Vinícius y Mbappé lideran un triunfo sin brillo del Real Madrid ante el Alavés


Vinícius y Mbappé lideraron frente al Alavés (2-1) una redención sin brillo en el inicio de la «travesía por el desierto» del Real Madrid, sin títulos por los que pelear —salvo hecatombe del Barcelona en la Liga— y necesitado del perdón de una afición que se marchó aún dubitativa y silbando a su equipo por el empuje final del conjunto de Quique Sánchez Flores.
El Real Madrid compareció ante su gente con la sensación de esperar un plebiscito. El Santiago Bernabéu, que otras veces ha sido tribunal severo, esta vez pareció más bien un jurado cansado. El conjunto blanco venía de su mes más desconcertante: tres derrotas y un empate que le dejaron fuera de la Liga de Campeones y de una Liga que solo puede salvar un milagro. La última caída, en el Allianz Arena ante el Bayern de Múnich, al menos tuvo el consuelo del orgullo; y eso, en el Bernabéu, cuenta.
Arbeloa movió piezas con gesto serio: entraron Carreras, Tchouaméni y Huijsen; salieron Mendy, Brahim y Rüdiger, quien acabaría entrando tras el susto de Militão. Un calambre, un mal recuerdo de lesiones recientes y el cambio al filo del descanso. Luego se supo que no fue nada; a veces el miedo juega más que la lesión.
Media hora duró ese letargo hasta que apareció Mbappé. No fue un gol de catálogo, sino de billar fortuito. Jonny Otto actuó de pared involuntaria dos veces: primero en la jugada con Güler, después en el disparo del francés desde fuera del área. La pelota, caprichosa, tocó de nuevo en él, desvió su rumbo y dejó vendido a Sivera. Gol y poco más.
Mbappé lo celebró con una sonrisa cómplice, consciente de que su vigesimocuarto tanto en Liga llegó con un guiño de la fortuna. Pero al Real Madrid le sirvió. Se liberó. Durante un cuarto de hora pareció otro: más suelto, más reconocible. El propio Mbappé probó de nuevo a Sivera, Vinícius se encontró con el portero en una ocasión franca e insistió con un disparo desviado, mientras Militão, antes de retirarse, estrelló un balón en el larguero.
Y, sin embargo, fiel a su reciente costumbre, el Madrid no se fue al descanso sin un sobresalto. Toni Martínez encontró el poste ante Lunin en la última acción antes del intermedio. Un aviso que dejó el partido en ese punto ambiguo: medio resuelto, medio en el aire.
Despedida entre silbidos
Vinícius fue quien bajó el telón de cualquier duda. Transformó los silbidos tibios en aplausos con un gol de los suyos, de esos que no admiten réplica: disparo lejano, seco, ajustado, para el 2-0. Y, además, pidió perdón. Ahí se acabó la historia. El Alavés no estaba para aventuras y el Real Madrid tampoco para seguir jugando con fuego.
Con el partido ya encarrilado, Arbeloa agitó el banquillo. Aparecieron Camavinga, Mastantuono, Brahim y Carvajal. Media hora que sirvió para dos cosas: intentar recomponer la figura de Camavinga, señalado en las últimas fechas, y darle vuelo a Carvajal, necesitado de minutos de calidad para sostener su candidatura a la renovación y asomarse al próximo Mundial.
El Real Madrid administró la ventaja con oficio y, cuando parecía que iba a arrancar un perdón discreto del Bernabéu, recibió los silbidos de su afición tras el gol de Toni Martínez en el minuto 94, que siguió a un cabezazo al palo de Parada.
El Alavés murió en la orilla y se quedó a expensas de lo que haga el Elche ante el Atlético de Madrid: si ganan los ilicitanos, el equipo vitoriano terminará la jornada en puestos de descenso.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
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