Magreb medieval: lo maravilloso y el control de fronteras

En 1154, en la corte normanda de Roger II en Palermo, el geógrafo al-Idrisi terminó de trazar la Nuzhat al-mushtaq fi ikhtiraq al-afaq, conocida en Europa como Tabula Rogeriana. En sus márgenes occidentales, frente a las costas de Tánger, Ceuta y el Sus marroquí, el mapa no se limitaba a describir litorales: advertía de las corrientes, las nieblas y los límites de navegación segura en el Bahr al-Zulumat, el «Mar de las Tinieblas», es decir, el océano Atlántico. Todo apunta a que aquello no era un simple ornamento fantástico, sino una síntesis de los riesgos de viaje codificada en el lenguaje de prodigio. Se trata, pues, de un ejemplo temprano de cómo el Magreb medieval y lo maravilloso se entrelazaron en un mismo proyecto cartográfico y narrativo.
Un nuevo repaso a la geografía árabe medieval del Occidente islámico sugiere que el llamado «Magreb maravilloso» (ese repertorio de relatos sobre portentos, criaturas extrañas y pueblos remotos situado en el extremo occidental del mundo conocido) cumplía una función mucho más práctica de lo que la lectura exotizante ha asumido durante décadas: ordenar la incertidumbre de una frontera comercial, política y naval de primer orden en el Mediterráneo.

El género ʿajāʾib: la ciencia del asombro
El término ʿajāʾib (plural de ʿajība, de la raíz ʿ-j-b, «asombrarse») no equivalía a «ficción» en el sentido moderno. Designaba un género y una sensibilidad compartidos por geógrafos, cadíes y astrónomos de prestigio: fenómenos naturales extremos, seres híbridos, portentos y testimonios de viajeros que se presentaban como signos de la grandeza de la creación. Esta tradición, cercana a lo prodigioso y lo insólito, forma parte esencial de lo que hoy entendemos por el Magreb medieval y lo maravilloso como categoría de análisis historiográfico.
Al-Qazwini y la clasificación por climas
El caso más emblemático es el de al-Qazwini, quien, en el siglo XIII, firmó la ʿAjaʾib al-Makhluqat wa Gharaʾib al-Mawjudat (Maravillas de las criaturas y rarezas de las cosas existentes). Organizó el mundo por climas (iqlim), asignando a las zonas periféricas (entre ellas el extremo occidental del mundo) la mayor concentración de portentos.
Esta clasificación no oponía razón a fantasía, sino que esta convivía con la astrología, la alquimia y la observación empírica dentro del mismo marco de autoridad textual. Por tanto, hablar de «maravilla» en este contexto no implicaba invención literaria, sino un modo legítimo de registrar lo que escapaba a la explicación inmediata, del mismo modo en que un cronista actual recurre a la estadística para dar autoridad a un fenómeno que todavía no comprende del todo.
La maravilla cumplía funciones muy concretas, como advertir sobre un peligro, atraer hacia una ruta comercial, jerarquizar pueblos según su distancia respecto al centro islámico y legitimar la autoridad de quien controlaba esos pasos.
El Magreb, una bisagra entre tres mundos
La posición del Magreb (literalmente, «el lugar del ocaso», en oposición al Machreq u «oriente») explicaría buena parte de este tratamiento. Flanqueado por el Atlántico y por las rutas transaharianas hacia el Bilad al-Sudan, funcionaba como bisagra entre tres mundos: el mediterráneo, el sahariano y el atlántico. Según la tradición geográfica árabe medieval, tanto la cercanía a los territorios no islámicos como su posición occidental extrema favorecieron su codificación como espacio límite dentro del imaginario del dar al-islam, los territorios bajo el Islam.

