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Baute vs Delcy: ¿Es racismo o polarización política? Nicmer Evans

📅 🕐 19 Abr 2026🔗 Fuente: puntodecorte.net🕑 4 min de lectura
Baute vs Delcy: ¿Es racismo o polarización política? Nicmer Evans
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La esfera pública venezolana enfrenta un nuevo choque de interpretaciones tras las recientes declaraciones del cantante Carlos Baute. El artista utilizó, siguiendo la consigna de un grupo previo a la presentación de María Corina en Madrid, la expresión “fuera la mona” para referirse a Delcy Rodríguez, lo que desató una tormenta de opiniones encontradas. Mientras sectores del oficialismo y algunos denuncian un trasfondo racista en el insulto, la oposición responde equiparando el término con el apodo de “La Sayona” que el chavismo impone a María Corina Machado.

Este fenómeno no es una simple pelea de redes sociales. Representa la profunda fractura de la comunicación política en Venezuela, donde el lenguaje se convierte en un arma de deshumanización. Desde la psicología social, el uso de epítetos busca reducir al adversario a una caricatura, eliminando su validez como actor político y facilitando el ataque personal sobre el debate de ideas.

Esto se denomina falacia ad hominem y ocurre cuando, en medio de una discusión, una persona deja de lado los argumentos racionales para atacar directamente la integridad, el carácter, la apariencia o las circunstancias de su interlocutor. El objetivo es invalidar la opinión del otro desprestigiando a la persona que la emite, en lugar de demostrar que su razonamiento es falso.

Racismo estructural y el peso de las palabras

El uso de la palabra “mona” no es neutral en el contexto latinoamericano. Diversos especialistas en sociología advierten que asociar a personas de ascendencia africana o rasgos mestizos con simios tiene una raíz colonial profundamente violenta. Para quienes defienden esta postura, el comentario de Baute traspasa la frontera de la crítica política para entrar en el terreno de la discriminación racial, un estigma que persiste en las estructuras sociales venezolanas a pesar de los discursos de igualdad.

Sin embargo, el debate adquiere un matiz distinto cuando se analiza la respuesta de los sectores opositores. El argumento central de este grupo es la reciprocidad del agravio. Señalan que el Poder Ejecutivo autocrático y sus voceros utilizan constantemente términos denigrantes, como “Sayona” o “escuálidos” para referirse a figuras de la oposición. En este juego de espejos, la sociedad civil queda atrapada en una retórica de odio que se alimenta de ambos bandos.

La deshumanización

Podríamos sostener que el uso de estos calificativos responde a una estrategia de “aniquilación simbólica del otro”. Al etiquetar a Rodríguez como “mona” o a Machado como un “espectro terrorífico” (Sayona), se busca generar una respuesta emocional de rechazo que nubla el juicio crítico de la ciudadanía.

El problema radica en que la política venezolana ha abandonado el reconocimiento del interlocutor. Cuando la comunicación se basa en el insulto, se cierran las puertas a cualquier solución negociada o democrática. La psicología social explica que este comportamiento refuerza el “sesgo de confirmación”: los seguidores de cada bando celebran el insulto hacia el contrario, validando su propia identidad a través del desprecio al otro.

El doble estándar y la polarización extrema

La ciencia política sugiere que estos incidentes no son aislados, sino que forman parte de una insistencia de polarización afectiva forzada. En este escenario, la identidad política es tan fuerte que justifica cualquier ofensa hacia el rival. El debate sobre si “mona” es más grave que “Sayona” evidencia un doble estándar moral donde la gravedad del insulto depende exclusivamente de quién lo emite y quién lo recibe.

Mientras el debate continúa en plataformas como X e Instagram, la realidad sociológica revela una nación donde el lenguaje ha dejado de ser una herramienta de entendimiento para convertirse en una barricada. La pregunta que queda en el aire no es solo si la expresión fue racista, sino hasta qué punto la sociedad venezolana podrá reconstruir un diálogo civilizado tras décadas de violencia verbal institucionalizada y ciudadana exaltado en 27 años por el chavismo.

Nicmer Evans en miembro del Centro de Estudios Estratégicos Democracia e Inclusión (CEEDI), politólogo, Magister en Psicología Social y doctorando en Comunicaciones. Expreso políticos, directivo de MDI, Editor Jefe de Punto de Corte.

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