Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el mundo enfrentó una pregunta que nunca antes había tenido que responder: qué hacer con los responsables del mayor horror de la historia moderna. Ejecutarlos parecía una solución inmediata, pero también dejaba una inquietud moral. ¿Cómo explicar ante el mundo los crímenes del régimen nazi y establecer un precedente para el futuro?
De ese dilema histórico nace ‘Nuremberg’, el nuevo drama dirigido por James Vanderbilt, que reconstruye uno de los capítulos más decisivos del siglo XX: los juicios contra los líderes del Tercer Reich. La película se centra en los meses posteriores al final de la guerra, cuando un grupo de fiscales, jueces, militares y especialistas intentó construir, prácticamente desde cero, el marco legal que permitiría juzgar a los responsables del Holocausto y de la maquinaria bélica nazi.
En el corazón de la historia aparece Douglas Kelley, el psiquiatra del ejército estadounidense encargado de evaluar la salud mental de los líderes nazis capturados antes de que enfrentaran a la justicia. Ese personaje, interpretado por Rami Malek, es la puerta de entrada a una película que no solo reconstruye los hechos históricos, sino que también explora el desconcertante territorio de la mente humana.
Russell Crowe interpreta a Hermann Göring, uno de los colaboradores más cercanos de Hitler. Foto:Diamond Films
Kelley tenía una tarea tan singular como inquietante: estudiar a los hombres que habían estado en la cúspide del poder del régimen de Adolf Hitler para determinar si estaban en condiciones de ser juzgados. Su lista de pacientes incluía a figuras centrales del nazismo, entre ellos Hermann Göring, antiguo Reichsmarschall (jerarquía suprema después de Hitler) y uno de los colaboradores más cercanos del dictador.
Para Malek, la historia tenía un atractivo inmediato. El actor, ganador del Óscar por su interpretación de Freddie Mercury en ‘Bohemian Rhapsody’, recordó que el primer contacto con el guion fue suficiente para convencerlo de que estaba ante un proyecto especial. “Se sentía como una pieza extraordinaria de literatura”, dijo durante la conferencia de prensa internacional con el elenco, donde EL TIEMPO estuvo presente. “Es un cliché, pero no podía dejar de leerlo. No quería cambiar ni una sola palabra”.
Esa reacción inicial marcó su aproximación al personaje. “Kelley no era un héroe convencional ni un simple observador de los acontecimientos”, explicó el actor californiano de 44 años de edad. “Era, ante todo, un hombre enfrentado a la pregunta perturbadora de cómo podían individuos aparentemente racionales haber participado en una maquinaria de destrucción tan vasta”.
Malek describe a Kelley como un psiquiatra agudo, rápido de mente y con una personalidad que podía resultar tan encantadora como engañosa. Rasgos que, en las circunstancias extraordinarias que rodeaban su trabajo, se volvieron esenciales.
“Es muy eficaz en su trabajo, rápido de mente, encantador, un psiquiatra muy desarmante”, explicó el actor. “Y cuando tu lista de pacientes es todo el alto mando nazi encerrado en 22 celdas, eso resulta bastante útil”.
La confrontación
El eje dramático de la película se construye alrededor del duelo psicológico entre Kelley y Göring, interpretado por Russell Crowe. El antiguo líder nazi era conocido por su inteligencia política, su carisma y su capacidad para manipular a quienes lo rodeaban, características que también aparecen en la película.
Rami Malek y Russell Crowe. Foto:Scott Garfield
Las escenas entre ambos actores se filmaron en recreaciones detalladas de las celdas de la prisión de Nuremberg, espacios reducidos que obligaban a los intérpretes a enfrentarse cara a cara en una tensión constante. Según Malek, ese ambiente contribuyó a intensificar el tono de las secuencias. “Había tanta gente dentro del set que no había otra opción que mirar a tu contraparte a los ojos y dar lo mejor de ti”, recordó el actor.
La relación entre Kelley y Göring se convierte así en una especie de duelo intelectual. Mientras el psiquiatra intenta comprender la mente del jerarca nazi, Göring busca demostrar que no es un hombre derrotado ni un criminal trastornado, sino un líder político que actuó con plena conciencia de sus decisiones.
Pero ‘Nuremberg’ no se limita a ese enfrentamiento. A medida que el relato avanza, la película también reconstruye el esfuerzo político y jurídico que permitió crear el tribunal internacional encargado de juzgar a los responsables del régimen nazi.
