VISITA A ARGEL | ¿Cómo están las relaciones diplomáticas de España con Marruecos y Argel tras cinco años de vaivenes? | elperiodico.com

España ha estado casi un lustro tratando de estabilizar simultáneamente la relación con sus dos vecinos del sur, Marruecos y Argelia, enemigos entre sí. Primero fue la crisis con Rabat, que comenzó en 2021 por el trato dado al líder del Frente Polisario Brahim Ghali. Para zanjarla, el Gobierno de Pedro Sánchez se alineó con las tesis marroquíes sobre el Sáhara Occidental, lo que enfadó a Argelia, que lanzó su propio choque diplomático y económico contra España un año después.
Ahora, Moncloa parece haber conseguido relanzar las dos relaciones bilaterales al mismo tiempo. ¿Cómo lo ha conseguido?
«Un factor ha sido el creciente aislamiento regional de Argelia, que necesita cerrar frentes. El país mantiene una tensión máxima con Marruecos, su relación con Francia se ha deteriorado, sufre de la inestabilidad del Sahel, teme el creciente poder de la facción de Bengasi en Libia y desconfía de la creciente influencia de Emiratos Árabes Unidos en Túnez, Libia y el Sahel», analiza, en conversación con EL PERIÓDICO, Eduard Soler, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona y del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, en Argel, Argelia, a 20 de julio de 2026. / Pool Moncloa/Fernando Calvo
Argelia conserva una relación sólida con Italia, pero no le es suficiente: China actúa con su pragmatismo habitual y también estrecha vínculos con Marruecos, mientras que Rusia sigue una estrategia propia, enfangada como está en Ucrania. Las acciones de las antiguas milicias Wagner en Malí, donde apoyan a la junta militar, generan incomodidad en Argel.
En ese contexto, normalizar la relación con España permite a Argelia reducir su aislamiento sin realizar una concesión explícita sobre el Sáhara.
Una crisis encadenada de Marruecos a Argelia
El Magreb ha sido siempre un avispero para la diplomacia española.
De un lado está Marruecos, una potencia creciente con la que España comparte miles de millones de euros en intercambios comerciales y, sobre todo, dos fronteras terrestres en Ceuta y Melilla. Es aliado de Estados Unidos y tiene una obsesión nacional: consolidar definitivamente la inclusión del Sáhara Occidental, excolonia española, como parte del reino alauí.
Del otro lado está Argelia, una potencia militar y gasística que mantiene estrechos vínculos con Rusia para obtener apoyo militar, pero que también accede a conversar con Estados Unidos.
«En Argel pueden preguntarse ahora si estarían realmente mejor con un Gobierno del Partido Popular y Vox», apunta Soler.
La crisis con Marruecos comenzó en abril de 2021, cuando España permitió la entrada por razones humanitarias de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, para recibir tratamiento médico contra el Covid-19. Rabat consideró que Madrid había actuado a sus espaldas y respondió con una fuerte presión diplomática, cuyo episodio más grave fue la entrada de unas 8.000 personas en Ceuta en mayo de aquel año. El enfrentamiento se prolongó hasta marzo de 2022, cuando Pedro Sánchez respaldó el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la propuesta «más seria, creíble y realista» para el eterno conflicto.
La reconciliación con Marruecos provocó, a su vez, la ruptura con Argelia, principal aliado del Frente Polisario. Argel llamó a consultas (retiró) a su embajador, suspendió en junio de 2022 el Tratado de Amistad con España y bloqueó buena parte de los intercambios comerciales, aunque mantuvo el suministro de gas. La relación empezó a normalizarse a finales de 2023 con el regreso de un embajador argelino a Madrid, continuó con el levantamiento gradual de las restricciones comerciales y culminó con la reactivación del tratado bilateral y la recuperación de los contactos políticos de alto nivel, con la visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, a Argelia el pasado 1 de julio.
Un cambio honesto de Argelia
¿Es real el cambio de posición de Argelia, a pesar de que España mantiene su giro sobre el Sáhara Occidental?
«En la diplomacia argelina, los símbolos son muy importantes y permiten ver con bastante claridad si la relación atraviesa un buen o un mal momento. La disposición de Tebboune a recibir personalmente a Sánchez es una señal relevante. La gestualidad y la puesta en escena tienen mucho peso. Los argelinos no son especialmente hipócritas en este terreno: las imágenes de cordialidad y normalidad que hemos visto hoy deben tomarse en serio», sostiene Soler. A su juicio, la visita escenifica de forma inequívoca el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales.
«Lo más significativo, aunque quizá no sea excepcional, es que España haya conseguido recomponer su relación con Argelia sin que exista ninguna señal de mejora entre Argel y Rabat«, señala el experto. La reconciliación se produce, además, en un momento en el que el conflicto del Sáhara Occidental está más cerca de la escalada que de la distensión. Un ataque marroquí con drones matí al dirigente y mando militar del Frente Polisario Lahbib M. Abdelaziz. Muchos le consideraban el sucesor de Ghali.

Saharauis de los campos de refugiados de Tinduf ondean la bandera de la RASD / .
La posición de Sánchez sobre Gaza, Palestina, Líbano o Irán ha ayudado a proporcionar a Argelia una justificación política para el acercamiento, pero no sería la única causa.
«Cuando se produjo el deterioro de las relaciones, Argelia estaba pendiente de las elecciones españolas de julio de 2023. Podía pensar que un cambio de Gobierno permitiría revisar la posición sobre el Sáhara, pero, al continuar Sánchez, esa posibilidad desapareció», explica Soler. Argel habría asumido así que el Ejecutivo español no iba a cambiar de posición a corto plazo y que mantener indefinidamente la crisis tenía cada vez menos sentido. «En Argel pueden preguntarse ahora si estarían realmente mejor con un Gobierno del Partido Popular y Vox».
Ante esa incertidumbre, la opción pragmática habría sido restablecer los vínculos con el Gobierno existente, aunque este no haya revertido el respaldo al plan marroquí de autonomía para el Sáhara.
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