La compañía monegasca está de cumpleaños, y se ha propuesto celebrarlo a lo grande. Con epicentro en la gala internacional del pasado sábado 4, Los Ballets de Montecarlo llegan a una exultante madurez habiendo definido un estilo propio y con una plétora de actividades anuales, como un festival internacional, una entrega de premios a la excelencia y un panorama que se antoja ya imprescindible, de encargo de nuevas creaciones a jóvenes coreógrafos, que certifican que el pequeño principado de la Costa Azul ha recuperado con éxito, en la vida cultural contemporánea global, el rol que tuvo entre los últimos años veinte y los primeros años treinta del siglo XX.