En ese plano aparece el personaje interpretado por Michael Shannon como el juez Robert H. Jackson, fiscal jefe de Estados Unidos en los juicios y uno de los arquitectos del proceso legal. Fue Jackson quien insistió en que los líderes nazis debían ser juzgados públicamente, con pruebas y procedimientos judiciales, para que el mundo pudiera ver con claridad la magnitud de sus crímenes.
Para Shannon, interpretar a Jackson implicó enfrentarse a una figura histórica cuya influencia sigue resonando hasta hoy. “Es muy humilde tener la oportunidad de siquiera fingir ser esta persona”, dijo el actor. “Lo que logró en su vida es impresionante”.
Michael Shannon (centro) es el juez Robert H. Jackson, fiscal jefe de Estados Unidos en los juicios. Foto:Diamond Films
El actor también destacó que gran parte de los discursos de su personaje en la película están basados directamente en las palabras reales pronunciadas durante los juicios. “Lo que digo en la película son básicamente sus propias palabras”, explicó. “Es uno de los discursos más conmovedores de la historia moderna”.
La dirección de ‘Nuremberg’
El director James Vanderbilt contó que al comenzar el proyecto imaginaba una película más íntima, centrada casi exclusivamente en la relación entre Kelley y Göring. Sin embargo, la investigación histórica fue ampliando el alcance del relato.
“Pensé que la película sería básicamente dos hombres en una celda”, explicó, “pero mientras investigaba encontré la historia de Robert Jackson y otros protagonistas, y el relato empezó a crecer cada vez más”.
Ese crecimiento permitió que la película mostrara no solo el enfrentamiento psicológico entre el psiquiatra y su paciente más célebre, sino también la construcción de un sistema de justicia internacional que no tenía precedentes en la historia.
La historia real
Los juicios de Nuremberg marcaron un momento decisivo para el derecho internacional. Por primera vez se estableció que los líderes políticos y militares podían ser responsabilizados legalmente por crímenes contra la humanidad, un concepto que hasta entonces no existía de manera formal en el ámbito jurídico.
Pero quizá la pregunta más inquietante que plantea la historia no tiene que ver con la ley, sino con la naturaleza humana.
‘Nuremberg’ ya se encuentra en las salas de cine del país. Foto:Diamond Films
Durante sus evaluaciones, Kelley llegó a una conclusión que lo perturbó profundamente: muchos de los líderes nazis que examinó no parecían hombres irracionales ni mentalmente inestables. Por el contrario, eran individuos inteligentes, articulados y plenamente conscientes de sus decisiones. Ese hallazgo, el de la posibilidad de que el mal no siempre tenga el rostro de un monstruo, es uno de los temas que atraviesa la película.
Para Malek, esa dimensión es precisamente lo que hace que la historia siga siendo relevante. “Siempre me atraen los personajes que plantean preguntas en lugar de ofrecer respuestas fáciles”, afirmó. “Con Nuremberg, la pregunta es directa: ¿qué hacemos frente a la injusticia?”.
El actor considera que el valor de este tipo de relatos está en mantener vivas conversaciones que siguen siendo necesarias décadas después de los hechos. “Contar estas historias mantiene vivas conversaciones importantes”, señaló. “Nos obliga a mirarnos a nosotros mismos de una manera distinta”.
En un momento en que el paso del tiempo empieza a convertir la Segunda Guerra Mundial en un recuerdo cada vez más distante para las nuevas generaciones, Nuremberg busca recordar que los juicios no fueron solo un capítulo del pasado. Fueron, sobre todo, un intento de establecer un principio fundamental, en el que incluso en medio de las mayores atrocidades, la justicia debe prevalecer sobre la venganza.
Y es precisamente esa decisión, la de juzgar a los responsables en lugar de ejecutarlos sin más, lo que permitió que el mundo escuchara testimonios, viera pruebas y enfrentara directamente la magnitud de los crímenes del régimen nazi.
De esta forma, esa dimensión histórica es la que convierte a la película en algo más que un drama judicial. En palabras de Malek, se trata de una historia que obliga a mirar de frente una pregunta incómoda. “Es cuando debemos cuestionarnos cómo es posible que seres humanos comunes pueden llegar a participar en actos extraordinariamente crueles, algo que parece realmente impensable”.
La respuesta, sugiere la película, quizá no sea sencilla. Pero el simple hecho de formular la pregunta sigue siendo esencial y muy vigente al día de hoy.
Mario Amaya- Para EL TIEMPO- Hollywood, California