Conviene precisar, sin embargo, que «Magreb» no era una etiqueta fija. Su extensión variaba según autor y época, incluyendo o excluyendo el al-Ándalus, o restringiéndose al Ifriqiya tunecino frente a un Sus más occidental. Esa variabilidad determinaba, en cada texto, qué territorios concretos se agrupaban bajo el sello de «maravilla» y cuáles quedaban fuera del relato. Un mismo oasis podía aparecer como umbral portentoso en una crónica y como simple nodo comercial en otra, en función de qué frontera política interesara reforzar al autor.
Según la tradición geográfica árabe medieval, tanto la cercanía a los territorios no islámicos como su posición occidental extrema favorecieron la codificación del Magreb como espacio límite.
Ibn Battuta: el Magreb como umbral
Ningún caso ilustra mejor esta función simbólica de umbral que el de Ibn Battuta. Nacido en Tánger en 1304, su Rihla (Viajes, obra compilada hacia 1355) comienza y termina en el Magreb, que actúa como punto de partida y de retorno de toda la experiencia del mundo conocido. El viajero magrebí no describe su tierra como destino de maravillas ajenas, sino como el umbral desde el que se mide todo lo demás. Su famoso periplo, que, según estimaciones historiográficas modernas, pudo superar los 100.000 kilómetros a lo largo de casi tres décadas, confirma que ese umbral también fue un punto de partida hacia mundos aún más lejanos.
Las maravillas como herramienta de riesgo, comercio y poder
El ejemplo más elocuente de esta hibridación entre dato útil y prodigio lo ofrece al-Bakri, geógrafo andalusí del siglo XI. En su Kitab al-Masalik wa’l-Mamalik (Libro de los caminos y los reinos), describe las rutas comerciales transaharianas hacia el reino de Ghana, con itinerarios, distancias y mercancías (como el oro y la sal), tratadas con precisión matemática. Esa información verificable convive en el mismo texto con episodios de asombro sobre pueblos y ritos locales. No hay contradicción: el dato comercial y el relato de maravilla se refuerzan mutuamente, porque ambos sirven para que un mercader o un gobernante calcule el riesgo y el beneficio antes de cruzar el desierto.
Sin embargo, el mismo territorio admitía un tratamiento radicalmente distinto. Ibn Jaldún (Túnez, 1332–1406), desarrolló en su Muqaddima (1377) el concepto de frontera móvil entre badiya (el mundo beduino y nómada) y hadara (la civilización sedentaria). Es un marco analítico, no fantástico, para pensar exactamente el mismo espacio de contacto.
El contraste entre ambos autores resulta revelador: lo maravilloso no era la única forma posible de narrar el Magreb, sino una elección discursiva entre las varias disponibles. Dicho de otro modo, la maravilla cumplía funciones muy concretas, como advertir sobre un peligro, atraer hacia una ruta comercial, jerarquizar pueblos según su distancia respecto al centro islámico y legitimar la autoridad de quien controlaba esos pasos, que un tratado sociológico como la Muqaddima simplemente no necesitaba cubrir. Ambos registros, por tanto, convivían en la misma cultura letrada sin que uno desacreditara al otro.
El dato comercial y el relato de maravilla se refuerzan mutuamente, porque ambos sirven para que un mercader o un gobernante calcule el riesgo y el beneficio antes de cruzar el desierto.
La frontera como relato: del Magreb medieval al presente
¿Ha desaparecido este foco narrativo centrado en lo maravilloso? Todo indica que no: simplemente ha cambiado de soporte. El turismo patrimonial actual en Marruecos y Túnez ha reciclado buena parte del vocabulario de lo exótico y lo maravilloso: los zocos, el desierto y las puertas del Sáhara se presentan como paisajes atemporales. En paralelo, el discurso securitario europeo sobre la migración recicla el vocabulario del límite peligroso, del mar como frontera que hay que vigilar y contener, heredando, pero sin nombrarla, la misma lógica medieval de la frontera como relato.

El silencio sobre quienes habitaron la frontera
Ambos discursos, el turístico y el securitario, comparten una misma raíz funcional: convertir un territorio complejo en una superficie narrativa que se pueda consumir o temer, según convenga. Leído así, el Magreb medieval no fue un territorio intrínsecamente misterioso, sino un espacio sobre el que distintas tradiciones textuales proyectaron, con fines muy concretos, la etiqueta de lo maravilloso.
Reconocer esa construcción no resta valor histórico al género ʿajāʾib. Por el contrario, permite entenderlo como lo que probablemente fue: una tecnología cultural de la información, tan rigurosa, a su manera, como cualquier mapa de corrientes o cualquier itinerario comercial. ¿Cuánto de lo que hoy llamamos «frontera mediterránea» sigue siendo, en el fondo, un relato heredado de aquellos mapas medievales?
Referencias
- Franco Vázquez, Cristina. 2026. El Mágreb fantástico e inmaterial: un territorio de leyendas y tradiciones a través de la geografía árabe medieval (IX-XIII). Universidad de Salamanca. URL: https://gredos.usal.es/handle/10366/171847
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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