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Un excepcional naufragio conserva más de 300 ánforas de los siglos V-IV a.C. y promete revelar nuevas pistas sobre el comercio del vino en la antigua Magna Grecia

📅 🕐 hace 5 d🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
Un excepcional naufragio conserva más de 300 ánforas de los siglos V-IV a.C. y promete revelar nuevas pistas sobre el comercio del vino en la antigua Magna Grecia
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Frente al litoral de Monasterace, en la región italiana de Calabria, un equipo de especialistas ha localizado los restos de un naufragio datado entre los siglos V y IV a.C. que conserva un cargamento excepcional: más de 300 ánforas distribuidas sobre el fondo marino. El descubrimiento, que acaba de ser presentado por la Soprintendenza ABAP para la Ciudad Metropolitana de Reggio Calabria y la provincia de Vibo Valentia, podría aportar información inédita sobre el comercio mediterráneo en plena época clásica.

Lo más llamativo no es únicamente la cantidad de recipientes conservados, sino el potencial científico que encierra el conjunto. Los investigadores consideran que este pecio podría ayudar a reconstruir algunas de las rutas marítimas que conectaban los principales centros comerciales del Mediterráneo hace más de 2.400 años, especialmente aquellas relacionadas con la producción y distribución de vino procedente de la costa jónica de la Magna Grecia.

La Magna Grecia fue el nombre con el que los romanos identificaron las colonias fundadas por los griegos en el sur de Italia desde el siglo VIII a.C. Ciudades como Tarento, Crotona, Locri o Síbaris se convirtieron en importantes centros económicos y culturales que mantuvieron intensos intercambios con el resto del mundo mediterráneo. Sin embargo, muchas de las dinámicas comerciales de aquella época continúan siendo objeto de debate entre los especialistas.

Precisamente por eso, la aparición de un cargamento tan bien conservado resulta especialmente valiosa. Las ánforas eran los grandes contenedores de transporte de la Antigüedad. En ellas se almacenaban productos tan apreciados como vino, aceite o conservas de pescado, y sus formas, tamaños y características de fabricación permiten a los arqueólogos identificar con bastante precisión los lugares donde fueron producidas.

Un hallazgo surgido durante los estudios para un parque eólico marino

A diferencia de muchos descubrimientos arqueológicos fortuitos, este hallazgo fue el resultado de una investigación planificada. Tal y como ha revelado la Soprintendenza italiana, el pecio fue localizado en 2023 durante una serie de estudios de arqueología preventiva realizados en el marco de los análisis de viabilidad para la construcción de un parque eólico offshore.

Las prospecciones reunieron a un amplio equipo multidisciplinar formado por arqueólogos submarinos, geólogos, físicos, químicos y biólogos marinos. Gracias a la utilización de tecnologías avanzadas de cartografía y caracterización de los fondos marinos, los investigadores pudieron detectar anomalías que finalmente condujeron a la identificación del naufragio.

Este tipo de trabajos se ha convertido en una herramienta cada vez más importante para la protección del patrimonio sumergido. En numerosos casos, los proyectos de infraestructuras marítimas permiten localizar y documentar restos arqueológicos desconocidos antes de que puedan verse afectados por futuras obras.

Tras analizar la información obtenida, los especialistas elaboraron un informe técnico que fue remitido a las autoridades responsables de la protección del patrimonio cultural. A partir de ese momento se puso en marcha un amplio proyecto destinado a garantizar la conservación, estudio y recuperación de los materiales.

Detalle del cargamento de ánforas conservado en el pecio hallado frente a la costa de Calabria
Detalle del cargamento de ánforas conservado en el pecio hallado frente a la costa de Calabria. Foto: Soprintendenza ABAP per la città di Reggio Calabria e Vibo Valentia

La iniciativa cuenta con financiación del Ministerio de Cultura italiano y reúne a arqueólogos, restauradores y expertos en conservación del patrimonio subacuático, además de contar con la colaboración de unidades especializadas de los Carabinieri dedicadas tanto a operaciones submarinas como a la protección del patrimonio cultural.

Las más de 300 ánforas halladas en el pecio podrían ayudar a identificar los centros productores que abastecían las rutas comerciales de la Magna Grecia hace más de 2.400 años.

Dos grupos de ánforas separados por diez metros

Las investigaciones no se detuvieron tras el descubrimiento inicial. Desde 2025 los especialistas desarrollan nuevas campañas destinadas a documentar con detalle la extensión real del yacimiento y la disposición exacta del cargamento.

Uno de los resultados más interesantes obtenidos hasta ahora procede de los trabajos de fotogrametría submarina. Esta técnica permite generar modelos tridimensionales extremadamente precisos del fondo marino y de los objetos arqueológicos, facilitando su estudio sin necesidad de extraerlos inmediatamente.

