‘La agenda de la desestabilización’, nuevo libro de Bruce Mac Master

Visto lo que es el panorama de las decisiones tomadas por Petro, las preguntas que tenemos que hacernos son: ¿cuál es la intención de quien está tomando estas decisiones?, ¿qué tiene pensado?, ¿qué está buscando?, ¿se trata solo de una serie de determinaciones aisladas que no tienen en cuenta el efecto conjunto de todas ellas?, ¿o se trata de una estrategia coordinada que busca debilitar al Estado? Por todo lo anterior, reitero mi punto: ¿estos hechos son el resultado de la inexperiencia, la torpeza y la negligencia, o se trata de una estrategia articulada y fríamente pensada para desestabilizar a Colombia?
Seguridad y orden público
Muy preocupante ha resultado la situación de inseguridad y violencia en todo el país. La recuperación del orden público había sido uno de los avances más importantes en las últimas dos décadas y generaba una luz de esperanza derivada de la firma de un acuerdo de paz que, aunque imperfecto, nos había permitido recuperar una muy buena parte del territorio nacional, al cual muchas generaciones nunca habían tenido siquiera la oportunidad de ir. Eso nos había permitido soñar con una Colombia sin enfrentamientos armados, ni por razones ideológicas ni por razones económicas.
Una mezcla de factores explica la profundización de la crisis en materia de orden público. En primer lugar, la estrategia de ‘paz total’, que no ha mostrado ningún resultado para la sociedad civil. El más evidente derivado de esta estrategia es, por el contrario, el fortalecimiento de los grupos al margen de la ley que hoy imponen sus condiciones en buena parte del territorio nacional.
Pero el otro factor es el lamentable proceso de destrucción de capacidades de nuestra Fuerza Pública. Cuando se hace un análisis de cuáles han sido las decisiones del Gobierno Nacional respecto a los temas de seguridad, resulta imposible no preguntarse si estas responden a un plan deliberado de debilitamiento de las capacidades con que cuenta el Estado colombiano para contrarrestar los grupos criminales. Son demasiadas coincidencias respecto a decisiones que afectan la médula de la capacidad de las Fuerzas Militares para poder actuar en un entorno como el nuestro, lleno de complejidades y que, además, nos habíamos demorado muchos años en construir.
Atacar la separación de poderes
Otro de los frentes en los que el presidente Petro se ha mostrado muy activo es en la confrontación con las demás ramas del poder público. Desde el punto de vista institucional, Colombia se ha esforzado, históricamente y más recientemente desde la Constitución del año 1991, por construir un verdadero equilibrio entre las diferentes ramas. En sociedades como la nuestra, el objetivo de lo que la ciencia política ha llamado los “pesos y los contrapesos” es garantizar que nadie, individual o colectivamente, pueda alterar los equilibrios fundamentales de la sociedad en forma unilateral.
El fin es evitar las arbitrariedades y los abusos de poder y asegurarse de que cualquier cambio estructural de nuestra sociedad sea solo el resultado de un muy amplio consenso.
Desde la Constitución de 1991, ha habido numerosos intentos por afectar estos equilibrios. El primero de ellos se dio en la elección de 1994, infiltrada por el narcotráfico, que había sido justamente una de las fuerzas que se había pretendido neutralizar con el ejercicio de una Constitución nueva. Luego hubo varios intentos, algunos de ellos exitosos, para cambiar los términos presidenciales y abrir la posibilidad de la reelección; esto tiene un efecto importante en los términos de conformación de las altas cortes, en la elección de los organismos de control y en la elección de los miembros de la junta directiva del Banco de la República. Durante los últimos años, hemos visto acciones más decididas para desconocer abiertamente la separación de poderes e imponer el poder ejecutivo sobre las otras ramas del poder público. Se ha hablado de la reelección del Presidente a pesar de haber tomado en 2016 la decisión de eliminarla, de consultas populares y de movimientos constituyentes para elaborar una nueva Constitución. Y todos promovidos bien por el primer mandatario o por sus seguidores. En estos días, el Presidente dice que apoyará a los candidatos y movimientos políticos que impulsen una constituyente en el 2026.
