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Ni el oro ni el bronce: un nuevo estudio reescribe 100 años de teorías sobre el verdadero motivo de la crisis de los metales en el Imperio romano

📅 🕐 hace 3 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Ni el oro ni el bronce: un nuevo estudio reescribe 100 años de teorías sobre el verdadero motivo de la crisis de los metales en el Imperio romano
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Durante casi un siglo, historiadores y economistas se han preguntado si la antigua Roma, en su imparable proceso de expansión, llegó a quedarse sin metales. Ya en 1930, el propio John Maynard Keynes dudaba de que la escasez de oro y plata hubiera contribuido a la caída del Imperio romano, aunque reconocía que el asunto merecía una revisión.

Casi cien años después, ese estudio revisionista ha llegado de la mano del historiador W. V. Harris, de la Universidad de Columbia. El investigador ha publicado en el Journal of Roman Archaeology un exhaustivo repaso de la evidencia arqueológica, numismática y textual disponible entre los siglos II y VII d. C. Su propósito: averiguar si el Imperio romano tardío padeció en algún momento una auténtica crisis de metales. Aunque no existe una respuesta simple a la cuestión, el trabajo descarta tanto las viejas teorías catastrofistas como la idea de una abundancia inagotable. La realidad, según el estudio, fue mucho más matizada y estuvo condicionada por una serie de factores.

Durante un siglo, los historiadores debatieron si la escasez de metales precipitó la caída del Imperio romano. Un reciente estudio publicado en Journal of Roman Archaeology podría tener la clave.

Monedas
Monedas. Fuente: Pixabay

Desde principios del siglo XX, varios autores intentaron explicar la caída de Roma por el agotamiento de sus minas. Ya en 1935, el investigador Oliver Davies sostenía que el imperio occidental colapsó, en buena medida, debido al fracaso de su actividad minera. Décadas más tarde, el geoquímico C. C. Patterson defendió que la sobreproducción de plata había provocado una crisis en el siglo III d. C., mientras que el historiador Maurice Lombard vinculó la escasez de metales básicos al debilitamiento militar bizantino.

La hipótesis más influyente, sin embargo, llegó con Michael McCormick en 2001, quien situó el declive de la producción metálica entre las causas del colapso económico tardorromano. Según su interpretación, tanto los metales preciosos como los básicos habrían escaseado progresivamente a partir del siglo III d. C. Harris sometió todas estas teorías a un escrutinio riguroso para concluir que la mayoría se apoyaban en datos parciales, mal fechados o directamente contradictorios entre regiones, y que ninguna resistía por sí sola una comparación con el conjunto de la evidencia disponible.

El historiador W. V. Harris sometió las teorías previas a un escrutinio riguroso para concluir que la mayoría se apoyaban en datos parciales, mal fechados o directamente contradictorios.

Pepita de oro
Pepita de oro. Fuente: Pixabay

Tres crisis distintas en tres siglos

El estudio distingue tres periodos cronológicos. El primero abarca desde Cómodo hasta Constantino (180-337), un tiempo que estuvo marcado por la pérdida de Dacia y la reforma monetaria de la tetrarquía. El segundo cubre las invasiones germánicas hasta la muerte de Atila (siglo IV-453), cuando buena parte de las regiones productoras occidentales cayó bajo el control de los pueblos invasores.

El tercer periodo, el menos estudiado hasta ahora, se extiende desde el reinado de Justiniano hasta el de Heraclio (565-641). En esos años, el imperio oriental afrontó una necesidad creciente de metales preciosos, en coincidencia con la pérdida de capacidad para defender sus territorios mineros frente a los persas y los árabes. Harris insiste en que utilizar indistintamente los datos de estos tres periodos, tal como hicieron muchos estudios anteriores, distorsiona por completo el análisis.

La reducción del peso del áureo bajo Caracalla revela una crisis de suministro de oro centrada en Hispania hacia el año 215.

Bosque. Fuente: Pixabay

El oro, la plata y el peso de las invasiones

El análisis numismático ha revelado que la reducción del peso del áureo bajo Caracalla, hacia el año 215 d. C., sugiere una crisis de suministro centrada en Hispania. La decisión de Diocleciano y Constantino de basar el sistema monetario en el sólido de oro indica, sin embargo, que no temían una escasez grave de ese metal.

La plata, sin embargo, cuenta otra historia. Su uso decreciente en la moneda acuñada en el siglo IV y su práctica desaparición en los dos siglos siguientes apuntan a una caída sostenida de la producción minera. No es casual que, en esos mismos años, la plata comenzara a acumularse masivamente en forma de vajilla y objetos litúrgicos en las iglesias.

Las invasiones resultaron determinantes. Entre los siglos IV y V, Hispania, Britania y la Galia se escaparon del control romano, arrastrando consigo sus recursos mineros. Más tarde, entre 578 y 620, los avances eslavos, persas y árabes privaron a Bizancio de regiones clave como los Balcanes, Armenia y Egipto.

El agotamiento progresivo de los bosques cercanos a las zonas mineras pudo limitar la producción tanto o más que el propio empobrecimiento de los minerales.

El misterio del bosque: la falta de combustible

Un factor menos evidente, pero decisivo según Harris, fue el combustible. Fundir y forjar metal exigía enormes cantidades de carbón vegetal y, por tanto, de madera. El agotamiento progresivo de los bosques cercanos a las zonas mineras pudo limitar la producción tanto o más que el propio empobrecimiento de los minerales.

El dato resulta especialmente revelador si se observa la Edad Media. Yacimientos como el de Elba, activos en época romana, permanecieron inactivos durante siglos y solo volvieron a explotarse cuando los bosques circundantes se regeneraron. Lo mismo ocurrió en el Weald británico, donde la siderurgia se reanudó diez siglos después de que se abandonara durante el periodo romano. Esta correlación entre los bosques disponibles y la actividad minera sugiere que la crisis de recursos no fue únicamente geológica, sino también ecológica: una economía orgánica que dependía por completo de la madera para transformar el mineral en metal utilizable.

Roma antigua
Antigua Roma. Fuente: Pixabay

Ni colapso total ni abundancia eterna

Harris se muestra cauto en sus conclusiones. El investigador ha identificado una escasez seria de plata en manos del Estado durante los siglos III y IV, causada en parte por el agotamiento de los yacimientos. Ha detectado también una escasez variable de oro durante el periodo de las invasiones, así como una crisis aún más severa desde el reinado de Mauricio en adelante. En cambio, no ha encontrado pruebas de una escasez generalizada de hierro en ningún periodo. El cobre, por su parte, parece haber escaseado desde el reinado de Justino II, aunque las causas exactas siguen siendo objeto de debate entre los especialistas.

Con todo, el estudio ofrece el marco más completo hasta la fecha para entender por qué Roma, poco a poco, dejó de disponer de los metales que un día la hicieron poderosa. Cien años después de la pregunta formulada por Keynes, la respuesta empieza, por fin, a tomar forma.


Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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