Transformación colegio Jorge Eliécer Gaitán en Turbo: aulas modernas y fin a la zona r

En el corazón del Urabá antioqueño, la entrega de la renovada Institución Educativa Jorge Eliécer Gaitán, ubicada en el distrito de Turbo, trasciende la simple inauguración de una obra de infraestructura.
Para los habitantes del barrio Las Flores, un sector históricamente marginado y golpeado por la violencia, esta entrega representa la redención de una comunidad que durante años fue forzada a normalizar lo inaceptable.
Más de 300 estudiantes, en su mayoría provenientes de familias de escasos recursos, víctimas del conflicto armado y desplazados de zonas como Riosucio y Bocas del Atrato, hoy cruzan las puertas de un espacio digno.
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Atrás quedó una realidad cruda, marcada por el abandono estatal, donde estudiar significaba un riesgo constante para la salud, la integridad física y la vida misma.
Hasta hace poco, la cotidianidad de estos niños y jóvenes era un relato de supervivencia más que de aprendizaje.
Violencia sin cerramiento
La institución carecía por completo de un cerramiento perimetral, lo que dejaba a la comunidad educativa a merced de las dinámicas criminales que imperaban en las calles aledañas. El colegio no era un refugio; era una vitrina expuesta al fuego cruzado.
Soledad Guerrero Muñoz, una de las profesoras de primaria más antiguas y fundadoras de la institución, recuerda con dolor aquellos días oscuros.
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
«Esta comunidad educativa estaba en una ‘zona roja’ debido a los grupos pandilleros que se estaban formando. Ellos mantenían por aquí atracando, y hasta matando», relata la docente con la crudeza de quien sobrevivió a la tragedia diaria.
La escuela estaba literalmente en medio de un campo de batalla urbano, atrapada en las disputas territoriales de las bandas de Las Flores y otros barrios vecinos.
«Había tiroteos, se enfrentaban, se tiraban por aquí (el colegio), porque esto estaba descubierto. Esto era una sola tragedia, era una odisea«, sentencia la profesora Soledad.
Espacios indignos
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Pero si la falta de seguridad era un peligro latente, las condiciones de salubridad e higiene eran una vulneración directa, humillante y silenciosa a la dignidad de cientos de niños. El diagnóstico previo a la intervención evidenciaba un escenario deplorable que ponía en riesgo la salud pública de los menores.
El secretario de Planeación del Distrito de Turbo, Edinson Carrillo, quien lideró las inspecciones técnicas antes de la intervención, describe un panorama inaceptable para cualquier sistema educativo moderno.
«En el año 2024 hicimos un recorrido en esta institución. Carecía de baños, de aulas, no tenía cerramiento, y un restaurante escolar en condiciones poco dignas. Al revisar la inspección, veíamos unas baterías sanitarias en peores condiciones, que no eran dignas para los estudiantes. Las aguas residuales pasaban alrededor del restaurante y era un poco complejo», explica el funcionario.
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Sin baños
Comer cerca de aguas negras era solo una parte de la pesadilla higiénica. La situación de las baterías sanitarias rayaba en lo inhumano. La profesora Soledad, con evidente frustración al recordar el pasado, detalla la indignidad que sufrían tanto alumnos como maestros a la hora de suplir sus necesidades básicas.
«Nos veíamos en la obligación de comer rapidito cuando los niños estaban en clase e ir a orinar y de una vez a vaciar, porque salía un niño y entraba el otro, y los baños estaban descubiertos. El uno veía al otro haciendo sus necesidades fisiológicas. No había agua, no había nada», recuerda la maestra.
La falta de privacidad y de agua potable convertía un acto biológico básico en un momento de vergüenza y exposición a infecciones.
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Inundaciones constantes
A esta crisis sanitaria se sumaba el deterioro total de la infraestructura física. Las aulas carecían de ventiladores, de sistema eléctrico adecuado y, peor aún, de techos capaces de soportar las inclemencias del clima de la región. Cada aguacero se convertía en una emergencia que paralizaba la educación.
«Esos salones todos se inundaban, eso por aquí podía pasar cualquier barquito, cualquier canoita. Los pelados con los zapatos en las manos a veces venían mojados. Llueve, llueve y ya nosotros nos sentíamos como que se nos estaba acabando parte de nuestra vida», confiesa la docente Soledad.
A pesar de este paisaje desolador, el cuerpo docente se mantuvo en pie de lucha. Se convirtieron en escudos protectores para sus alumnos, inculcándoles que de sus manos podían «salir niños buenos, con buenos pensamientos, que generen un futuro con mejores estrategias».
La nueva obra
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Hoy, la persistencia de esos maestros y el clamor de la comunidad finalmente dieron frutos. El milagro estructural fue posible gracias a una robusta articulación público-privada que entendió que mejorar las condiciones de la educación en zonas vulnerables no es un lujo, sino una estrategia urgente.
La Administración Distrital de Turbo, liderada por el alcalde Alejandro Abuchar, en conjunto con la empresa Banafrut y 12 corporaciones aliadas, lograron el cierre financiero para inyectar $5.200 millones de pesos al mejoramiento integral de la institución.
La transformación fue absoluta. Los niños que antes comían junto a aguas residuales ahora disfrutan de un restaurante escolar moderno y salubre. Los «dos bañitos» descubiertos y sin agua fueron reemplazados por baterías sanitarias dignas, privadas y funcionales.
Renovación IE Jorge Eliécer Gaitán en Turbo Foto:Cortesía
Las aulas oscuras e inundables dieron paso a salones iluminados, ventilados y seguros. Además, se construyó un polideportivo con cubierta que promueve el sano esparcimiento, y se instaló un cerramiento total que blindó, por fin, a la escuela de la violencia externa, devolviéndole su estatus de refugio sagrado.
«Este es un barrio totalmente vulnerable que ha venido sufriendo los embates de la violencia. Hoy decidimos apostarle a una educación digna, y lo que nosotros queremos es esa transición: tener jóvenes que sean productivos, garantes de una sociedad más justa, pero sobre todo educada y que le sirvan a su comunidad», afirma el secretario Carrillo, adelantando que este exitoso modelo de alianza público-privada pronto llegará a los colegios de Río Grande y Nueva Colonia.
La nueva Institución Educativa Jorge Eliécer Gaitán se levanta hoy como el epicentro del barrio Las Flores. Sus muros recién pintados, sus canchas limpias y sus baños dignos no solo borraron el rastro del lodo, el hacinamiento y las balas, sino que sembraron un mensaje contundente en la mente de 300 jóvenes que antes se creían olvidados: su bienestar importa, su dignidad es innegociable y su futuro, por primera vez en mucho tiempo, está lleno de esperanza.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Colombia
También te puede interesar




