El respetadísimo historiador del arte José Emilio Burucúa estuvo en La Repregunta de La Nación de Argentina hablando sobre civilizaciones y barbarie, democracias liberales y capitalismo, y libertad e igualdad. Burucúa es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde fue profesor de Historia Moderna. También fue profesor titular de Problemas de Historia Cultural en la Universidad Nacional de General San Martín. Fue director de Estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Acaba de publicar Civilización: Historia de un concepto (FCE).
LEA TAMBIÉN
La discusión global está volviendo insistentemente sobre la noción de civilización. ¿Cómo una sociedad pasa de la barbarie a la civilización? ¿Qué debe tener una civilización para ser considerada como tal?
El primer punto es el que dilucidó en los años 30 el sociólogo alemán, Norbert Elias, en su libro El proceso de civilización. Es lo que él llamó ‘la domesticación de los guerreros’, pues los guerreros pasaban a formar parte de la corte del Príncipe y tenían que empezar a someterse a un poder que no salía de su propio seno. Eso contribuye a pacificar la sociedad sin que los guerreros desaparezcan, porque la sociedad siempre necesita mecanismos de defensa. Ese proceso permite una paz social que lleva a los hombres y mujeres a realizar una serie de actividades que van más allá de la satisfacción de las necesidades, como la supervivencia, la alimentación, el vestir, el habitar. Al principio, esa posibilidad estaba restringida a un grupo muy pequeño, a los aristócratas y nobles, pero luego se va extendiendo.
Es decir, en primer lugar, hay un proceso de pacificación. Y eso permite la sustitución de la mera satisfacción de necesidades por el desarrollo de otros modos de expresión.
Sí, de otros modos de habitar que parecen actividades superfluas porque no están vinculadas a la necesidad. Pero si uno lo mira desde otra perspectiva, cuando eso evoluciona y se enriquece, es nada menos que el reino de la libertad. Al principio, pocos gozan de la libertad. Lo interesante es que, en todo proceso de civilización de largo aliento, ese grupo se va ensanchando y va involucrando a otros personajes, a otras clases y grupos sociales. Entonces, en esa sociedad van creciendo los márgenes de la libertad.
Las civilizaciones actuales que dialogan en el mundo y, en el peor de los casos, se disputan entre ellas por la superioridad moral, ¿tienen el mismo grado de pacificación de las costumbres?
Todo mi esfuerzo en este libro estaba destinado a superar la cuestión de la superioridad moral, técnica o científica de una civilización sobre otra. Chocan otras cosas: chocan poderes bien enraizados en lo real. La civilización es un producto un poco más inestable, más bien desmaterializado. Las civilizaciones existen en el tiempo en el que se pueden dar también procesos de descivilización, a veces caóticos o catastróficos. Eso significa que se resquebrajaría la paz social que hace posible que los seres humanos pensemos más allá del enfrentamiento para sobrevivir. Algunos países islámicos han sufrido un proceso de descivilización como lo sufrimos la civilización euroatlántica tantas veces en el siglo XX. La existencia de Hezbolá en el Líbano o de Hamás en Gaza son ejemplos de que allí no hay domesticación de los guerreros.
LEA TAMBIÉN
¿Es accidente que haya civilizaciones que tengan una organización muy centrada en la religión?
Es inadmisible pensar que hay una civilización superior a otra globalmente. Puede haber algún factor que termine siendo superior no tanto en términos de riqueza humana, sino de equilibrio humano, de armonía, hasta de bondad humana. Le doy un ejemplo: con relación a la hospitalidad, que es un precipitado precisamente de la pacificación de las sociedades; pocas civilizaciones son comparables a la árabe.
Cuando dice ‘hospitalidad’, ¿a qué se refiere exactamente?
Me refiero a recibir al extranjero, protegerlo, ampararlo, satisfacer sus necesidades durante un tiempo y luego dejarlo que siga libremente su camino o que decida incorporarse a esa civilización.
¿Cómo encaja esa equidad en la valoración de las civilizaciones con la Ley Sharía, con el sojuzgamiento de las mujeres y de las niñas y el impacto en las libertades de género en el mundo islámico?
Precisamente, en aspectos parciales, existe una superioridad moral y existencial.
