Trump sopla 80 velas en la jaula de lucha de la Casa Blanca

Ha querido el destino que el 250 aniversario de los Estados Unidos de América coincida con el 80 cumpleaños de Donald Trump, y que la imagen elegida por la Casa Blanca para abrir esa conmemoración no sea una ceremonia solemne ante el Capitolio, ni … una lectura de la Declaración de Independencia, ni un desfile de veteranos, sino una jaula de lucha instalada en el jardín sur de la residencia presidencial.
Sobre el que quizá sea el césped más famoso del mundo, escenario diario del poder norteamericano, se levanta estos días un octágono metálico de la UFC, la gran liga de las artes marciales mixtas. La Casa Blanca lo ha incorporado a los actos de America 250, la celebración del cuarto de milenio de la República. La fecha de este domingo concentra varios símbolos: 14 de junio, Día de la Bandera, inicio de las celebraciones nacionales y cumpleaños del presidente que hizo de la avanzada edad de Joe Biden uno de los grandes argumentos de su regreso al poder.
La escena tiene un sello muy reconocible. La América oficial, la de los mármoles, las bandas militares, las recepciones diplomáticas y las referencias solemnes a los padres fundadores, aparece aquí mezclada con los gustos personales de Trump: el espectáculo, el combate, la televisión en directo, la fuerza física y el desafío. La Casa Blanca, tantas veces utilizada como marco para cenas de Estado o actos de unidad nacional, se convierte por una noche en la arena del combate.
Trump mantiene desde hace años una relación estrecha con la UFC y con su presidente, Dana White. Cuando las artes marciales mixtas eran aún un espectáculo polémico y prohibido en varios estados, Trump les abrió las puertas de sus casinos en Atlantic City. Décadas después, ya convertido de nuevo en presidente, lleva ese universo al centro simbólico del poder estadounidense. El combate entre el español Ilia Topuria y el estadounidense Justin Gaethje ofrece además la combinación que más le gusta: público, cámaras, bandera, rivalidad y una escenografía exagerada en la que se mueve como pez en el agua.
La jaula encaja con una imagen que Trump ha cultivado durante toda su carrera política: la del hombre que pelea, aguanta, no se rinde y convierte cada elección en un combate personal. En sus mítines, en sus mensajes y en su relación con los medios, el lenguaje de la lucha ha sido una constante. Esta vez, sin embargo, no es una metáfora. El octágono está físicamente en el jardín sur de la Casa Blanca, para irritación de sus críticos y entusiasmo de sus seguidores, que ven en cada ruptura del protocolo otra prueba de que Trump sigue dispuesto a alterar los usos y costumbres ancestrales de Washington.
¿Qué se verá dentro de la jaula que Donald Trump ha hecho levantar para la pelea de Ilia Topuria coincidiendo con su cumpleaños? Acompáñenme. pic.twitter.com/bUBksSRMRj
— David Alandete (@alandete) June 12, 2026
La verdad es que la fecha introduce un elemento incómodo. Trump cumple 80 años. Él mismo ha reconocido que no es algo que le haga feliz. Tres días antes de su cumpleaños, en el Despacho Oval, junto al televisivo doctor Mehmet Oz, administrador de los Centros de Medicare y Medicaid, el presidente dejó una frase reveladora: «No tenéis que desearme feliz cumpleaños, porque no estoy contento con ese cumpleaños». Dijo que no era un número en el que hubiera pensado mucho ni un número que le gustara. «Pero aquí estoy, de todos modos», añadió.
Ese resignado «aquí estoy» resume bien el momento político. Trump es ya el presidente de más edad en tomar posesión del cargo en Estados Unidos. Llega a los 80 después de haber construido parte de su campaña contra Joe Biden sobre la edad, la falta de energía y el deterioro físico de su antecesor. Durante meses se burló de sus tropiezos, sus lapsus, su forma de caminar y sus silencios. Ahora, inevitablemente, ese mismo foco empieza a desplazarse hacia él. La edad entra también en el relato de su presidencia y reaparece cada vez que se le ve cansado, cada vez que cierra los ojos en una comparecencia o cada vez que la Casa Blanca se ve obligada a explicar algún detalle de su salud como los moratones en sus manos.
La edad, que Trump usó contra Biden, entra en el relato de su presidencia y reaparece cada vez que se le ve cansado o cierra los ojos en una comparecencia
La Casa Blanca intenta anticiparse a ese debate con una imagen de vigor. En un acto reciente sobre salud maternal en el Despacho Oval, Trump aseguró que se siente igual que hace 50 años. «No sé por qué», dijo, antes de bromear con que quizá la comida basura, de la que abusa, sea buena y la comida sana no tanto. Conocido por su gusto por las hamburguesas, los refrescos y los filetes, contó que conoce a muchas personas obsesionadas del peso que solo comen apio en los restaurantes y, pese a todo, acaban muriendo antes de tiempo.
Salud presidencial a debate
Como es costumbre, Trump fue evaluado el 26 de mayo en el hospital militar de Walter Reed. Pero en esta ocasión por 22 especialistas médicos, una cifra inusual y superior a la de sus revisiones anteriores: 13 especialistas en 2018, 11 en 2019 y 14 el año pasado. También supera los datos conocidos de otros presidentes recientes: George H. W. Bush fue visto por cinco especialistas en su primer chequeo presidencial y George W. Bush por doce.
