Con su cara de niña y su voz de castañuelas, anda por el mundo encendiendo pasiones. Pero no cualquier pasión. La pasión por la literatura, por escribir, por atreverse a florecer en la hoja en blanco.
Rosa Montero es una de las grandes firmas de la literatura española contemporánea con más de una treintena de títulos —varios best sellers—, traducida a otras tantísimas lenguas y, según ha dicho Juan Cruz Ruiz —su compañero en el diario El País—, es quizá “la mejor periodista de habla española”. Montero ha pasado toda su vida profesional en este periódico y ha dejado su sello en distintas áreas. En los últimos tiempos, su voz se hace sentir a través de sus columnas dominicales, aunque vale la pena recorrer su historial de reportajes del volumen Cuentos verdaderos.
La agenda de Montero estresa de solo imaginarla. No para un minuto. Escribe, viaja por todo el mundo, da conferencias, participa de un club de lectura, presenta libros, forma parte de jurados literarios o los preside. Hace poco entregó a su editorial Un día en la vida de Clarita, una novela corta que estará a la venta en septiembre, y en mayo estrenó la ópera El día antes en Viena, un guion que escribió inspirada en la Ilíada y los textos de Simone Veil, bajo pedido de la compositora musical Brigitta Muntendorf. Este momento de gran brillo y exposición se refleja en la crítica publicada hace poco en The New York Times, donde se califica como brillante El peligro de estar cuerda, un libro que escribió en 2022, pero que Europa Editions acaba de lanzar en Estados Unidos y Gran Bretaña.
Pero algo muy particular de su vida tan ocupada es que se ha convertido en una influencer de 75 años que maneja las redes como una quinceañera. Supera por lejos el medio millón de seguidores en distintas plataformas. Arrea multitudes con un entusiasmo que no deja indiferente. Confiesa su amiga y vicedirectora de la RAE Carme Riera: “Le envidio la energía y el entusiasmo. Rosa tiene una increíble capacidad de crear, de conectar y empatizar. Hace una literatura joven y su público lo celebra”.
Rosa Montero es una de las grandes firmas de la literatura española contemporánea. Foto:Iván Giménez
Se ve que se lleva de maravilla con la tecnología…
Pues, soy muy tecnológica. Lo que pasa es que estamos ahora mismo, como cuento en mi último libro de Bruna Husky, en un momento muy peligroso con la IA que puede llevarnos incluso a la destrucción como especie. No lo digo yo sola, lo dice gente como Geoffrey Hinton, padre de la IA y premio Nobel de física de 2024. Es el mayor salto tecnológico que ha hecho el ser humano y va a una velocidad exponencial. Es un cambio de vida absolutamente radical que no sabemos gestionar y no estamos legislando para corregir los excesos. Hay montones de peligros.
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¿Cuál es el peor?
Llegar a la super inteligencia artificial y que seamos las hormigas para esa inteligencia. Eso por un lado, pero antes hay otro montón de peligros. Según la experta italiana Francesca Bria, se está produciendo un golpe de Estado en el mundo, secreto, silencioso, a cargo de las grandes empresas tecnológicas. Estamos dejando, tanto en Europa como en toda América, en manos de los empresarios tecnos los sectores críticos de nuestra sociedad. La defensa, las comunicaciones, el transporte, la salud, la educación. Y no estamos haciendo nada para parar esto.
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Hablemos de su trabajo literario, que tiene mucha investigación y documentación…
Hay que tener mucho cuidado cuando escribes ficción con la documentación. Tiene que ser documentación viva porque esta puede afectar un libro de ficción. La documentación viva es que lo que escribes ya lo sepas. O sea, no es que te documentas para la novela. Haces una novela sobre temas que ya sabes y a lo mejor te tienes que documentar en la sintonía fina, nada más.
¿Agoniza la literatura como dicen algunos?
No, para nada. Yo creo que está muy viva. Aunque tengo un pequeño temor y es el de la infección, por así decirlo, de la realidad dentro de la ficción. He trabajado autoficción en algunos de mis libros; todo eso me parece bien, pero pienso que la ficción en general está invadida por la realidad, que demasiados escritores parten solo de su realidad y solo hablan de ella. Eso está siendo valorado en exceso por la crítica convencional e indica una falta de vigor creativo en el momento literario, que no quiere decir que la literatura esté en decadencia, sino que estamos pasando por un mal momento sociológico, probablemente una sociedad vieja que no sabe qué hacer consigo misma.
