He pensado en cuáles son las cualidades que debería tener mi candidato ideal para gobernar a Colombia. Entonces aparece el nombre de Carlo Petrini. Periodista, escritor y activista italiano que en 1986 fundó el movimiento Slow Food como respuesta a la expansión de la comida rápida y a un sistema alimentario cada vez más industrializado, homogéneo y desconectado de los territorios y de quienes producen los alimentos.
Lo que comienza como una defensa de la cocina tradicional italiana terminó convirtiéndose en una conversación global sobre agricultura, cultura, medioambiente, economía y justicia social. Temas que, sin lugar a dudas, deben ocupar un lugar central en la mesa de país de cualquier candidato.
LEA TAMBIÉN
La filosofía de Slow Food se resume en tres palabras: bueno, limpio y justo.
Bueno, porque la calidad de un alimento no puede separarse del sabor, de la frescura y de la relación con su origen. Defiende las cocinas locales, los productos de temporada y la diversidad alimentaria frente a la uniformidad industrial.
Limpio, porque producir alimentos no puede significar destruir ecosistemas, contaminar el agua, deteriorar la tierra ni acabar con la biodiversidad. Se promueven prácticas agrícolas responsables, el cuidado de las semillas nativas, la protección de variedades locales y una relación más consciente entre producción y naturaleza.
Y justo porque detrás de cada alimento hay personas. Campesinos, pescadores, cocineros y comunidades enteras. Quienes producen los alimentos deben recibir una remuneración digna. El acceso a una buena alimentación no puede ser un privilegio para pocos.
LEA TAMBIÉN
Entendía además que la calidad de vida de una sociedad también se construye alrededor del placer, del tiempo, de la mesa, de los vínculos.
Carlo Petrini falleció en días pasados, dejó un importante legado político, social y cultural de la alimentación y abrió esta conversación que continúa vigente.
Pienso y sueño con que mi candidato ideal se inspire, piense, construya y actúe desde esa ideología. Tendría que comprender el valor del campo y de los campesinos más allá de los discursos. También saber que la cultura alimentaria habla de memoria, de soberanía, de seguridad, de economía, de tejido social, de identidad y de futuro.
Debería entender que modernizar no significa borrar lo anterior y que cuidar la biodiversidad, las tradiciones y quienes producen los alimentos también define el porvenir de un país. Porque la manera en la que una nación trata su tierra, sus agricultores y demás productores de alimentos, sus semillas, sus aguas, su despensa, también revela la sociedad que quiere construir.
LEA TAMBIÉN
En tiempos en los que abundan las soluciones inmediatas y las promesas vacías, el credo de Carlo Petrini reúne muchas de las cualidades que quisiera encontrar en el liderazgo de un gobernante: la capacidad de pensar a largo plazo, de entender el valor de los territorios y de comprender que el desarrollo de un país no puede construirse arrasando con todo aquello que le da identidad. Buen provecho.