¿Se refiere a una superioridad de la civilización occidental?
No solo de la civilización occidental, por eso empecé por un ejemplo en donde la superioridad moral no está del lado de Occidente, sino que tomé el ejemplo de la hospitalidad entre los árabes. Esos grados de hospitalidad no los va a encontrar en el Occidente actual. En ese aspecto, habría una superioridad de esa cultura. Pero en otro aspecto, como puede ser la situación legal de la mujer, no me cabe duda de que esta en Afganistán es deplorable. Y lo es también en otras regiones manejadas por el extremismo islámico. En ese sentido, Occidente ha alcanzado tasas que no tienen parangón. Lo único semejante que uno podría encontrar en el pasado es el Japón del siglo X u XI, donde las mujeres tenían un papel extraordinario, poco en la política, pero sí en la cultura.
LEA TAMBIÉN
¿Hay alguna relación entre el lugar que se les da a las mujeres en términos de poder político y cultural, y el grado de civilización que se logra?
En la primera etapa del proceso de civilización, que es la domesticación de los guerreros, el papel de las mujeres es fundamental. Las mujeres van a ser grandes domesticadoras de los guerreros. Por eso, en todos los horizontes conocidos en los que se ha ensayado un proceso civilizatorio, las mujeres están presentes, sobre todo en el campo de las artes, la poesía, la música: son las que gobiernan en ciertas costumbres como la amabilidad, la gentileza, la consideración hacia el otro. Hablemos de otras etapas posteriores, por ejemplo, la de la aparición de la poesía lírica, que no autorrepresenta nada más allá del individuo con sus dilemas interiores. O sea, no satisface una necesidad primaria, como sí lo hacen los géneros épicos y dramáticos, que autorrepresentan a los propios guerreros o los grupos urbanos.
Es un universo autónomo…
Sí, es un universo autónomo. En la civilización del Mediterráneo antiguo, la gran fundadora de la poesía lírica es Safo, que dice: “Yo no voy a cantar Aquiles u Odiseo; yo voy a cantar y a hablar de mis propias emociones, y de la persona que amo”. Ahí se establece el mundo de la lírica. Y lo mismo ocurre en el caso de Japón, donde la lírica está vinculada fuertemente a la sensibilidad femenina. La obra cumbre de la literatura japonesa y una de las más extraordinarias de toda la literatura universal fue escrita por una japonesa entre el año 1000 y 1002 de nuestra era: La historia de Genji.
Si uno lleva el concepto de civilización por fuera del arte, ¿no hay otro punto culminante posible para la civilización? En 1989, Francis Fukuyama publicó El fin de la historia, con la idea de que el mundo de Occidente, con la democracia liberal y el capitalismo, iniciaba un proceso que superaba el fascismo, el comunismo.
En primer lugar, Fukuyama se equivocaba, como es obvio, porque ya pasaron treinta y cinco años y está visto que la historia no terminó en eso que él suponía que era el final. Es muy alto el grado de civilización que alcanzó Occidente con la democracia liberal y con lo que podríamos llamar la economía social de mercado.
En ese Estado de Bienestar, el capitalismo tiene un rol importante.
El capitalismo es el núcleo del Estado de Bienestar. Keynes jamás pensó en abolir el capitalismo, sino en darle un rostro humano y en abrir una vía hacia la igualdad sin afectar la libertad, que era el gran ideal de los mejores pensadores políticos de los 30. Con la democracia liberal y el social capitalismo o el capitalismo de Keynes, tan denostado en este momento, se alcanzó una cumbre civilizatoria: de eso no me cabe la menor duda. Pero no quiere decir que el modelo tenga que ser adoptado por otras civilizaciones para llegar al mismo estadio. En buena parte, esa combinación virtuosa de democracia liberal y economía social de mercado tiene mucho que ver también con la laicización.
Es inadmisible pensar que hay una civilización superior a otra globalmente. Puede haber algún factor que termine siendo superior, no tanto en términos de riqueza humana, sino de equilibrio humano, de armonía, hasta de bondad humana
Otra vez el nudo de la religión dentro de las sociedades.