En este 2023, Montero lanzó su novela, titulada ‘La desconocida’. Foto:EFE
¿Qué escribe ahora?
Acabo de terminar una novela corta que saldrá en septiembre, y que es ficción. Surgió porque un editor me pidió un primer capítulo de una novela escrita por un grupo de mujeres. Tenía que hacerlo instalada en una residencia para escritores en Francia, pero me enfermé y no pude ir. Entonces propuse escribirlo igual. Cuando empecé apareció este personaje, Clarita, y fue una posesión, me robó el corazón en las primeras treinta líneas y dije no. Esto es mío y lo quiero. Me senté y en seis meses la terminé. Se llama Un día en la vida de Clarita.
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¿De qué iba la ópera El día antes?
El día antes de la Tercera Guerra Mundial, del apocalipsis bélico, que es donde estamos. Escribí esta obra el año pasado y desde entonces el mundo no ha hecho otra cosa que aproximarse más y más hacia una guerra global.
En enero, cuando cumplió 75 años, escribió en una de las columnas que no se percibe de esa edad…
En el artículo me refería también a la célebre frase de Oscar Wilde que dice “lo peor no es envejecer, lo peor es que no se envejece”, porque resulta que por dentro siempre uno se sigue viendo niño. Y cada vez hay una disociación mayor entre tu autopercepción interior y la ruina exterior.
50 libros recomendados por grandes personajes del 2025 Foto:Cortesía
De joven yo tenía terror a la muerte y lo que he hecho ha sido escribir, e ir creciendo un poco en el entendimiento de que la vida se acaba, que es lo que es. Porque la muerte no es lo que da miedo, lo que da miedo es dejar de vivir.
Antes se percibía como vieja a una persona de 50 años, pero ha habido un gran corrimiento en las edades…
Ahora vivimos mucho más, y en unas condiciones físicas mejores. Pero ahora hemos conseguido tener visibilidad más allá de los 20 años, que es una manera de conquistar la propia vida en un sentido más amplio. Antes solo aparecían en los periódicos las actrices jóvenes, mujeres guapas. Ahora la visión de la mujer es completamente distinta, más plural, más humana…
Gran cambio…
La deconstrucción del sexismo en el mundo, que era una costumbre milenaria, ha sido radical, rapidísima y tajante. Una de las grandes revoluciones del siglo XX, de hecho. Hasta principios del siglo XX las mujeres no podíamos ni siquiera estudiar en la universidad. En España no se nos permitió hasta 1911, creo recordar. Tampoco podíamos votar en general hasta mediados del siglo XX. No hablemos de Afganistán, donde se han perdido derechos. O de Arabia Saudita, donde solo pueden votar en las municipales. Pero para que ocurrieran estos cambios tan fenomenales hizo falta que los hombres cambiaran y el mundo también. Por eso el feminismo, o el antisexismo, no es un tema de las mujeres, es un tema de todos. Como decía Simone de Beauvoir, el machismo es un problema de los hombres con las mujeres.
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¿Ha tenido problemas alguna vez en su carrera por ser mujer?
Toda la vida. Lo que pasa es que yo nací en una dictadura y Franco murió cuando yo tenía 24 años. Era un mundo tremendamente machista. Así que sí, las mujeres de entonces hemos tenido que tirar las paredes del mundo a cabezazos. Lo que pasa es que lo dabas por natural, en el sentido de que sabías que las circunstancias eran así.
Siguiendo con el tema de la edad, ¿se lleva bien con lo que ve cuando se mira al espejo?
Me llevo bien, aparte de que de vez en cuando veo a mi madre, que eso es un poquito inquietante. Me reconozco, no es que me guste, tampoco que me disguste, no sé. No me siento extraña de esa persona.
¿Le gusta el término tercera edad para hablar de las personas mayores?
Me parece horrible. Eufemismo absurdo. Soy vieja y vieja es una palabra estupenda…
En su libro La ridícula idea de no volver a verte, escribió que la vejez es una edad heroica. ¿Por qué lo es?
