El golpe indirecto de Ormuz a Alemania: uno de cada 100 euros del valor añadido de su producción proviene de unos sedientos de energía Japón y Corea del Sur

Se ha insistido bastante en ello, pero no está de más recordarlo. El golpe para las economías que supone el bloqueo del estrecho de Ormuz no viene solo de no poder importar directamente energía de los países del Golfo Pérsico. El impacto también es indirecto en la medida en que la escasez de energía en algunos países deriva en una escasez de bienes intermedios para otros que sí afecta a esas latitudes que cuentan con un suministro de energía más diversificado. Si Europa se ve bastante expuesta a ese ‘segundo azote’, preocupa especialmente el escenario en su mayor economía e histórica ‘fábrica’, ahora en horas bajas: Alemania.
Por supuesto, el cierre efectivo de Ormuz tiene un efecto directo sobre la tradicional ‘locomotora’ económica de Europa: aunque Alemania importa relativamente poco petróleo y gas natural de los países ribereños del Golfo Pérsico, sí importa importantes productos químicos y gases nobles. De hecho, la economía de la UE es la más dependiente de las importaciones de productos petroquímicos y helio procedentes de esta región. Por ejemplo, hasta la mitad de todas las importaciones de la UE de determinados productos químicos proceden de allí.
Sin embargo, los analistas alemanes han señalado primero al otro foco de preocupación: el de los efectos indirectos. Cunde el temor a que algunos países asiáticos, muy dependientes del suministro energético de Oriente Medio, puedan exportar menos mercancías, como productos electrónicos, a Europa. Por el momento, no hay indicios de una crisis en la cadena de suministro como la que se produjo durante la pandemia. Sin embargo, esto podría cambiar rápidamente, advierten.
«Al ejercer un control de facto sobre el estrecho de Ormuz, Irán tiene influencia sobre toda la economía mundial. Aunque Europa -y Alemania en particular- obtiene gran parte de su petróleo y gas natural de otros países y no de Oriente Medio, las cadenas de suministro podrían verse amenazadas. Esto se debe a que Alemania y otros países europeos importan diversos productos, como productos químicos, gases nobles y aluminio, de países ribereños del Golfo Pérsico. Además, existe una dependencia indirecta a través de países -especialmente en Asia- que a su vez dependen de la energía de Oriente Medio y actúan como proveedores clave para la industria alemana y europea«, sintetiza Jörg Krämer, economista de Commerzbank Research, en un informe al que ha podido acceder elEconomista.es.
El alto el fuego alcanzado la semana pasada entre EEUU e Irán ha servido de poco a la hora de normalizar el tránsito de mercancías por el estrecho de Ormuz. A las versiones contradictorias y confusas dadas por Washington y Moscú a finales de la semana pasada se ha sumado este fin de semana el fracaso de las conversaciones entre ambos, anunciando Donald Trump que desde este lunes iba a ser EEUU quien interrumpiera el flujo de barcos por la vía fluvial. El resultado es que cientos de buques siguen atrapados en la zona, enquistando el problema.
«Aunque no se produzca una nueva escalada y el alto el fuego se prorrogue repetidamente, es probable que las amenazas mutuas se conviertan en la norma. Es probable que el estrecho de Ormuz siga siendo un importante punto de discordia. En la actualidad, el tráfico a través del estrecho sigue suspendido de facto, y es probable que se produzcan restricciones de forma repetida también en el futuro», se muestra poco optimista Krämer.
Mirando hacia su propia economía, el economista germano alerta del riesgo adicional que supone para las cadenas de suministro de las empresas alemanas el hecho de que muchos países asiáticos que suministran bienes intermedios a Alemania obtienen una gran parte de su petróleo de Oriente Medio. Si se vieran obligados a reducir la producción debido a la escasez de energía, esto podría perturbar el suministro de determinados bienes intermedios a la industria alemana, advierte Krämer.
Dentro de este peligro, hay dos nombres propios. «Japón y Corea del Sur son proveedores clave de la industria alemana; ellos también cubren entre el 70% y el 80% de su consumo de petróleo con suministros procedentes de países de la región del Golfo Pérsico. Un producto acabado fabricado en Alemania contiene un 0,3% de valor añadido procedente de Corea del Sur y un 0,7% de valor añadido procedente de Japón. En otras palabras, por cada 100 euros de valor de los productos, aproximadamente un euro de ese valor procede de Japón y Corea del Sur», explica el economista alemán.
Entre los países que dependen en gran medida del suministro de petróleo de la región del Golfo Pérsico se encuentran también Filipinas, Pakistán y Tailandia, donde ya se han registrado casos de racionamiento de gasolina y gas natural. No obstante, matiza el trabajo del banco alemán, la importancia de estos proveedores para la economía alemana es muy limitada. Si se suman los tres países, la proporción de bienes intermedios producidos en ellos dentro de los productos industriales fabricados en Alemania asciende a menos de un cuarto de punto porcentual. Por su parte, la India ha logrado reducir su dependencia del petróleo del Golfo Pérsico gracias a los suministros procedentes de Rusia.
