Durante y después de la quimioterapia, muchas personas describen una sensación difícil de poner en palabras, en donde la mente se vuelve lenta, las ideas tardan en llegar y la memoria reciente parece erosionarse. Recordar dónde quedaron las llaves o seguir el hilo de una conversación cotidiana se vuelve un desafío inesperado.
El chemobrain afecta la memoria y la concentración durante o después de la quimioterapia. Foto:iStock
Ese estado, conocido como ‘chemobrain’ o ‘quimiocerebro’, es hoy un fenómeno reconocido por la comunidad científica y reportado por un amplio número de pacientes en distintos países. Aunque la imagen más difundida del cáncer suele enfocarse en la fatiga, la caída del cabello o los cambios físicos, la afectación cognitiva ha ido ganando atención en la investigación internacional.
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Estudios citados por entidades como la Sociedad Española de Oncología Médica y el ‘Journal of Clinical Oncology’ coinciden en que entre el 30 % y el 70 % de las personas que reciben quimioterapia experimentan algún grado de alteración mental. El rango es amplio porque influyen la edad, el tipo de tratamiento, el estado emocional, la calidad del sueño y las condiciones de salud previas.
La niebla mental que acompaña el tratamiento
El chemobrain se manifiesta como una disminución del funcionamiento neuropsicológico. No se trata de un signo de demencia ni de un daño irreversible, sino de una alteración temporal que puede afectar la memoria reciente, la concentración, la fluidez verbal y la capacidad para planificar tareas.
La niebla mental es uno de los efectos menos visibles del tratamiento oncológico. Foto:iStock
Muchas personas lo describen como si el pensamiento caminara con pasos más cortos. En cáncer de mama, uno de los más estudiados en este campo, los síntomas incluso pueden aparecer antes de iniciar la quimioterapia, impulsados por el impacto emocional del diagnóstico.
La psicóloga Olga Albaladejo, consultada por el medio español ‘CuídatePlus’, explica que los cambios hormonales, la inflamación sistémica y el estrés sostenido también contribuyen a este deterioro.
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La experiencia suele fluctuar según el cansancio y el ánimo del día. Hay momentos de claridad completa y otros en los que la mente se percibe inundada por una niebla que debilita la seguridad personal y la relación con el entorno.
Impacto distinto, duración variable
La duración del chemobrain es desigual. En numerosos casos mejora con el paso de los meses, una vez finalizado el tratamiento. Sin embargo, una revisión publicada en ‘Nature Reviews Clinical Oncology’ señala que entre el 20 % y el 30 % de los pacientes pueden mantener síntomas leves hasta cinco años después, aunque no impiden llevar una vida normal. La plasticidad cerebral permite que, con estrategias adecuadas, el cerebro se adapte y recupere funciones.
La plasticidad cerebral permite que la mayoría de pacientes recupere sus funciones. Foto:iStock
Este efecto secundario no depende del tipo de cáncer, sino del tratamiento. Aun así, se estudia con mayor profundidad en tumores como mama, linfoma, colon y pulmón. Investigaciones realizadas fuera de Colombia han demostrado que algunos fármacos quimioterápicos afectan a las células madre del sistema nervioso central y, aunque el riesgo existe, los especialistas coinciden en que los beneficios de la quimioterapia superan con amplio margen estos efectos.
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¿Cómo aliviarlo y acompañarlo?
No existe un método definitivo para prevenir el chemobrain, pero sí factores que reducen su impacto. Expertos en psicooncología y neuropsicología recomiendan mantener rutinas estables, cuidar el sueño, realizar actividad física moderada y entrenar la mente con ejercicios de memoria, lectura o aprendizaje continuo. Actividades como crucigramas, pasatiempos o juegos de cartas ayudan a fortalecer la atención sostenida.
El estrés emocional es uno de los detonantes más frecuentes y, por eso, técnicas como la respiración consciente, el mindfulness y la relajación guiada contribuyen a disminuir la fatiga mental. El acompañamiento psicológico especializado también resulta determinante, no solo para orientar al paciente, sino para contener la angustia que produce la sensación de ‘no ser el mismo’.
El acompañamiento psicológico ayuda a manejar el impacto del chemobrain. Foto:iStock
El entorno cercano cumple un papel clave. Escuchar sin minimizar lo que ocurre, organizar espacios con recordatorios visibles, evitar las multitareas y permitir pausas frecuentes hace una diferencia real. La recomendación de los especialistas es clara: acompañar sin sobreproteger, facilitar sin impedir la autonomía.
Aunque este fenómeno continúa siendo estudiado en distintos países, la evidencia científica coincide en un punto, esta condición es real, afecta la vida cotidiana y requiere comprensión. La buena noticia es que el cerebro tiene la capacidad de rehacerse. Con apoyo adecuado y hábitos saludables, la claridad mental vuelve a abrirse paso.