Porque para no tener miedo, para mantenerte con dignidad, para no ser llorón, hay que ser heroico. Es muy difícil. Lo decía Bette Davis: envejecer no es para débiles. Hay que tener mucho valor. Porque es una época tremenda, pierdes a todo el mundo. Además, estas vejeces larguísimas que hay ahora son carísimas. Y, si vives, no todo el mundo puede mantener una vejez digna, además de que siempre va a llegar el deterioro, la ancianidad. Tú crees que a ti no te va a pasar, pero si no te mueres antes, y si vives lo suficiente, siempre te llega. Vas dejando de ser autónoma, vas perdiendo facultades, puedes ir perdiendo la cabeza, te vas deteriorando, se va muriendo tu gente, la gente que quieres. Como he dicho muchas veces, yo ya a estas alturas me siento un árbol de un bosque que está siendo talado. Es una sensación tremenda. Mi madre murió con 99 años y ya no le quedaba ningún amigo. Nadie. Eso es un horror.
La escritora Rosa Montero nació el 3 de enero de 1951. Foto:Cortesía Iván Giménez/ Editorial Seix Barral
¿Ha dejado de hacer cosas con el paso del tiempo?
Por ahora no, absolutamente nada. Si tengo que dejar de hacer cosas esenciales, pues ya no me interesaría vivir.
Trata el tema de la muerte con cierta naturalidad, sin miedo ni tabúes…
Bueno, sí, la trato, pero con desesperación y rabia. La odio porque yo soy vitalista. Pero he tenido muertos cercanos Tengo naturalidad con la muerte y con los muertos. Nada que ver con esa gente que no sabe ponerle palabras, o les espanta pensar en una muerte, pues a mí no. Forma parte de lo que es la vida. Pero no me hace ninguna gracia.
¿Siempre fue así?
De joven yo tenía terror a la muerte y lo que he hecho ha sido escribir, e ir creciendo un poco en el entendimiento de que la vida se acaba, que es lo que es. Porque la muerte no es lo que da miedo, lo que da miedo es dejar de vivir.
Pese a disfrutar de la vida ha pasado épocas oscuras…
Tuve ataques de pánico desde los 16 hasta los 30 años. Se concentraron en tres temporadas como de año y medio. Pero lo que pasa es que entre ellas te queda el miedo al miedo. Son trastornos mentales. El ataque de pánico es un poco más loco que el ataque de angustia porque es mucho más disociado. En el ataque de angustia de repente crees que te está dando un infarto y que estás por morir. Entonces, por lo menos está justificado. Pero el ataque de pánico es un terror absoluto, un disociarse del entorno y no sabes ni por qué. Deja de tener sentido el mundo.
¿Cómo lo superó?
Estudié psicología en la Complutense para saber qué me pasaba, porque en aquella época, y en mi clase social, nadie te llevaba a un psiquiatra. Cargué con ese trastorno sin un solo ansiolítico. Así me enteré de lo que me pasaba. En un momento determinado dejé de tenerlos, pero sé que pueden volver. Creo que dejé de tenerlos porque vas aprendiendo a vivir perdiéndole el miedo al miedo. Aprendes a vivir con tu maleta de oscuridad.
Rosa Montero ha publicado más de una treintena de títulos. Foto:Iván Giménez
¿Por qué se dedicó al periodismo?
Porque soy muy curiosa. Todo me interesa y pensé que el periodismo me permitiría seguir aprendiendo toda la vida, cosa que es verdad. También decidí dedicarme al periodismo escrito porque me gustaba escribir desde pequeña. Escribí mi primer cuento a los cinco años.
¿Qué hace para ser feliz cada día?
No hago nada. En una novela mía que se llama La buena suerte digo que la alegría es un hábito y creo que, efectivamente, uno puede fomentarlo. Tengo la suerte de tenerlo, vine con él. Lo que pasa es que soy muy obsesiva y tiendo a la angustia.
¿Y ahí qué hace?
Pienso, reflexiono sobre lo que siento… Es lo único que tenemos a mano. Reflexionar, pensar. Cuando llegó la pandemia sentí que me rondaba el pánico. Y pensé: si me va a dar un ataque de pánico, sé que salgo, no pasa nada… Y así se fue. Cuando aparecen los pensamientos obsesivos, aprendes a vivir e intentas parar ese pensamiento superobsesivo. Tratas de verlo desde afuera, salirte de la jaula del hámster, y a veces lo consigues. Pero, en definitiva, tenemos que aprender a vivir con nuestra maleta de oscuridad.
¿La persigue algún miedo?
Los que nos persiguen a todos, el de la crueldad del mundo, el de lo incomprensible, el del propio deterioro, el de la muerte de la gente querida, el de nuestra fragilidad, nuestra finitud. Del dolor del mundo, que es terrible. El mundo es un lugar muy temible en realidad.
(*) Este artículo es una versión editada del original.