La Casa Blanca sostiene que se trató de una evaluación «completa y preventiva» y que el presidente está en «excelente salud». El informe, firmado por el médico presidencial Sean Barbabella, aseguró incluso que su salud cardiovascular es comparable a la de una persona 14 años más joven, según un análisis de electrocardiograma asistido por inteligencia artificial. Trump lo celebró en la red Truth Social con su fórmula habitual: todo había salido «PERFECTAMENTE».
Aun así, las dudas sobre su salud no se han disipado. En los últimos meses se han visto imágenes de Trump con moratones en las manos, hinchazón en los tobillos y una decoloración detrás de la oreja derecha. La Casa Blanca atribuyó la hinchazón a una insuficiencia venosa crónica, una dolencia frecuente en personas mayores que dificulta el retorno de la sangre desde las piernas al corazón. Los moratones, según la versión oficial, se deben a los frecuentes apretones de manos y al uso de aspirina. La marca detrás de la oreja fue atribuida a una crema, sin más detalles. También ha habido preguntas por una prueba de imagen que en un primer momento fue descrita como una resonancia y después como un TAC.
En los últimos meses se han visto imágenes de Trump con moratones en las manos, hinchazón en los tobillos y una decoloración detrás de la oreja derecha
Nada de eso ha alterado la puesta en escena. Al contrario. Cuanto más inevitable resulta el debate sobre la edad, más visible es el esfuerzo por rodear al presidente de símbolos de energía y vigor. La UFC en la Casa Blanca cumple esa función. No hay muchas imágenes más obvias para contraponer a la fragilidad que se atribuyó a Biden que una noche de luchadores profesionales, con militares invitados, banderas y cámaras de televisión. El presidente cumple 80 años, pero la escena que se ofrece no es la de un presidente soplando velas rodeado de sus nietos, sino la de un comandante en jefe presidiendo un combate mientras la guerra en Irán sigue abierta y sus compromisos se acumulan.
El 250 aniversario, a su medida
La cuestión de fondo es cómo una celebración nacional acaba mezclada con la biografía y los gustos de un presidente. America 250 nació como una conmemoración institucional del nacimiento de la república en 1776. En teoría, debía servir para recordar la independencia, la Constitución, la ciudadanía, las libertades, las contradicciones históricas y la continuidad democrática de un país dividido. En la práctica, su primera gran imagen pública es una jaula de la UFC en el jardín de la Casa Blanca, coincidiendo con el cumpleaños de Trump.
La comparación con 1976 resulta inevitable. Entonces, Estados Unidos celebró su bicentenario apenas dos años después de la dimisión de Richard Nixon por el Watergate. El país venía de Vietnam, de la violencia de los años 60, de disturbios raciales y de una grave crisis de confianza en las instituciones. Aun así, el bicentenario dejó una imagen de recomposición nacional. Gerald Ford, un presidente accidental, entendió que su papel era ayudar a cerrar heridas. Las fotografías de aquel verano fueron los grandes veleros en el puerto de Nueva York, las banderas, las ceremonias cívicas y una voluntad de mostrar que la república había sobrevivido a sus propias fracturas.
Medio siglo después, el ambiente es distinto. Estados Unidos llega a su 250 aniversario con una división política más intensa, una política más personalista y un presidente que rara vez abandona el tono de campaña. Trump no separa con facilidad los símbolos comunes de la lucha partidista. En su manera de ejercer el poder se mezclan la nación, el movimiento, la presidencia y su propia figura.
A esa personalización se añade otro episodio poco habitual. La organización de America 250 había previsto una serie de conciertos gratuitos en el National Mall, el gran eje monumental de Washington entre el Capitolio y el Lincoln Memorial. Pero varios artistas anunciados se han retirado al conocer el vínculo del evento con la maquinaria política de Trump y la Casa Blanca. Entre ellos figuraban Martina McBride, Bret Michaels, Young MC y The Commodores, según medios estadounidenses. Trump respondió proponiendo ocupar él mismo ese vacío con un gran discurso suyo en el Mall. Es decir, donde debía haber música y una celebración cívica abierta, el presidente plantea ahora un mitin, en el corazón simbólico de la capital.
Un regalo amargo
El primer regalo anticipado de cumpleaños le llegó a Trump, sin embargo, en forma de revés judicial. A pocas horas de cumplir 80 años, el nombre de Donald Trump fue retirado de la fachada del Kennedy Center de Washington por orden de un juez federal. La imagen resume también los límites de esa voluntad de marcar con su nombre los espacios simbólicos de la capital.
El juez Christopher Cooper dictaminó que el centro de artes escénicas no podía ser rebautizado sin autorización del Congreso. La ley estadounidense designa oficialmente el edificio en recuerdo del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963. El magistrado ordenó que el nombre de Trump desapareciera de la fachada, de la página web y de todos los materiales oficiales antes del 12 de junio.
El Kennedy Center comunicó al tribunal que había cumplido la resolución. Operarios levantaron andamios el viernes por la tarde, ante decenas de curiosos y manifestantes, aunque las tormentas retrasaron la retirada hasta la madrugada del sábado. La Administración Trump intentó a última hora suspender la orden, pero el juez rechazó la petición y un tribunal de apelaciones declinó intervenir de inmediato. Fue la demostración de que ni siquiera en tan importante aniversario Trump puede salirse siempre plenamente con la suya.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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