Quién va a ganar dinero ordenando el cielo de los drones

La semana pasada reflexionaba sobre quién podría ganar dinero ordenando el caos del espacio, una idea que va mucho más allá de cohetes y épica orbital. Hablábamos de poner orden allí donde empieza a acumularse complejidad, tráfico y riesgo. Esta semana el foco desciende varios kilómetros, pero la lógica es exactamente la misma. Si el espacio empieza a saturarse, el cielo bajo es el siguiente territorio en disputa.
Durante años los drones han sido percibidos como una tecnología anecdótica, asociada al ocio, a la fotografía aérea o a usos muy concretos y poco escalables. Sin embargo, como ocurre con muchas innovaciones relevantes, el mercado tiende primero a trivializarlas antes de comprender su verdadero alcance. Hoy, sin hacer demasiado ruido, los drones están dejando de ser un objeto para convertirse en infraestructura.
La clave ya no está únicamente en el aparato que vuela, sino en todo el sistema que lo hace viable y útil. Comunicaciones seguras, coordinación de flotas, gestión del espacio aéreo, autonomía energética, análisis de datos en tiempo real. A medida que el cielo empieza a llenarse de máquinas no tripuladas, el verdadero reto deja de ser volar y pasa a ser ordenar ese vuelo.
Además, este es uno de esos sectores donde la frontera entre defensa y uso civil es difusa. Muchas de las tecnologías que hoy se desarrollan bajo presupuestos militares acaban filtrándose al mundo industrial, logístico o energético. Ha ocurrido siempre. El radar, el GPS o internet nacieron así. Con los drones estamos asistiendo a ese mismo patrón de transferencia tecnológica.
Este análisis forma parte del trabajo de búsqueda de sectores y compañías que, con el tiempo, puedan convertirse en semillas dentro de la cartera disruptiva que estoy construyendo para mis hijos. Una cartera pensada a 20 o 25 años, muy concreta, a la que siempre insisto que solo debe destinarse como máximo un 10% del capital. Es una cartera donde se asume que muchas semillas no germinarán, pero donde basta con que unas pocas lo hagan para que todo el conjunto tenga sentido.
En el caso de los drones, el error más habitual es fijarse solo en el dispositivo. El verdadero valor, como suele ocurrir, empieza a desplazarse hacia las capas menos visibles, aquellas que permiten que el sistema funcione de forma segura, coordinada y escalable.
A partir de aquí, el foco se estrecha. No se trata de enumerar todo lo que vuela, sino de identificar algunas de las compañías cotizadas que, a día de hoy, mejor encajan en esta idea de ordenar el cielo de los drones, cada una desde un ángulo distinto del ecosistema.
Red Cat Holdings (Nasdaq, RCAT)
Es una compañía centrada en drones para defensa, seguridad y operaciones tácticas. Su foco no está en el dron como objeto, sino en su uso real en entornos donde la fiabilidad, la interoperabilidad y la integración con sistemas existentes lo son todo. Red Cat trabaja con plataformas desplegables, software de control y soluciones pensadas para escenarios operativos, no para demostraciones comerciales. En un mundo cada vez más marcado por conflictos asimétricos y por la necesidad de vigilancia persistente, este tipo de tecnología deja de ser accesorio y pasa a formar parte del núcleo de la soberanía tecnológica. No es una semilla cómoda, pero sí alineada con una realidad geopolítica que difícilmente va a desaparecer en las próximas décadas.
Desde el punto de vista técnico, Red Cat Holdings ha desarrollado en los últimos meses una subida muy intensa, que la ha llevado desde la zona de los 6 dólares hasta aproximarse a los 18. Es un movimiento amplio y rápido, propio de una fase de aceleración, que ha dejado al título claramente sobrecomprado en el corto plazo. En este contexto, más que perseguir el precio, lo más sensato sería esperar a que el valor digiera parte de este fortísimo ascenso. Un proceso correctivo hacia la zona de los 10-11 dólares ofrecería un escenario mucho más atractivo para plantearse compras con una lógica de largo plazo.
Ondas Holdings (Nasdaq, ONDS)
Más que una empresa de drones, Ondas es una compañía de comunicaciones inalámbricas críticas. Desarrolla redes privadas seguras que permiten controlar drones e infraestructuras industriales en entornos donde la latencia y la seguridad son esenciales. En un futuro de enjambres autónomos, quien controle la comunicación controla el sistema nervioso. Es una pieza poco visible para el gran público, pero estratégica si los drones quieren escalar más allá de usos aislados.
Desde el punto de vista técnico, Ondas Holdings presenta dos zonas que conviene tener muy bien identificadas de cara a futuras compras. La primera, más inmediata, se sitúa en torno a los 11 dólares, que es donde discurre la directriz alcista que viene guiando las subidas desde mayo del año pasado. Un acercamiento a esa zona podría servir para que el valor apoye y retome la tendencia principal.
