Un estudio descubre por qué los egipcios eligieron a un babuino como dios hace más de 3.000 años: la respuesta estaba en la luz de la Luna

Durante siglos, los egiptólogos han intentado responder a una pregunta que, a simple vista, parece casi imposible: ¿por qué un mismo dios del antiguo Egipto podía adoptar la forma de dos animales completamente distintos? Mientras la mayoría de las divinidades egipcias se asociaban a una única especie reconocible, Thot, el dios de la sabiduría, la escritura, la magia y la Luna, era representado tanto como un ibis sagrado como un babuino sagrado egipcio. La elección del ave parecía tener cierta lógica. La del primate, en cambio, seguía siendo un auténtico misterio.
Ahora, una investigación publicada en la revista Time and Mind propone una respuesta tan sencilla como inesperada. Tal y como revela el estudio, ambos animales comparten una característica física que los antiguos egipcios pudieron considerar sagrada: el color de sus cuerpos reproduce con una extraordinaria fidelidad el espectro luminoso de la luz de la Luna.
La propuesta resulta especialmente llamativa porque no se basa en interpretaciones artísticas o simbólicas, sino en mediciones científicas. Los investigadores recurrieron a la espectroscopia, una técnica que permite analizar objetivamente la luz reflejada por una superficie, para comparar el brillo del plumaje del ibis, el pelaje del babuino y la propia luz lunar.
El resultado no solo ofrece una posible solución a un debate que lleva abierto más de un siglo. También permite asomarse, de una forma poco habitual, a la manera en que los antiguos egipcios interpretaban el mundo natural y construían su universo religioso.
Un dios diferente a todos los demás
Comprender la importancia del hallazgo exige detenerse primero en quién era Thot dentro del complejo panteón egipcio. Este dios desempeñaba un papel esencial en la religión faraónica. Era considerado el inventor de la escritura, protector del conocimiento, árbitro del orden cósmico y una de las principales divinidades vinculadas a la Luna. Su figura aparece constantemente en templos, tumbas y textos religiosos a lo largo de más de tres milenios de historia.
Lo extraordinario es que podía representarse de dos formas distintas. En unas ocasiones aparecía como un ibis sagrado; en otras, como un babuino hamadrias sentado en actitud solemne, contemplando el horizonte o levantando los brazos hacia el cielo.
Esta dualidad siempre ha desconcertado a los especialistas. Mientras otros dioses mantenían una asociación relativamente estable con un único animal —como Anubis con el chacal o Hathor con la vaca—, Thot rompía esa regla.
Durante décadas se pensó que el ibis había sido elegido por la forma curvada de su pico, semejante a una media luna, o por el contraste entre las plumas negras y blancas de su cuerpo. Sin embargo, ninguna de esas explicaciones permitía comprender por qué el otro animal elegido era precisamente un babuino.
La incógnita era aún mayor porque el babuino hamadryas ni siquiera vivía de forma natural en Egipto durante el Holoceno. Los ejemplares encontrados en necrópolis y templos llegaron mediante redes comerciales que conectaban el valle del Nilo con regiones situadas mucho más al sur del mar Rojo y el Cuerno de África.