Sin embargo, el gran alivio momentáneo, dentro de la amenaza que supone este país per se para la industria alemana, viene de la propia China. «A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, los suministros procedentes de China -que son cruciales para la industria alemana- no se han visto hasta ahora tan gravemente amenazados», señala Krämer, no sin advertir que el tiempo juega en contra. «Cuanto más tiempo permanezca bloqueado el estrecho de Ormuz, o al menos sujeto a restricciones de tránsito, mayor será el riesgo de que China también se enfrente a una escasez», avisa.
Volviendo al roto que supone la ‘sed’ de energía de Japón y Corea del Sur, el informe de Commerzbank hace énfasis en que las cadenas de suministro vinculadas a ambos países podrían verse sometidas a tensiones en el futuro. Esto afectaría principalmente a la producción alemana de productos electrónicos, ingeniería de precisión y óptica.
Lo mismo se aplica a la India en lo que respecta a la industria química (y, por consiguiente, también a la industria farmacéutica). «Los colorantes, los precursores de productos químicos agrícolas y muchos precursores para la fabricación de medicamentos proceden de allí, lo que convierte al país en un proveedor de precursores para la industria química tan importante como Arabia Saudí e incluso mucho más importante que los Emiratos Árabes Unidos», explica el analista del banco alemán.
Pese a los factores adversos, Krämer confía en que, al menos a muy corto plazo, no se producirá una escalada de la situación similar a la de 2021. Y enumera algunos atenuantes: existen fuentes de suministro alternativas para muchos productos procedentes de Oriente Medio (como el aluminio y los fertilizantes); los productos petroquímicos importantes y el helio también deberían poder transportarse, en cierta medida, a través de los puertos árabes del mar Rojo e incluso el helio, que es prácticamente insustituible, puede racionarse en determinados ámbitos del entretenimiento y el deporte y priorizarse para uso industrial.
Además, concluye el experto, los países asiáticos, en particular Japón -tan importante para Alemania-, cuentan con elevadas reservas de petróleo crudo; no todas las medidas de racionamiento de gasolina en Asia (semanas laborales de cuatro días para las oficinas gubernamentales, normas de teletrabajo y uso compartido del coche, etc.) implican una reducción de la producción y, por el contrario, es probable que estos países den prioridad a las empresas que producen para la exportación.
Las ‘reglas’ ya las dictan fuera
La situación de fondo, en cualquier caso, no es nada halagüeña para una industria alemana que empezó a presentar muestras de fatiga antes de la pandemia y que ha experimentado un particular calvario después de la misma. La feroz competencia en productos de alto valor añadido de una China que antes era fiel cliente, las sucesivas crisis energéticas (especialmente dolorosa ha sido la vida sin el gas ruso en Alemania) y los ‘puñetazos’ geopolíticos (desde los aranceles de EEUU hasta la restricción china a la exportación de tierras raras) han supuesto una nube negra que apenas permite ver el sol a las manufacturas teutonas, con especial virulencia sobre una industria automotriz que un día fue espejo en el que mirarse para el mundo entero.
La cuesta abajo de la producción industrial alemana ya es peor que la de socios europeos como Italia o Francia y cada día hay un nuevo frente abierto mientras Berlín no consigue que su ingente estímulo empiece a carburar. Si la escasez de chips en la pandemia ya fue fatal para la industria del automóvil y la posterior restricción china de tierras raras ha hecho daño, la falta de suministros intermedios desde los citados países asiáticos puede dejar a las plantas en una situación bastante precaria.
Con sentidas palabras lo expresaba hace unos meses Carsten Brzeski, analista jefe de ING y habitual ‘radiólogo’ de los males de la tradicional locomotora económica de Europa. «La industria alemana ya no dicta las reglas del juego, sino que simplemente las sufre», sentenciaba en un informe ante los temores a una abrupta paralización de la producción en la industria automotriz germana debido a los controles chinos a la exportación de microchips (el caso Nexperia).
La semana pasada la industria alemana ya se llevó el enésimo varapalo. Según los datos publicados el jueves por Destatis, instituto estadístico oficial de Alemania, la producción industrial del país tuvo dificultades para repuntar incluso antes del inicio de la guerra en Oriente Medio. En febrero, la producción cayó un 0,3% intermensual, tras una revisión al alza del estancamiento registrado en enero. En términos interanuales, la producción industrial se mantuvo sin cambios.
Este último ‘bajón’ tiene su implicación directa en los primeros datos de PIB a conocer este ejercicio. «La industria va camino de contraerse en el primer trimestre. La producción en enero y febrero se situó un 0,8% por debajo del nivel del cuarto trimestre, y tanto los datos de alta frecuencia como las encuestas nos hacen dudar de que marzo vaya a registrar un repunte suficiente para compensar esa caída. Esto refuerza nuestra previsión de una modesta contracción del PIB en el primer trimestre», apuntaba Alexander Valentin, economista sénior de Oxford Economics en un comentario rápido tras los datos.
La conclusión no podía ser más demoledora: con el billonario estímulo ya ‘trabajando’ y antes de la crisis energética por Irán, la producción volvía a languidecer y el año del esperado resurgir del crecimiento en Alemania se podría estrenar con una contracción trimestral del PIB. Con vistas al año completo, incluso los cinco grandes institutos económicos germanos ya prevén un pírrico crecimiento para el ejercicio que se parece bastante al estancamiento (o parálisis, más bien) del último quinquenio: hace poco revisaron su previsión para el PIB del 1,3% a un exiguo 0,6%.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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