“Era mi padre un árbol y mi madre, la lluvia. Su savia son mis versos hechos de arcilla y luna”. Este es ‘Raíces’, uno de los poemas escritos por María del Pilar Paramero en su libro ‘Estallidos’, ganador del Gran Premio Nacional de Poesía Museo Rayo en 1995.
El ‘ave mayora’, como era conocida en Boyacá, nació en El Cocuy el 10 de noviembre de 1938 y falleció el 15 de mayo de este año. Creció rodeada de sus tres hermanos y sus papás: Timoleón Paramero y Rosenda Silva.
Redactó su primer poema a los siete años y la profesora Aura León fue quien la motivó a seguir escribiendo desde que era una niña. Con el tiempo, la joven se convertiría en una de las pioneras de la poesía femenina boyacense.
María del Pilar Paramero, poetisa mayora boyacense. Foto:Cortesía Natalia Molano
Las raíces muiscas atravesaron sus escritos desde el uso de pocas palabras y así trazó el camino en medio de un arte dominado por hombres.
“Abrió el espacio para las mujeres en la literatura, sin duda alguna su poesía fue revolucionaria y el hecho de haber ganado en plenos años noventas ese certamen a nivel nacional dejó la vara muy alta (…) motivó a las mujeres para que se dediquen a escribir y para que tengan la posibilidad de que su obra sea divulgada”, expresó Natalia Molano, integrante del Círculo de Mujeres Poetas de Boyacá.
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María del Pilar enviudó en el 2014, no tuvo hijos y hace 10 años decidió alejarse del resto de su familia para vivir en un ancianato en Tunja. Con los años perdió parte de la audición y un 80% de su visión por lo que, en la última etapa de su vida, dejó de escribir.
María del Pilar Paramero en el ancianato Hogar ‘Mi Casa’ de las Hermanitas de los pobres. Foto:Cortesía Natalia Molano
Sin embargo, la literatura nunca se alejó de ella, pues tras conocerse su caso, el Círculo de Mujeres Poetas de Boyacá decidió acompañarla y estar al tanto de su cuidado: “era una mujer muy acogedora y dentro de su filosofía de vida decía que no se sentía sola porque siempre tenía el contacto con la naturaleza (…) Tenerla cerca estos últimos años fue un regalo para nosotras como mujeres poetas del departamento”, añadió Molano.
Escribió más de 60 composiciones: ‘Verso libre’, ‘Itinerante de un colibrí’, ‘Luna de bambú’ y ‘Genes de arcilla y fuego’ son algunas muestras desu relación íntima con el paisaje andino, la memoria campesina y la simbología indígena muisca.
Fue tallerista en escuelas rurales, una pedagoga empírica que indujo a los niños a la escritura de cuentos y poesía ecológica. Recorrió parte del país rescatando la memoria a través de la literatura y dedicó su trabajo al activismo ambiental desde el territorio que habitaba.
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Caminó por Cundinamarca, Valle del Cauca, La Guajira, Santander y Boyacá. Allí promovió la cultura desde la palabra y se convirtió en investigadora etnográfica sin haber pisado una universidad.
“María del Pilar era netamente autodidacta, todo lo que hizo fue con fines culturales y patrimoniales. Una de sus causas más grandes fueconformar el Cabildo Cundiboyacense Muisca Chibcha Tchunza, ella convivió durante unos años con este cacicazgo y les entregó algunas obras inéditas en manuscritos para guardarlas”, sostuvo Molano.
María del Pilar Paramero junto a Ubeimar Ríos en un especial televisivo para Señal Colombia. Foto:Cortesía Natalia Molano
Pese al vínculo de la poetisa con la comunidad indígena, esos manuscritos aún no han sido devueltos. Antes de fallecer, Paramero anhelaba dar a conocer lo que escribió durante su estadía en el Cabildo. Por ello, la Secretaría de Cultura de Boyacá, con apoyo del Círculo de Mujeres Poetas, ahora busca rescatar la obra para publicarla con fines patrimoniales y documentales.
Sin embargo, el proceso continúa estancado: “ha sido muy difícil instaurar conversación con el gobernador encargado del cacicazgo. Se rehusó a entregar la obra aún cuando esa fue una de las últimas voluntades de María del Pilar”, expresó la integrante del Círculo de Mujeres Poetas de Boyacá.
María del Pilar Paramero, poetisa mayora de Boyacá. Foto:Cortesía Natalia Molano
Sueño y tierra
La poetisa siempre compuso desde las raíces de su tierra: “Esta mezcla de mi sangre se me sale de las manos, cuando le canto a mi raza me sale un verso gitano. Hija del sol y Bachué nacida en la Sierra Andina, música llevo en mi sangre ¿del África? ¿o de la China?”.
Y es esa poesía por la que hoy apuestan quienes conocieron su arte. “Esta mezcla de mi sangre de flauta o de cante ‘jondo’ vuelo de gaviota errante canario, mezcla de cóndor. ¡Esta mezcla de mi sangre la heredé sin saber cómo!”, escribió en ‘Genes de arcilla y fuego’ de 1995.
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La mujer que se describía a sí misma como “mitad sueños, mitad tierra” se rodeó de literatura hasta sus últimos años: participó del Encuentro de Poetas Colombianas en Rolanillo, Valle (2013), asistió a la Primera Fiesta de la Poesía en Villa de Leyva (2015) y fue homenajeada en la Fiesta de las Plumas Parameras en Boyacá (2025).
‘Estallido’, poemario de María del Pilar, ganador del Premio Museo Rayo en 1995. Foto:Biblioteca digital Universidad Santiago de Cali
Su fallecimiento fue un golpe contundente a la poesía andina y, aunque parte de sus composiciones aguardan por ser descubiertas, los escritos ya conocidos inmortalizan sus 87 años de vida.
Dana Sofía García Cárdenas
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO / Redacción Impreso