Ahora bien, el escenario más óptimo y atractivo se daría si el título replicara en los próximos meses un ajuste similar al que desarrolló entre octubre y noviembre del año pasado, cuando pasó de los 11,70 dólares a la zona de los 5 dólares. Si un movimiento de ese calibre se produjera desde los 15,25 dólares que ha alcanzado recientemente, estaríamos hablando de una posible caída hacia la zona de los 7 dólares. Ese sería, a mi entender, un nivel de compra de altísima calidad para una estrategia de largo plazo, un punto en el que me sentiría cómodo comprando con convicción.
Unusual Machines (NYSE American, UMAC)
Su negocio se centra en la fabricación de componentes y plataformas para drones. Es una aproximación clásica de pico y pala, menos dependiente de acertar qué modelo o qué fabricante dominará el mercado. Si el ecosistema crece, los proveedores especializados suelen sobrevivir mejor que los aspirantes a campeones. No es la parte más épica del sector, pero sí una de las más necesarias.
Desde el punto de vista técnico, Unusual Machines es un título que todavía presenta potencial, al menos hasta los máximos que marcó en 2024, una zona que aún le deja un recorrido cercano al 60% desde los niveles actuales. El escenario que encajaría mejor sería aquel en el que, dentro de un contexto alcista para el conjunto del sector, el valor consiga no solo alcanzar, sino superar con claridad esos máximos históricos de 2024, algo que durante 2025 no logró.
El hecho de que no haya conseguido batirlos aún invita a mantener una cierta prudencia, pero es un comportamiento perfectamente comprensible en este tipo de compañías, especialmente si se tiene en cuenta la fortísima subida que desarrolló en 2024, cuando pasó de cotizar en torno a 1 dólar a hacerlo cerca de los 26 dólares. Tras un movimiento de ese calibre, lo normal es que el mercado necesite un proceso de digestión prolongado, que puede durar meses e incluso años, antes de retomar la tendencia principal.
Ese proceso de consolidación no debería interpretarse como una señal negativa, sino como una fase necesaria para construir un nuevo tramo alcista de mayor calado. Y ese es precisamente el enfoque que se busca aquí. No se trata de una estrategia pensada para tres años, sino para 20 o 25 años, asumiendo que el camino no será lineal, pero que el potencial estructural del valor sigue intacto.
Volatus Aerospace (TSX, FLT)
Opera servicios con drones para inspección, vigilancia, cartografía y captura de datos. Aquí el valor no está en fabricar tecnología, sino en convertirla en servicio recurrente. A medida que los drones se integren en procesos industriales, energéticos o de infraestructuras, este tipo de modelos puede ganar peso por su capacidad de generar ingresos continuos y predecibles.
Desde el punto de vista técnico, Volatus Aerospace viene desarrollando en las últimas semanas un proceso de consolidación dentro de una figura triangular, una formación clásica que suele servir para digerir un tramo alcista previo, en este caso especialmente intenso. Este tipo de estructuras suelen aparecer tras movimientos potentes y responden a la necesidad del mercado de enfriar y ordenar posiciones antes de intentar un nuevo avance.
Mientras esa figura se mantenga en vigor, el comportamiento del título encaja dentro de una lectura constructiva. Una vez concluya este proceso de consolidación, lo más probable es que el valor desarrolle un nuevo segmento alcista, que podría llevarlo a buscar los máximos que marcó en 2021, situados en la zona de los 2,60 dólares canadienses. Ese sería el objetivo natural dentro de esta fase de reactivación, siempre que el contexto sectorial acompañe.
Ninguna de estas compañías es una certeza. Todas están aún en fases tempranas de su desarrollo bursátil y empresarial. Precisamente por eso no encajan en una cartera patrimonial, sino en una cartera de semillas. Aquí no se trata de acertar el próximo trimestre, sino de identificar qué piezas pueden ser relevantes cuando los drones dejen de ser una novedad y pasen a ser infraestructura cotidiana.
Dentro de este mismo ámbito existen además compañías privadas que todavía no cotizan en bolsa y que seguimos muy de cerca como posibles semillas futuras. El proceso no termina en lo que hoy es invertible, sino en entender hacia dónde se está moviendo el conjunto del sistema.
El futuro de los drones no se decidirá por quién vuele más alto o más rápido, sino por quién sea capaz de ordenar el cielo cuando deje de estar vacío. Y como suele ocurrir en los mercados, las oportunidades más interesantes rara vez están en lo que hace más ruido, sino en lo que trabaja en silencio para que todo lo demás funcione.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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