Ningún mamífero amamanta tanto tiempo como el orangután: 6 años y medio de lactancia que moldean su sistema inmune y su flora intestinal de una forma que la ciencia acaba de revelar

La madre humana amamanta, de media, algo menos de dos años. La chimpancé llega a cuatro. La gorila, a tres. El orangután de Borneo, Pongo pygmaeus, supera los seis años y medio. El dato llevaba décadas flotando en la literatura primatológica, intuido pero sin confirmación directa, porque medir la lactancia en primates silvestres era técnicamente difícil. Ahora un equipo de Nur Syamimi Makbul, de SOKENDAI, la Graduate University for Advanced Studies de Japón, lo ha transformado en certeza. El estudio, publicado en Communications Biology, demuestra algo más que un récord: que esa lactancia prolongada moldea activamente el sistema inmune y la microbiota intestinal de las crías de una forma que los métodos anteriores no habían podido demostrar. Lo que el estudio revela no es solo cuánto tiempo mama el orangután, sino qué ocurre durante todo ese tiempo en el interior de su intestino.
Detectar la leche en las heces
Los análisis previos para estimar la duración de la lactancia en primates silvestres recurrían a los isótopos estables del cabello o de la dentina. Los resultados eran inconsistentes: dependían de condiciones de campo difíciles de controlar y de suposiciones sobre la dieta que introducían error en los cálculos. El equipo de Makbul optó por un enfoque diferente. La proteómica fecal identifica en las heces las proteínas específicas de la leche materna: si el juvenil sigue mamando, esas proteínas aparecen en sus excrementos; si ha sido destetado, desaparecen. Es un método directo, sin intermediarios bioquímicos que distorsionen la señal.
El equipo trabajó durante dos años y siete meses en la Reserva de Conservación de Danum Valley, en Sabah, Borneo, rastreando grupos de orangutanes silvestres y siguiendo a los juveniles identificados individualmente. Analizaron 20 muestras fecales de crías de hasta seis años y medio de edad y encontraron proteínas específicas de la leche materna en la totalidad de ellas: un resultado unánime que cerraba el debate sobre si la lactancia continuaba hasta esa edad o se interrumpía antes. La elección de Danum Valley no fue casual: es una de las pocas reservas de Borneo con una población de orangutanes lo bastante densa y bien estudiada como para garantizar el seguimiento longitudinal de individuos concretos durante años.
Las proteínas lácteas no dejan margen de interpretación. Si aparecen en las heces de un juvenil de seis años, ese juvenil sigue mamando. Y en Danum Valley, aparecieron en el cien por cien de las muestras.

El intestino que se construye con leche
El hallazgo del récord habría sido suficiente para justificar la publicación. Pero el equipo fue más lejos. Cruzaron los datos de consumo de leche con el estado de salud intestinal de los juveniles, y aquí es donde el estudio adquiere otra dimensión. Los orangutanes con mayor consumo de leche materna presentaban defensas biológicas más robustas y una concentración significativamente mayor de bacterias probióticas en su microbiota intestinal, el tipo de comunidad bacteriana asociada a sistemas inmunes más resistentes y equilibrados.
Dicho de otra forma: la leche del orangután no funciona únicamente como alimento. Actúa como un prebiótico activo que da forma a la microbiota intestinal durante años. La metáfora más adecuada quizás no sea la de un alimento, sino la de una siembra: la leche materna planta bacterias, selecciona cuáles prosperan y cuáles no, y mantiene ese proceso activo durante casi siete años. El proceso de colonización bacteriana del intestino, que en los humanos se completa en gran medida antes de los tres años, en el orangután de Borneo se extiende al menos hasta los seis y medio.
Lo que la lactancia prolongada construye no termina cuando termina la lactancia. La microbiota que se forma durante esos años acompañará al animal mucho después de que la cría sea independiente.
La correlación entre consumo de leche y microbiota es sólida, pero conviene ser precisos sobre su alcance. El diseño no permite establecer causalidad estricta en todos los eslabones de la cadena: podrían existir variables intermedias que expliquen parte de la relación. Dicho esto, el resultado unánime de las 20 muestras (proteínas lácteas presentes en todas ellas sin excepción) refuerza la robustez del hallazgo dentro de ese entorno específico. Y las muestras proceden de una reserva protegida, donde las condiciones para las hembras son favorables: los datos no son directamente extrapolables a orangutanes que sobreviven en bosques fragmentados, donde la presión ambiental sobre las madres es mucho mayor y las relaciones de cría pueden verse alteradas.
El precio del tiempo
Hay una consecuencia que el propio estudio señala con especial atención, y que transforma el dato estadístico en urgencia de conservación. Una hembra de orangután que amamanta durante más de seis años solo puede tener una nueva cría cada siete u ocho años, el ritmo reproductivo más lento entre los grandes primates y uno de los más bajos entre todos los mamíferos. En una especie críticamente amenazada como Pongo pygmaeus, donde la deforestación y la caza furtiva siguen reduciendo las poblaciones, cada cría que se pierde es un recurso biológico extraordinariamente difícil de reponer.
Y es que la lactancia prolongada no es un rasgo marginal: es la columna vertebral de la estrategia reproductiva del orangután. La madre invierte casi una década completa de su vida en cada cría, no por incapacidad de acelerar el proceso, sino porque ese tiempo de dependencia es el que garantiza la maduración correcta del sistema inmune y la microbiota. Acortarlo artificialmente, como ocurre en algunos contextos de cautividad, puede tener consecuencias sobre la salud a largo plazo de los animales que la ciencia aún no ha cuantificado de forma sistemática.
Lo que el estudio deja sin responder es igualmente relevante. La proteómica fecal ha demostrado que la lactancia continúa hasta los seis años y medio, pero el límite real del destete no está establecido: los investigadores no disponen de muestras de crías de mayor edad con las que fijar ese límite. Tampoco está claro si el mismo mecanismo de modulación de la microbiota opera en el orangután de Sumatra, Pongo abelii, que habita un entorno diferente y enfrenta presiones evolutivas distintas.
Lo que sí ha quedado claro es la potencia del método. Si la proteómica fecal puede trazar con este nivel de resolución la historia nutricional de un juvenil a partir de sus excrementos, es probable que su aplicación en otras especies amenazadas revele periodos de dependencia prolongada que los métodos anteriores llevaban años subestimando. El orangután de Borneo ha sido el primero. Difícilmente será el último.
Referencias
- Makbul, N.S. et al. (2026). Orangutans breastfeed for six and a half years, the longest among mammals. Communications Biology. DOI: 10.1038/s42003-026-09968-2 https://phys.org/news/2026-05-orangutans-breastfeed-years-longest-mammals.html
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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