Donald Trump pulveriza la zona de confort de las dictaduras americanas | elmundo.es

«¡Candela!», se comenzó a leer ayer en todos los circuitos cubanos. Donald Trump había encendido muy temprano la mecha de su presión contra el castrismo en un 2026 vertiginoso para las dictaduras de las Américas. «Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero provenientes de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó servicios de seguridad a los dos últimos dictadores venezolanos, ¡pero ya no más! La mayoría de esos cubanos están muertos por el ataque de EEUU de la semana pasada, y Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores que la mantuvieron como rehén durante tantos años», disparó el mandatario estadounidense en medio de la línea de flotación de la revolución cubana.
La muerte de los 32 escoltas cubanos no sólo fulminó el anillo de seguridad más importante de Nicolás Mauro, también acabó con la leyenda de invencibilidad de esa unidad de élite. Y más aún, confirmó lo que La Habana había negado una y mil veces: la presencia de sus militares más aguerridos en un país extranjero.
Trump sintió la profundidad de la herida y apretó aún más su mordisco. «Venezuela ahora tiene a EEUU, el ejército más poderoso del mundo, ¡por mucho!, para protegerla y los protegeremos. No habrá más petróleo ni dinero yendo a Cuba, ¡cero! Recomiendo encarecidamente que hagan un acuerdo antes de que sea demasiado tarde», anunció el inquilino de la Casa Blanca.
La crisis venezolana ya había reducido los más de 100.000 barriles gratuitos de petróleo para Cuba a 27.000, un agujero para el paupérrimo sistema eléctrico nacional que México y Rusia sólo han podido tapar en parte. Las Navidades más oscuras amenazan ahora con prolongarse todo el año en la isla.
Más allá de las amenazas, la realidad es que la segunda administración de Trump, en la cresta de la ola de actualizada Doctrina Monroe, ha pulverizado la zona de confort de las dictaduras revolucionarias, que parecían invencibles. Donde el tiempo parecía estar detenido, tres países que suman 124 años de tiranía, ahora reina el vértigo.
La extracción de Maduro ya ha forzado el comienzo de una transición bajo control en Caracas mientras que las exigencias de Washington también han abierto las cárceles sandinistas. La excarcelación de prisioneros políticos nicaragüenses viene acompañada además del cambio de tono en las soflamas del régimen sandinista, con la copresidenta Rosario Murillo huyendo del enfrentamiento en sus soflamas diarias en televisión.
«Nací en Cuba y me obligaron a abandonar mi hogar después de la toma de poder por parte de los comunistas. Gracias, presidente Trump. Primero Venezuela y después Cuba. Estaremos eternamente agradecidos», reaccionó el congresista Carlos Giménez, que forma parte del grupo de los llamados «Cubanos Locos», que trabajan codo con codo con el también cubanoamericano, Marco Rubio.
Incluso el senador Lindsey Graham, fundamental hoy en el entorno de Trump por el tema iraní, se unió a la presión, sorna incluida: «Llamen a Maduro y pregúntenle qué hacer. Si pueden comunicarse, claro está. Yo estaría buscando un nuevo lugar para vivir».
La Habana envió a Caracas a su canciller, Bruno Rodríguez, para que participara en el homenaje a los 100 caídos en el ataque estadounidense y para el control de daños. Los mensajes que repartió para dentro del chavismo, de resistencia y unidad, sonaron con menos eco que lo habitual.
Horas después, Rodríguez intentó negar una vez más lo innegable: «Cuba no ha recibido nunca compensación monetaria o material por los servicios de seguridad que haya prestado en algún país. A diferencia de EEUU, no tenemos un gobierno que se preste al mercenarismo».
Hasta los informes de las organizaciones de derechos humanos han contrastado la participación de los cubanos en la represión interna, más allá de la protección a Maduro. La respuesta llegó incluso desde dentro del ejército chavista.
«Yo estuve al servicio de Chávez por largo tiempo y de Maduro otro tanto. Por eso sé que su gobierno, especialmente Fidel, se aprovechó de la ignorancia y la sed de épica de ambos para manipularlos y chulear a Venezuela», disparó quien fuera mayor general Alexis López, quien llegó a presidir con ambos mandatarios el Consejo de Defensa de la Nación.
«El régimen cubano no tiene ninguna viabilidad en el actual planteamiento geopolítico y de seguridad de EEUU. Durante décadas ha sido un factor de desestabilización en el exterior y, hacia lo interno altamente represivo y empobrecedor. La gente sufre mucho y, por primera vez, percibe que puede haber un cambio real e inminente. La élite cubana tiene la oportunidad de aceptar una salida política para el régimen», resumió para EL MUNDO Yaxys Cires, director de estrategias del Observatorio Cubano de Derechos Humanos.
«Los últimos acontecimientos también pulverizan la visión de la Unión Europea y de instituciones internacionales hacia las dictaduras, caracterizada, en el mejor de los casos, por el apaciguamiento. Lo que mayoritariamente ha primado han sido los intereses económicos y las afinidades ideológicas», sentenció Cires.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es
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