Hallan en Bolivia un genoma bacteriano de 700 años que demuestra que una enfermedad global ya existía antes de la colonización, desmontando el mito europeo

La historia de las enfermedades infecciosas suele contarse como una consecuencia inevitable de los grandes contactos entre civilizaciones. Sin embargo, un estudio reciente ha puesto en cuestión uno de esos relatos profundamente arraigados: el origen de ciertas bacterias en el continente americano. Tal y como ha revelado una investigación publicada en la revista Nature Communications, un descubrimiento en los Andes bolivianos sugiere que algunos patógenos ya circulaban mucho antes de la llegada de los europeos.
El punto de partida no es un laboratorio moderno, sino una colección de restos humanos conservados en el Museo Nacional de Arqueología de Bolivia. Allí, entre cráneos y vestigios de antiguas culturas andinas, un equipo internacional de investigadores decidió examinar el ADN contenido en una pieza tan común como reveladora: un diente humano.
A simple vista, aquel fragmento óseo no parecía diferente de otros cientos almacenados en las estanterías del museo. Sin embargo, como ocurre a menudo en la arqueología biomolecular, los secretos no están en la superficie, sino en lo microscópico. En el interior del diente, protegido durante siglos por el esmalte, se conservaba un archivo biológico excepcional.
Un viaje al pasado a través del ADN
El individuo al que pertenecía el diente vivió entre los siglos XIII y XIV, en pleno periodo prehispánico andino. Los análisis de carbono y nitrógeno realizados sobre el mismo, tal y como indica el propio estudio , revelan una dieta dominada por el maíz y una vida vinculada a sociedades agrícolas relativamente densas. Estas condiciones, como bien saben los historiadores de la salud, favorecen la transmisión de enfermedades.
Durante décadas, la narrativa dominante sostenía que muchas infecciones graves llegaron a América con los europeos a partir del siglo XV. Epidemias devastadoras como la viruela o el sarampión están bien documentadas en ese contexto. Pero otras enfermedades, menos visibles en los registros históricos, han sido más difíciles de rastrear.
Para abordar esta cuestión, los investigadores emplearon una técnica avanzada conocida como ensamblaje genómico sin referencia. Este método permite reconstruir genomas antiguos a partir de fragmentos de ADN altamente degradados, evitando depender de modelos modernos. El proceso, complejo y laborioso, se asemeja a reconstruir un mosaico del que apenas quedan piezas dispersas.
El resultado fue sorprendente: entre millones de fragmentos de ADN, emergía el rastro de múltiples microorganismos. Algunos eran habituales en la cavidad oral humana, pero otros resultaban mucho más intrigantes por su potencial patógeno.

Un descubrimiento que cambia el relato histórico
No fue hasta fases avanzadas del análisis cuando los investigadores centraron su atención en un microorganismo concreto. Tal y como ha adelantado el equipo científico en sus conclusiones, uno de los genomas reconstruidos correspondía a una bacteria conocida hoy por su impacto global.
Se trataba de Streptococcus pyogenes, un microorganismo responsable de enfermedades que van desde infecciones leves de garganta hasta cuadros graves como la fiebre escarlata (escarlatina) o el síndrome de shock tóxico.
La importancia del hallazgo radica en su cronología. El individuo analizado vivió entre 1283 y 1383, es decir, más de un siglo antes del contacto europeo con América. Esto implica que la bacteria ya estaba presente en poblaciones indígenas, desafiando la idea de que fue introducida desde Europa.
El genoma reconstruido, además, es casi completo, con una calidad excepcional para tratarse de ADN antiguo. Esto ha permitido comparar la cepa precolombina con variantes modernas. Los resultados indican que, aunque comparte muchos rasgos con las actuales, también presenta características únicas, posiblemente pertenecientes a una línea evolutiva hoy desaparecida.
Según los autores del estudio, este descubrimiento demuestra que algunas infecciones ya formaban parte del paisaje biológico de América mucho antes del contacto transatlántico.
Enfermedad, sociedad y evolución
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es que la bacteria antigua ya poseía muchos de los genes asociados a la virulencia. Esto significa que tenía la capacidad de causar enfermedad, aunque no necesariamente con la misma intensidad que algunas cepas modernas.
Curiosamente, carecía de ciertos elementos genéticos que hoy se asocian con formas más agresivas de la infección. Estos componentes suelen estar vinculados a virus bacterianos —los llamados bacteriófagos— que pueden transferir genes entre microorganismos. Su ausencia sugiere que la evolución de la peligrosidad de la bacteria es un proceso relativamente reciente.
Desde una perspectiva histórica, este dato resulta fundamental. Indica que la relación entre humanos y patógenos no es estática, sino que evoluciona en función de factores ecológicos, sociales y biológicos. El aumento de la densidad de población, la urbanización o los cambios en la movilidad humana han sido claves en esta transformación.
De hecho, los análisis filogenéticos del estudio apuntan a que la mayoría de las variantes actuales de esta bacteria se diversificaron hace unos 5.500 años. Un periodo que coincide con la expansión de sociedades más complejas y sedentarias, donde la transmisión de enfermedades se vuelve más eficiente.

El equipo investigador destaca que la evolución de esta bacteria ha estado marcada por la incorporación progresiva de elementos genéticos que aumentan su agresividad.
Un pasado invisible que empieza a revelarse
Más allá del caso concreto, el estudio abre una puerta a una nueva forma de entender la historia de las enfermedades. Durante mucho tiempo, los historiadores han dependido de textos, crónicas o registros arqueológicos para reconstruir epidemias del pasado. Sin embargo, estas fuentes son fragmentarias y, en muchos casos, silenciosas respecto a enfermedades comunes pero menos espectaculares.
La genética antigua está cambiando ese panorama. Gracias a ella, es posible rastrear patógenos en restos humanos de miles de años y reconstruir su evolución con una precisión inédita. Como señala el propio trabajo , este tipo de investigaciones permite detectar incluso brotes antiguos que nunca fueron registrados.
En el caso de los Andes, el hallazgo sugiere que las poblaciones precolombinas ya convivían con una variedad de microorganismos compleja, en un equilibrio dinámico entre infección y adaptación. No se trata solo de enfermedades importadas, sino de ecosistemas biológicos propios.
Este descubrimiento obliga a replantear una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto las enfermedades que hoy consideramos globales tienen raíces mucho más profundas y locales de lo que imaginábamos?
Referencias
- Guido Valverde et al, An ancient genome of Streptococcus pyogenes from a pre-Columbian Bolivian mummy, Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-71603-9
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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