Descubren en Israel el caso de violencia con arma blanca más antiguo de la humanidad: ocurrió hace más de 90.000 años

Hace más de 90 años, un equipo de arqueólogos desenterró en una cueva de Galilea los restos de un individuo del Paleolítico medio. Dadas las limitaciones tecnológicas de la época, nadie reparó entonces en un detalle (la huella de un misterio, en realidad) que permaneció oculto hasta el siglo XXI: una herida profunda en la mandíbula, tan antigua como la propia historia de nuestra especie fuera de África.
El esqueleto, conocido entre los expertos como Qafzeh 25, ha vuelto a la vida gracias a la microtomografía computarizada, una tecnología capaz de rastrear el interior del hueso sin tocarlo. Este nuevo análisis no solo ha confirmado la presencia de una lesión, sino que también ha probado que aquel individuo recibió un golpe con un objeto afilado. Un golpe que, pese a su contundencia, no le impidió sobrevivir: de hecho, el individuo vivió lo suficiente como para que su cuerpo comenzara a repararse.
El estudio, que se ha prepublicado en Scientific Reports por un equipo liderado por investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), obliga a repensar las relaciones entre los primeros grupos humanos que abandonaron África. No solo habrían compartido territorio y alimento, sino que también habrían protagonizado episodios de violencia.
La forma de la marca que atraviesa la mandíbula de Qafzeh 25, con una sección en V que en algunos tramos se abre en U, coincide con el tipo de corte que deja un objeto de borde afilado.

Una cueva que guardaba secretos bajo la roca
Situada en la Baja Galilea, cerca de Nazaret, la cueva de Qafzeh es uno de los yacimientos más importantes para entender los orígenes de nuestra especie en los límites entre Europa y Asia. Excavada por primera vez en los años treinta y retomada entre 1965 y 1979, ha entregado los restos de al menos 27 individuos, entre ellos un número inusualmente alto de niños y adolescentes. La mayoría de los niveles en los que aparecieron estos restos corresponden al Paleolítico medio. La termoluminiscencia y la resonancia de espín electrónico han permitido datarlos entre 92.000 y 145.000 años A. P. Qafzeh 25 fue uno de los últimos esqueletos recuperados durante la campaña final de 1979. Se trata de un adulto joven con cráneo y mandíbula robustos.
Para realizar el nuevo estudio, el equipo empleó un escáner con una resolución 18 veces mayor que la utilizada en estudios previos del mismo esqueleto. Este grado de resolución permitió detectar detalles que habían permanecido invisibles: microfracturas, poros diminutos y una marca lineal que atraviesa el hueso mandibular izquierdo y el tercer premolar inferior. La forma de esa marca, con una sección en V que en algunos tramos se abre en U, coincide con el tipo de corte que deja un objeto de borde afilado, y no con las fracturas irregulares y de ángulos rectos, típicas del hueso ya seco, que aparecen en el resto del esqueleto por procesos posteriores al enterramiento.
Alrededor de la marca, el hueso muestra una porosidad localizada y un engrosamiento de los bordes de la fractura, signos que los especialistas asocian con la actividad de las células que reconstruyen el tejido óseo.

Una herida que cicatrizó
Lo verdaderamente extraordinario no es solo que exista una herida, sino que esa herida llegó a sanar. Alrededor de la marca, el hueso muestra una porosidad localizada y un engrosamiento de los bordes de la fractura, signos que los especialistas asocian con la actividad de las células que reconstruyen el tejido óseo tras una lesión. En otras palabras: el organismo de aquel hombre reaccionó al golpe y comenzó a reparar el daño, algo que solo es posible si la persona sigue con vida. Puede compararse con lo que ocurre hoy cuando un hueso roto forma un callo alrededor de la fractura mientras se suelda, Se trata de un proceso que exige tiempo, del orden de semanas o meses.
Este dato convierte a Qafzeh 25 en el caso más antiguo conocido de una lesión por arma afilada en el que la víctima logró sobrevivir. Hasta ahora, el único ejemplo comparable en el registro del Paleolítico medio era el esqueleto de Shanidar 3, un neandertal de Irak con una herida en una costilla que también se ha interpretado como el resultado de un ataque con arma. El resto de traumatismos documentados en esta etapa, como los observados en Sima de los Huesos o en el propio yacimiento de Qafzeh, en otros individuos como Qafzeh 11, se atribuyen sobre todo a golpes contundentes, no a objetos cortantes.
Este dato convierte a Qafzeh 25 en el caso más antiguo conocido de una lesión por arma afilada en el que la víctima logró sobrevivir.

Un caso de lucha y enfrentamiento
La posición de la herida añade un matiz interesante a la interpretación del cuerpo. La lesión se localiza en el lado izquierdo del rostro y los estudios forenses actuales muestran que los traumatismos faciales causados por otra persona tienden a concentrarse precisamente en ese lado, porque la mayoría de los agresores son diestros y golpean de frente. Aunque no puede descartarse un accidente, esta combinación de factores hace más plausible que la lesión fuera el resultado de un enfrentamiento entre dos individuos. Se trataría, pues, de uno de los episodios de violencia interpersonal más antiguos jamás documentados en el registro fósil humano.
Referencias
- Pantoja-Pérez, A., Martín-Francés, L., May, H., Hershkovitz, I. & Sala, N. 2026. «A taphonomic reassessment of Qafzeh 25 and its implications for violence, health and funerary practices». Scientific Reports. DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-026-58670-0
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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