La Rusia de Putin, imán de ultraderechistas y conspiracionistas en Europa y EEUU | elperiodico.com

En agosto de 2024, el presidente ruso Vladímir Putin estampó su firma en uno de sus más mediatizados decretos, concretamente el número 702. Bajo el título ‘Orden Ejecutiva para proveer Apoyo Humanitario a Individuos que comparten los Valores Tradicionales y Morales de Rusia’, el texto legal recién promulgado establece la creación de un visado especial para ciudadanos de una lista de 46 países -entre los que se encuentra España- que deseen emigrar al país euroasiático por razones ideológicas, resumidas en su oposición a las políticas liberales respecto a la familia y las costumbres sociales imperantes en la UE y EEUU. La obtención del también conocido como «visado anti-woke» incluye privilegios adicionales: no está vinculado al dominio del ruso, no exige requisitos académicos mínimos, y concede automáticamente, a la persona que lo obtenga, un permiso de residencia de tres años con derecho a trabajar en la Federación Rusa.
La medida, a la que se han acogido desde su implantación, según las cifras de las autoridades rusas, alrededor de 1.100 individuos, ha venido acompañada de otras iniciativas más atípicas. En el distrito de Istra, a unos 50 kilómetros al noroeste de Moscú, en un espacio de unas 30 hectáreas, se está creando una ‘aldea estadounidense’ para acoger a familias originarias de EEUU que aspiran a llevar en Rusia un modo de vida adherido a los valores conservadores que Moscú dice defender, en un proyecto impulsado por el bloguero nacido en EEUU Tim Kirby, residente en Rusia desde 2006 y a su vez migrante ideológico. Por el momento, el proyecto no parece haber despertado gran interés: según las últimas informaciones aparecidas en la prensa internacional, en 2025 el espacio solo estaba ocupado por «dos hogares».
Más allá del éxito o fracaso de ambas propuestas, lo cierto es que la Rusia de Putin se ha convertido en un irresistible polo de atracción para conocidos ‘influencers’ de extrema derecha, conspiracionistas y hasta activistas de la misoginia que abominan de la permisividad social de Occidente. Y ello, pese a que en algunos casos, las trayectorias personales no acaban de encajar con los valores que aseguran honrar. Tal es el ejemplo de los hermanos Andrew y Tristan Tate, acusados en Rumanía de violación y tráfico de personas, y en cuyo favor llegó a implicarse el propio presidente Donald Trump. De hecho, Andrew, quien proclama públicamente su misoginia, residió en el Reino Unido, donde participó en programas de telerrealidad, y afronta allí acusaciones separadas de violación, coerción sexual, trata de personas y hasta evasión fiscal.
Ambos hermanos acudieron en mayo al Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF, por sus siglas en inglés) una cita económica que en el pasado aspiraba rivalizar con el Foro de Davos y que en su día contó con la participación de políticos de primera fila, como la excancillera alemana Angela Merkel, el líder chino Xi Jinping o el presidente francés Emmanuel Macron. En su última edición, en el capítulo de líderes políticos, atrajo al presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev o de Tanzania, Samia Suluhu Hassan.
En los pasillos del SPIEF también se dejaron ver la comentarista y bloguera estadounidense Candace Owens, un personaje muy popular en Norteamérica quien, tras una radical mutación ideológica, en 2018 empezó a alabar a Donald Trump, calificándolo de «salvador de la civilización occidental». Owens afronta asimismo problemas legales en Occidente, en su caso en el estado norteamericano de Delaware, donde se han presentado 22 cargos relacionados con delitos de difamación por la reiterada difusión en sus redes y sus declaraciones de afirmaciones que aseguraban que Brigitte Macron, la esposa del presidente francés, no era en realidad una mujer, sino un hombre que nació bajo el nombre de Jean Michel Trogneux.
Otros personajes con cercanía ideológica que asistieron al evento económico peterburguense fueron el actor Steven Seagal, ya nacionalizado ruso desde 2016 gracias a otro decreto del líder del Kremlin; Markus Frohnmaier, diputado del Bundestag alemán por el partido ultra Alternativa por Alemania, quien desafió la recomendación de no viajar a Rusia emitida por las autoridades de su país. Allí mantuvo encuentros con Alekséi Miller, director ejecutivo de Gazprom, la empresa estatal de gas, y Kirill Dmitriev, consejero económico de Putin, tratando con ellos la posibilidad de que Alemania reanudara en el futuro las importaciones de fuentes de energía rusas. Tampoco faltó Scott Ritter, ex inspector de la ONU para las armas, condenado a cinco años y medio de prisión en EEUU por delitos relacionados con la pedofilia. En su intervención en el foro, Ritter definió a Europa como «un perro rabioso».
España también nutre de individuos con ideas similares estos foros organizados regularmente por Moscú. Sin ir más lejos, en febrero de 2024, Guillermo Rocafort, activista ultraderechista, animador de las concentraciones contra el Gobierno de Pedro Sánchez y el PSOE, y condenado por intromisión en el derecho al honor de una conocida periodista española, acudió a dos foros, el Foro de la Multipolaridad y el II Congreso del Movimiento Internacional Rusófilo organizados en Moscú, donde incluso llegó a entrevistar y difundir en sus redes una entrevista con el filósofo Aleksándr Duguin, acusado de defender ideas genocidas respecto a Ucrania. Inna Bondarenko, investigadora en la organización Memorial de derechos humanos, describe en un artículo publicado en ‘The Moscow Times’ el atractivo que despiertan estas citas moscovitas y peterburguenses en ests perfiles derewchistas: «en Rusia encuentran que por fin son tomados en serio, alabados, cortejados; se les hace pensar que importan, y el espectáculo es la tapadera de su validación», concluye.
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En la sección: El Periódico – internacional
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