Una de las facetas más llamativas de esa estrategia es la que incluye los esfuerzos por deslegitimar y atacar a las otras ramas del Estado desde el Ejecutivo; los ataques contra las Cortes y el Congreso son permanentes, no solo con críticas a su gestión, sino con declaraciones y discursos dirigidos a minar su autoridad o presionar sus decisiones. Estos intentos de ruptura institucional han sido evidentes, por ejemplo, cuando el primer mandatario se ha referido al presidente de la Corte Suprema haciendo comentarios sobre su raza al decir: “Poco entiendo de por qué los hombres negros pueden ser conservadores, no lo comprendo muy bien, pero son negros que se liberan…”. Muy llamativos han sido los esfuerzos desde el Gobierno por hacer llamados que incluyen los casos en los que el mismo jefe del Estado ha presidido manifestaciones frente a la Corte Constitucional para presionar la aprobación de la reforma pensional. Nadie puede olvidar que el Presidente pretendió ignorar al Senado cuando no aprobó la consulta popular, emitiendo un decreto ordenando a la Registraduría convocar a la consulta.
Bruce Mac Master Rojas, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi). Foto:Nestor Gomez/ EL TIEMPO
Relaciones internacionales
En términos de relaciones internacionales, pocos momentos son más críticos que el que está viviendo actualmente Colombia. Nos encontramos descertificados por los Estados Unidos, mientras que, al presidente de la República, al ministro de Minas y a la directora del Departamento de la Presidencia de la República les fue retirada la visa de ese país. Esto en medio de la mayor turbulencia de la historia en términos de comercio internacional y de conflictos bélicos.
Son muchas las actitudes provocadoras que ha desarrollado el presidente de Colombia contra el mandatario de los Estados Unidos, siendo totalmente consciente de las posibles consecuencias para el país, que pueden ser devastadoras para la economía y el bienestar de todos los colombianos. El presidente Petro ha sido reiteradamente imprudente y desafiante frente a un gobierno que ha venido tomando medidas a lo largo y ancho del planeta. Esas medidas se han convertido en grandes obstáculos para que algunos países puedan mantener la relación y flujo de mercancías hacia el mayor mercado del mundo.
La violencia, el odio y la polarización
Para un país como Colombia, la estabilidad política no es la búsqueda del mantenimiento del statu quo, sino la construcción de mecanismos no violentos –¿civilizados, ojalá?– de interacción entre fuerzas legítimamente diferentes, con intereses, formas de pensar e ideologías incluso contrarias. Suena fácil, y no faltará quien vea con romanticismo y mística decir que a la sociedad hay que incomodarla, moverla y zarandearla como a un árbol, porque de allí podrá resultar una situación mejor.
Sin embargo, es muy difícil, en un análisis histórico de nuestra sociedad, ignorar el gran daño que han producido las violencias de las últimas siete décadas. Este ha sido el gran mal de nuestra sociedad. Quienes creen en ella como forma de lucha han argumentado siempre que se trata de una situación temporal para acceder a una mejor sociedad. Es imposible no confrontar esa tesis con los inmensos costos en vidas, familias destruidas, sueños truncados, pérdidas económicas, oportunidades y desperdicio de esfuerzos y recursos.
Setenta años después, nadie puede pensar que la violencia es un camino plausible, a menos que tenga algún interés individual en ella, como les pasa a los grupos criminales o facciones que quieren mantener el poder por ese camino.
Lo cierto es que la administración Petro, al tratarse de un gobierno de izquierda o, más bien, de un gobierno que representó a muchos de los que durante décadas habían sido oposición, perdió una oportunidad histórica para avanzar con mayor decisión hacia la construcción de escenarios de paz. Por el contrario, muchas de sus consignas están impregnadas con mensajes de odio y polarización, una estrategia que está alineada con la lucha de clases y que es la gran apuesta de posicionamiento político del actual mandatario.
Fue exactamente la estrategia que muy explícitamente desarrolló durante el paro de 2021, la misma que ejecuta permanentemente desde el inicio de su gobierno, y la misma que día a día pone en marcha en múltiples frentes.
Para el primer mandatario existen los genocidas, los codiciosos, los banqueros, los empresarios, los ricos… podríamos seguir casi ad infinitum en ese listado de «enemigos» de su causa.
Desde un pedestal de superioridad moral, el Presidente busca desesperadamente encontrar sujetos de odio para cada uno de sus seguidores o potenciales seguidores.
Sabe perfectamente que esos odios, en todas las sociedades, y comprobablemente en la sociedad colombiana, son la fuente de las violencias. No es entendible que un líder político que dice querer la paz total haya hecho tantos esfuerzos por avivar y cultivar el odio en una sociedad. O no son ciertas sus intenciones de ‘paz total’, o es superior su interés en usar el enfrentamiento y la lucha de clases como plataforma para mantener el poder.
BRUCE MAC MASTER
Presidente de la Andi
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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