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Cultura

El éxodo de Zenaida; sobrevivir al terremoto y empezar de cero

📅 🕐 hace 1 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
El éxodo de Zenaida; sobrevivir al terremoto y empezar de cero
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En un instante, la vida puede cambiar para siempre. La delgada línea entre la cotidianidad y la tragedia se hizo evidente para Zenaida Ballestas el pasado mes de junio, cuando la tierra tembló con una fuerza devastadora en Caraballeda, Estado La Guaira. Hoy, desde Maracaibo, Zenaida y su familia son el vivo reflejo de la resiliencia, la fuerza y la esperanza.

Aquella mañana del 24 de junio, lo que comenzó como un día normal se transformó en una pesadilla. Zenaida se disponía a preparar un café cuando el suelo comenzó a sacudirse violentamente. Los edificios a su alrededor colapsaron. En medio del caos, su prioridad absoluta fue proteger a sus cuatro hijas: Francis, de 17 años; Jorleidy, de 12; Julianny, de 9; y la pequeña Danna, de apenas 3 años.

Las palabras de Zenaida, cargadas de una profunda emoción reviven los momentos de angustia que marcaron su destino:

«El día 24 iba preparar un café cuando comenzó todo a tambalear y todo a caerse. Salí corriendo a buscar a mi hija pequeña, parte del friso de mi casa de la cocina me cayó aquí en la parte del el del hombro y en la columna. Me caigo con intención de correr con la niña para poder abrir la puerta y no nos podíamos levantar del piso. Era tan grande la magnitud del del de los movimientos que no podíamos este estabilizarnos. Mi esposo me agarra para colocarme en el mueble, pero trato de soltarme, gateo hasta la puerta porque tenía mis dos hijas conversando allá afuera, jugando pues, y la grande estaba conversando en la escalera. En ese momento salimos todos y bueno, fue cuando se termina de caer la parte de la cocina, una parte nada más, y bueno, este fue bastante fuerte».

El terror no culminó con el sismo inicial. La incertidumbre y los rumores colectivos agudizaron el sufrimiento de la comunidad.

«El día 25 vivimos más angustia que el día 24 porque fue una falsa alarma de un tsunami. Venían los policías, los guardias en moto: ‘¡Un tsunami, un tsunami!’. Nosotros salimos corriendo y corre y corre, llegamos en la parte alta de la montaña descalzas, porque así como pudimos salir, no pudimos volver a entrar a la casa… Corrimos y corrimos hasta más o menos donde se lanzan los parapentes… Vimos que era mentira… El mar sí se alejó. Pensamos, como ellos salieron corriendo que eran los policías y los guardias, nosotros también salíamos corriendo. Eso fue los carros, las personas que se caían, los otros pasaban por encima de las otras personas… Ellas preguntándome que si se iban a morir, que si el agua iba a llegar hasta donde estábamos nosotros, y bueno, yo creo que eso fue lo más espantoso que hemos vivido».

Julianny Rosario, de 9 años, también recuerda el miedo que sintió al ver que su entorno se desmoronaba:

«Era un terremoto muy feo. Yo estaba jugando con mi tres hermanas, estábamos con unos amiguitos afuera, cuando empieza a temblar en pasillo. El pasillo me daba muchas vueltas, entonces me tiré al piso. Mi hermana tocando la puerta, pero mi mamá la escuchaba, ella no se podía levantar».

Tras lograr salir de la zona de desastre en una camioneta el día 26, Zenaida y sus hijas emprendieron un viaje hacia el occidente del país. Desde el pasado 27 de junio se encuentran en Maracaibo, refugiadas en casa de la madre de Zenaida. Su progenitora, visiblemente conmovida, expresó su inmenso agradecimiento a Dios porque su hija y sus nietas lograron salir con vida de una catástrofe donde muchos vecinos y amigos —incluyendo compañeros de colegio de las niñas— no corrieron con la misma suerte. En La Guaira quedó el esposo de Zenaida, intentando solucionar la pérdida material y cuidar lo poco que quedó.

Esta dura experiencia ha dejado en Zenaida una profunda reflexión sobre la fragilidad humana y la necesidad de cambiar nuestra perspectiva ante la vida:

«Me da hasta sentimiento pensar que cómo se nos puede acabar la vida en tan poco tiempo, que nosotros no mantenemos con egoísmo, con peleas tontas, en deber de darnos amor y demostrar el amor y el cariño que tenemos hacia las demás personas. No solamente con familiares, con ser empático con otras personas… dar amor, dar cariño, tolerarnos, de buscar ese amor que nos une… No tenemos que esperar el último momento para poder abrazar. Dar amor, lo más posible que uno pueda vivir, vivir con amor, vivir con empatía. De que no duela, no solamente ‘ay, eso pasó allá en La Guaira’, no, también lo estamos pasando nosotros acá porque somos venezolanos. Cónchale, no voy a colocar una música a volumen alto porque me duele lo que está pasando a esa familia, ser empático con las demás personas».

Hoy, la realidad de esta familia es compleja. Aunque lograron salvar sus vidas, lo perdieron todo. Actualmente duermen en el piso y se están gestionando donaciones, solicitando con urgencia el apoyo de la colectividad para conseguir literas y colchones que les permitan tener un descanso digno en medio de su proceso de recuperación. La historia de Zenaida es un llamado a la solidaridad y a valorar cada instante junto a quienes amamos.

Fotos/Video/Texto: Luis Miguel Flores

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Fuente de TenemosNoticias.com: noticialdia.com

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