar. No hay justificación que valga para tanto desvío. No es cierta tanta «actividad laboral» ni tanta «necesidad de urgencia». Esa velocidad innecesaria que imprimimos a nuestro día a día nos impide tener conciencia de lo realmente importante.
Conclusión: Sembrar para el mañana
La responsabilidad familiar consiste en sembrar conciencia, respeto y esperanza en nuestros hijos. Esto es imposible si no hay lugar para el descanso, el relax o la contemplación. Debemos recuperar la soberanía sobre nuestro tiempo, entendiendo que la verdadera dignidad humana radica en saber cuándo detenerse para, simplemente, estar presente.
Hasta otra travesía… [email protected]
Alfredo Barillas Araujo
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elimpulso.com
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