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Economía y Finanzas

La IA provoca la gran mutación de Google con la ‘Era Agéntica’

📅 🕐 26 May 2026🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 5 min de lectura
La IA provoca la gran mutación de Google con la 'Era Agéntica'
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A pesar de que todo lo que sucede alrededor de la inteligencia artificial va a una velocidad endiablada y cada semana las cosas pueden cambiar, hay consenso en que la IA podría estar dejado de ser, para la mayoría de nosotros, un ingenio conversacional para convertirse en una agresiva infraestructura macroeconómica.

Si la semana pasada alguien esperaba que el Google I/O 2026, el evento anual donde Google presenta sus novedades, fuera un simple escaparate de dispositivos o fuegos artificiales algorítmicos, se equivocó profundamente de diagnóstico.

Lo que Sundar Pichai, CEO de Google desplegó en el evento fue un giro estratégico de grandes dimensiones: el bautismo oficial de la ‘Era Agéntica’.

Históricamente, la misión fundacional de Google consistía en «organizar la información del mundo». Hoy, esa premisa ha muerto de facto. El nuevo mandato invisible es organizar y/o ejecutar las acciones de los internautas del mundo.

Y ojo, este es un movimiento que altera de forma muy relevante las reglas del juego corporativo, redefine los papeles de los gigantes tecnológicos y propone un contrato social tan cómodo para el usuario como alarmante para la libre competencia.

Vamos por partes.

Del dividendo por clic al control del flujo

Durante un cuarto de siglo, el modelo de negocio de Alphabet (matriz de Google) se ha cimentado en un principio sencillo: el usuario acude a una caja de búsqueda, introduce una consulta, recibe una lista de enlaces y con un simple click sale hacia su destino externo.

Este flujo tan simple ha estado en la base del mercado publicitario más lucrativo de la historia mediante el archiconocido concepto del ‘pago por clic (CPC)’.

Sin embargo, las novedades presentadas en el universo Google, articuladas bajo un nuevo concepto, el AI Mode (nuevo buscador) y los llamados agentes de información persistentes, dinamitan este puente.

Google ya no quiere ser un nodo de este flujo; quiere ser la capa de ejecución final. Es decir, asume consultas de todo tipo y las resuelve en su propia interfaz. Ya no son necesarios los enlaces. Ya no hace falta salir del buscador.

¿Por qué visitaría un usuario una tienda online o un blog de análisis si la IA le ofrece la síntesis y la ejecución sin salir del entorno de Google? ¿Por qué hacer clic en un enlace si se pueden ejecutar transacciones enteras dentro del ecosistema de Google?

A nivel financiero y de modelo de negocio del gigante tecnológico, el cambio es muy importante: la monetización migra aceleradamente desde el anuncio publicitario tradicional (el pago por clic) hacia el cobro de comisiones por intermediación transaccional. Google ya no te muestra el camino a la tienda; Google cobra el peaje dentro de su propia caja registradora.

La defensa frente a la competencia siempre es un mejor ataque.

Este viraje hacia esta acción autónoma responde a una necesidad defensiva evidente. Sometido al acoso de ChatGPT, Anthropic y los movimientos integradores de Apple, Google ha decidido golpear con aquello en lo que gana por goleada: la capilaridad entre su vasto ecosistema digital.

Por poner un rápido ejemplo: si un usuario común dispone de un agente invisible que redacta sus correos, gestiona su agenda y realiza compras mientras duerme, la decisión de migrar a una solución de IA de la competencia es más farragosa.

Está claro que la intención de Google es ‘blindar’ su liderazgo no por ser el más innovador, sino por poseer, por decirlo de alguna manera, las tuberías de distribución (Android, Gmail, Maps, Workspace, etc…) donde los agentes de IA operan de manera nativa y ubicua. Y no solo dispone de estos agentes sino que encima son de los más rápidos y competitivos del circuito.

La información es poder. Controlar la transacción aún más.

No obstante, detrás de esta deslumbrante promesa de eficiencia se esconde una advertencia que los reguladores y los inversores no pueden ignorar. El contrato que Google propone a la sociedad exige una renuncia total a la privacidad operativa. Porque dejar que Gemini actúe en nuestro nombre implica otorgar el control del núcleo de nuestra vida digital y económica a una sola corporación.

El riesgo de concentración de poder es inédito. Si Google controla el agente que busca, el agente que compara y el carro universal que ejecuta la compra, el mercado libre se convierte en un oligopolio simulado. Las tensiones antimonopolio en EE. UU. y la Unión Europea no deberían tardar en florecer.

Además, la destrucción del modelo de la web abierta pone en jaque la sostenibilidad económica de las empresas y los medios de comunicación, los verdaderos proveedores de la materia prima con la que se entrenan estas inteligencias artificiales.

Conclusión

La evolución mostrada en el evento Google I/O 2026 señala una transición desde la fase de consulta de información hacia una era de delegación de tareas operativas. Eso sí, como dice la primera frase del artículo, también es posible que el mes que viene el entorno de la IA haya dado otro vuelco. A nadie le sorprenderá.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

En la sección: elEconomista tecnologia

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