La naturaleza sigue sorprendiendo con especies capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Una de ellas es una planta conocida por “fingir” su muerte y permanecer seca durante años sin perder su capacidad de reactivarse cuando vuelve a recibir agua.
Se trata de la Rosa de Jericó, una planta originaria de regiones desérticas de Medio Oriente y el norte de África, conocida científicamente como Anastatica hierochuntica, adaptada a sobrevivir en ambientes donde la lluvia es casi inexistente y las temperaturas pueden ser sofocantes.
Cuando no hay fuente hídricas disponibles, esta planta adopta una forma completamente seca y cerrada, convirtiéndose en una especie de bola compacta que puede pasar desapercibida en el suelo del desierto.
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Ejemplar seco que puede permanecer años sin agua. Foto:ISTOCK
Un mecanismo de supervivencia
Su principal estrategia para sobrevivir es reducir al máximo su actividad biológica, lo que le permite soportar largos periodos sin humedad y resistir condiciones que serían letales para la mayoría de las plantas.
En este estado, la planta puede permanecer aparentemente inactiva durante largos periodos de tiempo, dependiendo exclusivamente de su capacidad de adaptación al ambiente seco.
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Al contacto con el agua, inicia su proceso de apertura. Foto:ISTOCK
El estado de latencia o reposo
Lo que ocurre no es una muerte real, sino un estado de latencia en el que la planta “se suspende” biológicamente hasta que las condiciones vuelvan a ser favorables. Este mecanismo le permite sobrevivir incluso durante más de una década sin recibir agua, con registros que indican que puede resistir hasta aproximadamente 15 años en estado seco.
Cuando finalmente entra en contacto con el agua, la planta comienza a rehidratarse lentamente, abriéndose y recuperando su forma original de manera progresiva.
Durante este proceso, sus tejidos absorben la humedad y vuelven a activarse sus funciones biológicas, lo que permite que recupere su aspecto verde y su estructura natural.
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La Rosa de Jericó recupera su forma tras hidratarse. Foto:ISTOCK
Este fenómeno ha llamado la atención de la ciencia por su extraordinaria capacidad de resistencia, ya que permite entender mejor los mecanismos de supervivencia de las plantas en ambientes extremos.
Más allá de su curiosidad, la rosa de Jericó también tiene un valor simbólico y educativo, pues muestra cómo algunos organismos pueden entrar en pausa durante años y reactivarse cuando las condiciones vuelven a ser favorables.