Los combates continúan entre Tailandia y Camboya a pesar de que Trump había anunciado un alto el fuego | elmundo.es

Donald Trump ha vuelto a presentarse como exitoso mediador internacional tras asegurar que, después de mantener llamadas telefónicas con los primeros ministros de Tailandia y Camboya, había logrado un alto el fuego en el prolongado conflicto fronterizo que enfrenta a ambos países del Sudeste Asiático.
«Ambos líderes acordaron cesar todos los disparos y volver al Acuerdo de Paz original hecho conmigo», aseguró atribuyéndose un papel central en la contención de un enfrentamiento que, en la última semana, había escalado con rapidez.
El anuncio se realizó a través de Truth Social, la plataforma del propio Trump. En ese momento, en Washington era viernes por la tarde, mientras que en Bangkok y Phnom Penh ya avanzaba la madrugada del sábado. La distancia horaria subrayaba también la distancia entre la retórica diplomática y la realidad sobre el terreno: pocas horas después del mensaje del mandatario estadounidense, los combates se reanudaron en varios puntos de la frontera en disputa.
«Tailandia continuará realizando acciones militares hasta que no cese el daño y las amenazas a nuestra tierra y a nuestra gente», dijo el líder tailandés, Anutin Charnvirakul, en una publicación en Facebook que desmentía, en la práctica, la vigencia del supuesto alto el fuego.
Anutin precisó además que cualquier cese real de las hostilidades dependería de que «Camboya retire sus tropas y elimine todas las minas terrestres que ha colocado», condiciones que Phnom Penh rechaza.
Desde el lado camboyano, el primer ministro Hun Manet respondió asegurando que el ejército tailandés había lanzado ataques aéreos durante la mañana del sábado utilizando aviones de combate F16, una señal de que el conflicto había alcanzado un nivel de intensidad poco habitual en otros enfrentamientos entre ambos países.
Tanto Anutin como Hun se culpan mutuamente de violar el acuerdo de paz respaldado por Estados Unidos y Malasia que ambos líderes firmaron hace un par de meses. Aquel pacto se selló al margen de una cumbre regional en Kuala Lumpur, donde Trump supervisó personalmente la firma y proclamó que el entendimiento salvaría «millones de vidas». Las imágenes del presidente estadounidense, visiblemente satisfecho mientras los líderes asiáticos estampaban sus firmas, contrastan ahora con el retorno de los disparos.
El republicano llegó incluso a jactarse de haber detenido la guerra mediante amenazas de imponer nuevos aranceles comerciales a Tailandia y Camboya, una estrategia de presión económica que forma parte habitual de su repertorio diplomático. «Ambos países están listos para la paz y para continuar el comercio con los Estados Unidos de América», volvió a escribir el viernes en redes sociales. Sin embargo, la reanudación de los enfrentamientos ha puesto en evidencia los límites de ese enfoque.
Al menos una venintena de personas, incluidos civiles camboyanos, han muerto desde que el pasado domingo por la noche se iniciara un choque militar que se intensificó el lunes. El número de desplazados por el actual conflicto suma más de 600.000 personas. Ambos ejércitos se acusan mutuamente de atacar a civiles. Los medios locales camboyanos aseguraron el sábado que el ejército tailandés había bombardeado dos horeles en la provincia fronteriza de Pursat.
La disputa tiene raíces históricas que se remontan al siglo XI, cuando el Imperio Jemer dominaba gran parte de la región. La frontera moderna fue trazada de manera durante la colonización francesa de Camboya y la expansión tailandesa, dejando lagunas legales y territoriales que han generado múltiples tensiones a lo largo de los siglos.
En el frente actual, la segunda mediación de Trump aparece más como un gesto político que como una solución estructural. Mientras Washington busca proyectar influencia y liderazgo, la realidad en una de las fronteras más calientes del Sudeste Asiático recuerda que estos conflictos históricos, arraigados en la geografía y la memoria colectiva, difícilmente se resuelven con llamadas telefónicas.
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