Ingeniero Sergio Silva: Todas las estructuras del país, en mayor o menor grado, ha sido afectadas por los terremotos

Columnas. Vigas. Y la palabra que inquieta: grietas. Todo esto es lo que evalúan las inspectoras y los inspectores capacitados por la Universidad Central de Venezuela (UCV) que van a revisar los edificios afectados por los terremotos del 24 de junio.
El profesor Sergio Silva, ingeniero civil, está formando a profesionales de la ingeniería y la arquitectura, así como a estudiantes de la primera carrera, para estas evaluaciones rápidas que se traducirán en verde, amarillo o rojo.

No es que no hay riesgo, aclara Silva al terminar una de las capacitaciones masivas efectuadas en la Facultad de Ingeniería de la UCV. “Vivimos en una zona sísmica; todas las estructuras, unas en muy poco grado, otras en menor y otras en mayor grado, han sido afectadas por los sismos ocurridos recientemente”, precisa.
Pero las visitas permiten verificar la estabilidad de la estructura, más allá de lo que haya caído. “Nos queda evaluar la parte medular, la parte de soporte, que son los cuerpos de columnas y vigas. Una vez que fallaron las paredes, que las paredes se agrietaron, se perdieron, el soporte es el último recurso de la estructura para mantenerse en pie. Y eso es lo que importa realmente”, señala el ingeniero.
De puertas abiertas
Normalmente los daños van disminuyendo a mayor altura, “y eso tiene que ver con con la mecánica de transferencia de esfuerzo de la masa del suelo ante el efecto del sismo a la estructura. Ella se va disipando en la medida que va subiendo. Entonces, es muy normal que, a partir del tercio de la edificación, no haya daños evidentes”.
Esta historia se reconstruye con el relato de vecinas y vecinos, con la observación externa e interna. Una inspección podría hacerse en 20 minutos o media hora, calcula, pero la gente quiere que le expliquen los detalles, grabar videos, y eso extiende el proceso.
“Todo debe hacerse con la comunidad”, subraya. “Esto no se puede hacer a puerta cerrada”.


El lenguaje de las grietas
Hay grietas que siguen hablando después de los terremotos. Silva pone un ejemplo: “El edificio se desplazó en una dirección, se desplazó en otra dirección y hay cierto tipo de acabado, como por ejemplo la cerámica o el porcelanato, que son extremadamente rígidos, si no se deformaron, se despegaron de la estructura, que es la losa de piso donde ellos estaban colocados. Pudiera ser que, si tú caminas por ahí, sientes un crujido”.
También puede seguir el crujido de una grieta sin tocarla: “Yo diría que eso implica que el elemento estructural se está moviendo sin que haya una solicitud que tú le estés aplicando, un movimiento. Eso sería una señal de alarma, claro”.
Entre el amarillo y el rojo
Una valoración en amarillo o rojo “genera enseguida una necesidad de una evaluación posterior, pero una evaluación especializada. Ya no es una evaluación rápida como la que estamos haciendo por la cantidad de inmuebles y para que quien no tenga riesgo pueda regresar a su casa a hacer su vida cotidiana”.
Pero una etiqueta roja no es la sentencia de muerte para el edificio, puntualiza Silva. Eso sí: pasa por el estudio posterior y las medidas para solventar lo que se considere riesgoso, porque lo que causó la falla debe ser abordado.
Las cornisas: un arma de doble filo.
Dos cornisas encendieron las alarmas hace una semana en Sabana Grande. “Las cornisas tienen dos componentes: uno, que se proyectan por fuera de la cara del edificio, y otro, que son muy susceptibles a la corrosión por los años que tienen, porque están expuestas al tiempo”, ilustra.
En las cornisas, evidencia, “se generan grietas, por esa grieta entra el agua, el agua corroe el acero, el acero se expande y fractura el concreto y la pieza tiene muy baja capacidad estructural. Eso es algo que hay que revisar”.
Fuente de TenemosNoticias.com: contrapunto.com
En la sección: Nacional – Contrapunto.com
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