Los antiguos egipcios no eligieron cualquier babuino: escogieron precisamente la especie cuyo pelaje refleja la luz de forma más parecida a la Luna.
La clave estaba en algo que nadie había medido
El nuevo trabajo parte de una idea desarrollada recientemente por varios especialistas en filología egipcia. Tal y como indica el estudio, investigaciones lingüísticas habían sugerido que el nombre egipcio de Thot podría derivar de un antiguo término afroasiático relacionado con los conceptos de «blanco», «brillante» o «cosa luminosa». Si esa interpretación era correcta, quizá el elemento realmente importante no era la forma de los animales, sino su color.
Pero ¿cómo demostrar algo así sin depender de la percepción humana?
Aquí entra en juego la espectroscopia. Aunque el nombre pueda parecer complejo, el principio es relativamente sencillo. Del mismo modo que un prisma descompone la luz en distintos colores, un espectrómetro permite medir con enorme precisión qué longitudes de onda refleja una superficie.
En lugar de preguntar si un animal «parece» gris o blanco, la técnica ofrece una especie de huella digital de la luz que refleja.
Los investigadores analizaron ejemplares conservados en el Museo Americano de Historia Natural. Midieron el pelaje de dos especies de babuino conocidas por los antiguos egipcios: el babuino oliva (Papio anubis) y el babuino hamadryas (Papio hamadryas). También estudiaron el plumaje del ibis sagrado. Después compararon esos datos con el espectro de la luz lunar.
El babuino correcto era el que más se parecía a la Luna
Los resultados fueron sorprendentemente claros. El pelaje gris plateado del babuino hamadryas (también conocido como babuino sagrado egipcio), reproduce prácticamente el mismo perfil espectral que la luz de la Luna. Lo mismo sucede con el plumaje blanco del ibis sagrado.
En cambio, el babuino oliva ofrece un patrón completamente distinto. Su pelaje refleja más las longitudes de onda asociadas a tonos verdosos, de ahí precisamente su nombre común.
La diferencia no era menor. Según muestra el estudio, el babuino sagrado egipcio refleja mucha más luz y presenta un brillo muy superior al de otras especies de primates conocidas por los egipcios.
En los machos adultos esa característica alcanza un nivel aún más llamativo. Su espectacular melena gris plateada y las largas barbas blancas que rodean la cabeza producen un efecto visual de enorme luminosidad. Precisamente esas son las partes del cuerpo que más destacan en numerosas representaciones artísticas del antiguo Egipto.
La conclusión propuesta por los autores es que la elección de ambas especies no habría sido casual. Entre todos los ibis conocidos escogieron el más blanco. Entre todos los babuinos disponibles eligieron el de aspecto más plateado. Ambos compartían una cualidad que los vinculaba visualmente con la Luna.
Mucho más que un problema de colores
Puede parecer una cuestión menor. Sin embargo, el alcance del trabajo va bastante más allá del aspecto físico de dos animales.
Los antiguos egipcios observaban la naturaleza con enorme atención. Sabían distinguir especies muy parecidas entre sí y reproducían esos detalles con notable precisión en sus relieves y pinturas.
Eso significa que la elección de determinados animales para representar a los dioses probablemente respondía a criterios muy concretos y no únicamente a tradiciones heredadas.
El estudio sugiere que la apariencia luminosa de ciertas especies desempeñó un papel decisivo en la construcción de su simbolismo religioso.
Es una idea comparable a lo que ocurre cuando hoy asociamos automáticamente determinados colores a conceptos abstractos. El blanco suele relacionarse con la pureza; el negro, con el luto; el dorado, con el poder. Para los egipcios, el brillo plateado que evocaba la luz lunar pudo convertirse en una señal visible de lo divino.

El misterio llevaba más de un siglo intrigando a los egiptólogos y la respuesta no estaba en la forma del babuino, sino en cómo reflejaba la luz.
Los babuinos también fascinaban por su comportamiento
La investigación recuerda además que la relación entre los egipcios y los babuinos era excepcional.
En gran parte de África estos primates han sido tradicionalmente considerados animales problemáticos porque destruyen cultivos y compiten con las comunidades humanas por los alimentos.
Egipto fue una de las pocas culturas que no solo los respetó, sino que los convirtió en seres sagrados.
Las excavaciones arqueológicas han recuperado cientos de babuinos momificados en templos y necrópolis. Algunos incluso recibieron nombres propios y fueron enterrados con ceremonias rituales.
Las fuentes antiguas describen además comportamientos que llamaron poderosamente la atención de los sacerdotes. Textos de época tardía afirman que los babuinos reaccionaban durante determinados fenómenos astronómicos relacionados con la Luna y el Sol, una idea que, aunque envuelta en simbolismo religioso, encuentra cierto paralelismo en observaciones modernas sobre cambios de comportamiento de estos primates durante eclipses.
Para los investigadores, estos datos ayudan a comprender por qué los babuinos llegaron a ocupar un lugar tan destacado dentro del pensamiento religioso egipcio.
Una ventana excepcional a la forma de pensar de una civilización
Lo más interesante del estudio quizá no sea únicamente haber encontrado una posible explicación para uno de los símbolos más enigmáticos del antiguo Egipto.
Su mayor aportación consiste en demostrar que la ciencia moderna puede acercarse a cuestiones tradicionalmente consideradas inaccesibles, como la forma en que una civilización interpretaba su entorno hace más de tres mil años.
Tal y como indica la investigación, comprender por qué los egipcios eligieron determinadas especies permite reconstruir parte de su manera de observar la naturaleza. No se trata únicamente de saber qué animales veneraban, sino de descubrir qué características consideraban dignas de representar lo sagrado.
En este caso, la respuesta no estaba escondida en un templo perdido ni en un nuevo papiro. Estaba literalmente reflejada en la luz.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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