Cuando tenía 18 años, una joven vivió una experiencia que marcaría un antes y un después en su vida. Caminaba por su barrio junto a su madre cuando reconoció en la calle al vocalista de una banda emo (un estilo musical derivado del rock que alcanzó su auge en la década del 2000) de la que era seguidora.
La sensación de que algo estaba por ocurrir la acompañó durante el resto del día. Al llegar a casa buscó información sobre el artista y su grupo, que comenzaban a ganar notoriedad, y decidió seguirlo en redes sociales.
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Días después, supo que la banda aparecería en un programa de televisión. Asistió con la intención de tomar fotografías y conocerlos, sin imaginar que ese encuentro cambiaría su vida. Tras el concierto publicó imágenes en sus redes y, poco después, el cantante comenzó a escribirle. Le dijo que la recordaba y le pidió agregarlo a MSN, la plataforma de mensajería que ambos usaban entonces. El intercambio se volvió frecuente y descubrieron que vivían a solo diez minutos de distancia.
El vínculo avanzó rápidamente. Se encontraron en persona, compartieron largas conversaciones y comenzaron a salir. Ella lo acompañaba a los conciertos y pasaban la mayor parte del tiempo juntos. Tras algunas citas, él le pidió formalizar la relación. La joven aceptó convencida de estar cumpliendo un sueño adolescente y creyendo haber encontrado al hombre ideal.
Tras descubrir una infidelidad en Nochevieja, él la negó primero y luego la confesó bajo la lluvia. Foto:Vía O Glogo. GDA
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La ruptura que cambió el rumbo
Con el paso de los meses, hablaron de planes para fin de año. Él la invitó a pasar la Nochevieja juntos, pero ella se negó porque tenía la costumbre de celebrar esas fechas con su abuela. Le propuso que se sumara a la reunión familiar, pero el músico rechazó la idea, argumentando que también quería estar con los suyos. El tema pareció quedar cerrado.
Tras las celebraciones, la joven notó publicaciones de otra mujer en redes sociales que describían una Nochevieja especial y una nueva relación. Al investigar, descubrió imágenes tomadas en el lugar al que su novio le había propuesto viajar. Al confrontarlo, él negó cualquier vínculo y aseguró que la otra mujer solo buscaba atención. Sin embargo, la discusión continuó al día siguiente en su casa y, bajo la lluvia, terminó confesando la infidelidad. Le pidió que se fuera y dio por terminada la relación.
Dos semanas después, él inició públicamente una relación con la otra mujer. Le escribió una canción y se hizo un tatuaje en su honor, gestos que había prometido antes. Para la joven, verlos juntos fue devastador. Aquellas vacaciones de enero estuvieron marcadas por el llanto, la comparación constante y una autoestima profundamente afectada.
La ruptura la dejó devastada, con la autoestima afectada y una comparación constante con la pareja. Foto:Vía O Glogo. GDA
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A finales de ese mes tomó una decisión. Se negó a que esa experiencia definiera su futuro. Pensó: “Voy a hacer algo con mi vida”. Aunque se sentía sin rumbo y creía no tener nada especial que ofrecer, decidió estudiar para ingresar a la universidad y se inscribió en un curso de inglés. Comenzó a proyectarse más allá del presente inmediato.
El proceso de reconstrucción fue lento. Al reencontrarse consigo misma, recordó logros y experiencias propias. Se dedicó por completo a formarse durante ese año y entendió que su historia no había terminado, sino que apenas comenzaba.
Cinco meses después, la relación de su exnovio llegó a su fin. La otra mujer la contactó y, tras conversar, descubrieron que él había salido con ambas al mismo tiempo, incluso antes de formalizar. Lejos de enfrentarse, coincidieron en que ninguna era responsable de lo ocurrido. Reconocieron haber caído en la misma situación y lograron apoyarse mutuamente para seguir adelante.
Ese período de introspección la llevó a retomar una pasión de siempre: los idiomas. Ingresó a la universidad para estudiar Literatura Inglesa, obtuvo el primer puesto y completó la carrera en tres años. Durante 11 años enseñó inglés, tradujo libros y realizó un posgrado. Más adelante, al sentir que ese camino ya no la representaba, decidió reinventarse nuevamente y optó por convertirse en azafata de vuelo.
Tras decidir cambiar su vida, retomó estudios, aprendió idiomas y comenzó a pensar en su futuro. Foto:Vía O Glogo. GDA
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Tenía 28 años cuando inició esa formación, en un entorno donde la mayoría de sus compañeros rondaban los 18. Durante la pandemia, entre 2020 y 2021, realizó cursos y aprendió francés. Fue seleccionada por una aerolínea europea, pero debió postergar el ingreso hasta reunir los recursos necesarios. Un año después, logró mudarse y comenzar a volar.
El año pasado, el músico volvió a contactarla. Le escribió asegurando que nada había cambiado. Ella respondió lo contrario. Hoy asegura no guardar rencor ni afecto, pero reconoce que esa experiencia fue un impulso decisivo. Agradece lo vivido y recuerda una frase de su madre: «Solo una patada en el trasero puede levantarte».
Actualmente reside en Francia y mantiene una relación con un ciudadano francés, a quien describe como alguien que la valora tal como es. También conserva contacto con la otra mujer involucrada, quien cursa un máster en otro país europeo.
La historia le dejó una enseñanza clara: priorizarse siempre. No se arrepiente de haber elegido pasar aquel Año Nuevo con su abuela, fallecida este año, y valora haber compartido ese tiempo. Hoy, sus planes se centran en viajar, fortalecer la relación con su madre y seguir desarrollándose en la carrera que la apasiona. Cree en el amor, pero sostiene que solo llega cuando una persona aprende primero a valorarse.
O Globo (Brasil) / GDA
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de O Globo, y contó con la revisión de un periodista y un editor.