Los análisis han confirmado que las más de 300 ánforas no aparecen agrupadas en una única concentración. Por el contrario, se distribuyen en dos conjuntos diferenciados separados aproximadamente por diez metros de distancia.

Según las primeras interpretaciones, esta dispersión no respondería a la forma original en que viajaba la carga. Los arqueólogos consideran que probablemente fue provocada por actividades humanas posteriores al naufragio, especialmente por la pesca de arrastre.

La pesca de arrastre constituye una de las mayores amenazas para numerosos yacimientos arqueológicos submarinos. Las redes y equipos utilizados pueden desplazar materiales, fragmentar estructuras y alterar contextos arqueológicos que han permanecido estables durante siglos.

En este caso, la evidencia observada sobre el terreno apunta precisamente a este fenómeno. La separación de los dos grupos de ánforas habría sido consecuencia del paso repetido de artes de pesca por la zona, modificando parcialmente la disposición original del cargamento.

Vista general del cargamento de ánforas disperso sobre el fondo marino
Vista general del cargamento de ánforas disperso sobre el fondo marino. Fuente: Soprintendenza ABAP de Reggio Calabria y Vibo Valentia

Los arqueólogos han documentado dos concentraciones de ánforas separadas por unos diez metros, una disposición que podría haber sido alterada por la pesca de arrastre moderna.

Una decisión excepcional para salvar el cargamento

En arqueología subacuática existe un principio ampliamente aceptado: siempre que sea posible, los restos deben conservarse en el lugar donde fueron encontrados. Esta filosofía quedó recogida en la Convención de la UNESCO de 2001 sobre la protección del patrimonio cultural subacuático.

La razón es sencilla. El entorno submarino puede actuar como un extraordinario sistema de conservación natural, preservando materiales durante siglos o incluso milenios. Además, la extracción de objetos implica complejos procesos de restauración y conservación posteriores.

Sin embargo, existen excepciones cuando el yacimiento se encuentra amenazado. Y eso es precisamente lo que ocurre frente a las costas de Monasterace.

Tal y como ha indicado la Soprintendenza responsable del proyecto, la combinación entre la configuración específica del pecio y el riesgo de nuevos daños derivados de la actividad pesquera ha llevado a los expertos a adoptar una solución poco habitual: recuperar la totalidad del cargamento.

La decisión busca garantizar tanto la conservación a largo plazo de las ánforas como su estudio científico detallado. Una vez completados los trabajos de restauración, los materiales podrán ser exhibidos públicamente, permitiendo que este fragmento de la historia mediterránea deje de permanecer oculto bajo las aguas.

El pecio conserva centenares de ánforas que podrían ayudar a reconstruir las rutas comerciales de la antigua Magna Grecia
El pecio conserva centenares de ánforas que podrían ayudar a reconstruir las rutas comerciales de la antigua Magna Grecia. Foto: Soprintendenza ABAP per la città di Reggio Calabria e Vibo Valentia

Más de 2.400 años después de su hundimiento, el barco vuelve a contar la historia de las rutas comerciales que conectaban la Magna Grecia con otros puertos del Mediterráneo.

Un viaje al corazón del comercio de la Magna Grecia

Aunque todavía queda mucho trabajo por delante, los investigadores son optimistas sobre la información que puede proporcionar este yacimiento.

Las primeras observaciones sugieren que las formas de las ánforas guardan relación con producciones cerámicas conocidas tanto en diversos centros de la Magna Grecia como en Sicilia. Confirmar estos vínculos permitiría comprender mejor las conexiones comerciales existentes entre ambas regiones durante la época clásica.

Además, los análisis arqueométricos y de laboratorio podrían aportar información sobre el contenido original de los recipientes, ayudando a determinar qué productos transportaba exactamente el barco cuando se hundió.

Si se confirma que una parte significativa del cargamento estaba destinada al comercio vinícola, el hallazgo ofrecería una oportunidad excepcional para estudiar uno de los sectores económicos más importantes del Mediterráneo antiguo. El vino no era simplemente una bebida; constituía un producto estratégico que generaba riqueza, articulaba redes comerciales y contribuía a difundir costumbres culturales entre comunidades muy alejadas entre sí.

Más de dos milenios después de su naufragio, este barco vuelve así a emprender un nuevo viaje. Ya no navegará entre puertos griegos, itálicos o sicilianos, sino entre laboratorios, museos y centros de investigación. Y en ese recorrido podría aportar algunas de las claves necesarias para comprender mejor cómo funcionaba el comercio en uno de los momentos más dinámicos de la historia del Mediterráneo.

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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