No me cabe dudas de que sin esa laicización radical que hubo en Occidente y, al contrario, con una fortísima base religiosa y con una presencia activa de lo religioso, también es posible alcanzar las mismas altas cuotas de desarrollo en los otros aspectos, como en la política y la economía.
Pero no dominando la escena de la lógica política y social.
No, pero coadyuvando. En nuestro caso, la laicización ha sido radical porque los Estados tienden a ser laicos. Pero no creo que sea necesaria esa laicización en otros contextos u horizontes, en otras civilizaciones, como para alcanzar también los valores de la libertad activa como tiene la democracia liberal y los valores del progreso económico como puede tener la economía social.
¿Hay algún ejemplo de países que constituyan una civilización donde la presencia religiosa sea una gran ordenadora de la vida y que hayan alcanzado niveles de desarrollo en términos de igualdad de derechos y de calidad de vida comparables a Occidente?
Japón es un buen ejemplo. Lo religioso pesa en la vida cotidiana y, por supuesto, tiene que haber concatenaciones que lleguen a las actividades política y económica. La religión es un elemento fundamental.
LEA TAMBIÉN
¿‘Civilización y barbarie’ o ‘civilización o barbarie’?
Civilización y barbarie. Domingo Faustino Sarmiento plantea que el desiderátum sería la civilización, que nos va a llevar a mayores grados de pacificación social, de libertad en la sociedad y también de progreso. Pero nuestra barbarie está siempre allí. En realidad, es civilización y barbarie en cualquier pueblo.
¿Implica una convivencia y un riesgo siempre inminente?
Exactamente. Hay una seducción de la barbarie, como bien estudió Rodolfo Kusch en Argentina. En ese camino hacia una mayor pacificación, en esa evolución basada en las relaciones cordiales entre los seres humanos, cada tanto hay que prestar atención a la vieja barbarie que, en términos políticos, implica la imposición de la voluntad del más fuerte.
La gran discusión global es que la voluntad de igualdad termina produciendo hegemonías muy abusivas en las sociedades. Por ejemplo, la narrativa del presidente Milei es la reposición de una libertad absoluta que repare ese daño producido. ¿Cómo ve usted ese proceso?
La discusión sobre libertad e igualdad está en la salida de la Revolución Francesa. Ese es el problema central de todo el pensamiento político de ese período: ¿cómo se concilian la libertad de los ciudadanos con la búsqueda de una igualdad? Porque la desigualdad, en algún momento, va a estallar y va a derrumbar la libertad. En beneficio de la propia libertad es que hay que prestar atención a la igualdad. Y ese es el tema de Benjamin Constant, de Alexis de Tocqueville, de Francois Guizot.
La desigualdad, en algún momento, va a estallar y va a derrumbar la libertad. En beneficio de la propia libertad es que hay que prestar atención a la igualdad.
¿Cree que es viable el planteamiento del presidente Milei de la libertad como horizonte para la transformación de la sociedad?
En estas circunstancias y después de haber visto que es posible alcanzar altos estándares de libertad con altos estándares de igualdad, como en el Estado de bienestar, plantear o la libertad o la igualdad como el único horizonte posible es nefasto. El gran político presta atención tanto a la libertad como a la igualdad. En plena Guerra Mundial, Churchill, que era un arquetipo del pensamiento conservador en Inglaterra, le encargó a un socialista la confección de un plan para la restauración económica después del desastre y la calamidad de la guerra.
¿El 12 de octubre, para algunos Día de la Raza, o Día de la Hispanidad o Día de la Resistencia Indígena, es el nacimiento de una civilización o es el encuentro de dos civilizaciones?
Decir que España trajo la civilización a América el 12 de octubre no tiene el más mínimo sustento histórico. Por empezar, acá existían grandes civilizaciones, el núcleo de la civilización mesoamericana y la civilización andina. En el aspecto técnico, no se podían comparar con el estado de la civilización que traían las carabelas. En el sentido artístico, las fórmulas y los paradigmas eran completamente distintos, pero en América se llegó a altísimos niveles de civilización en el arte o en la jardinería, por ejemplo. En Europa, el jardín era todavía el jardín cerrado. En el siglo XVI se dará el jardín integrado a la naturaleza. En el caso americano, Tenochtitlan era una ciudad-jardín. O el caso de los jardines en el Cuzco.