Klaus Mäkelä y Barrie Kosky alumbran un gran milagro operístico en Aix-en-Provence

A menos de tres semanas del estreno de Die Frau ohne Schatten (La mujer sin sombra) en Viena, Hugo von Hofmannsthal escribió una carta a Richard Strauss —con quien venía colaborando regularmente desde hacía una década, a partir de Elektra— en la que le confesaba que era consciente de que esta nueva ópera había supuesto “una carga gigantesca sobre sus hombros”, si bien puntualizó a renglón seguido que “usted ascendió por la montaña más empinada como si fuera un juego de niños”. Nadie mejor que él mismo sabía de la enorme dificultad que suponía poner música a un texto profundamente simbólico, inaprehensible en muchos momentos, que se cierra con un coro de Niños Nonatos, pero del que se sentía profundamente orgulloso, hasta el punto de decidir publicarlo también en paralelo en forma de relato en prosa, muy diferente, por tanto, del libreto operístico, que no podía esquivar determinadas convenciones y que debía revestir necesariamente una naturaleza y una fisonomía teatrales.
Fuente de TenemosNoticias.com: elpais.com
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