614 hachas de hace 300.000 años revelan que los primeros humanos ya fabricaban herramientas con valor social

Durante el Estadio Isotópico Marino 9 (MIS 9), hace entre 337.000 y 300.000 años, en las orillas del Támesis vivieron grupos de homínidos que tallaban la piedra de formas inesperadamente diversas. Sin ser humanos modernos ni neandertales, esta población arcaica fabricó hachas con una variedad de formas que, durante décadas, desconcertó a los arqueólogos. Un nuevo estudio, publicado en Archaeological and Anthropological Sciences, ha analizado 614 de esas hachas procedentes de diez yacimientos británicos que arroja una conclusión sorprendente.
Lo que hace singular este período no es solo la variedad de herramientas, sino la coexistencia de dos categorías tecnológicas radicalmente distintas dentro de un mismo yacimiento: las hachas utilitarias, rústicas y expeditivas, fabricadas con el mínimo esfuerzo para tareas cotidianas; y las hachas normativas, elaboradas con una inversión de tiempo y habilidad que va más allá de la función. Esta dualidad, según el estudio, podría ser el primer rastro arqueológico claro de una complejidad cultural comparable a la que asociamos con sociedades mucho más recientes.
Durante el MIS 9 británico, se confirma tanto la variedad de herramientas como la coexistencia de dos categorías tecnológicas radicalmente distintas: las hachas utilitarias y las hachas normativas.

La voz de 614 artefactos
El equipo de investigación, liderado por Aaron Rawlinson de la Universidad de Durham y del Museo Británico, recurrió a la morfometría geométrica tridimensional para analizar los artefactos. Escanearon cada hacha con una resolución de 0,1 milímetros, lo que les permitió generar modelos digitales con hasta 5.000 puntos de referencia por pieza.
El análisis estadístico reveló que ciertos tipos de hachas (los ficrones, los hendedores y las hachas gigantes) no eran variaciones casuales del trabajo cotidiano, sino formas normativas, producidas con arreglo a una plantilla mental precisa, transmitida socialmente entre generaciones. Según los autores, el MIS 9 representa el último interglaciar del Paleolítico Inferior en Gran Bretaña, antes de que el Achelense dejara paso a tecnologías más sofisticadas.
Antes del MIS 9, ficrones y hendedores eran casi inexistentes en el registro arqueológico de Gran Bretaña.

El cuchillo suizo del Pleistoceno y sus variantes de lujo
Las hachas de mano acheulenses son los artefactos más longevos de la historia humana. Aunque sus raíces se hunden en África oriental hace 1,66 millones de años, persistieron en Iberia e India hasta hace menos de 200.000 años. Durante ese largo período, fueron la navaja suiza del Pleistoceno. Estas herramientas se utilizaron para despiezar carne, procesar vegetales, cortar y raspar. En el MIS 9 de Gran Bretaña, sin embargo, el repertorio se amplía con tres tipos de herramientas poco documentadas en períodos anteriores.
El ficrón es una hacha alargada con una base globular pronunciada y los bordes laterales cóncavos que convergen en una punta fina. Es una forma exigente: los autores del estudio constatan que los ficrones se rompen con frecuencia, lo que implica una producción difícil y una tasa de descarte elevada. El hendedor, por su parte, presenta un filo transversal en la punta. Por su parte, las hachas gigantes, de más de 220 milímetros de longitud, aparecen en seis de los diez yacimientos estudiados.
Antes del MIS 9, ficrones y hendedores eran casi inexistentes en el registro arqueológico de Gran Bretaña. En los conjuntos del MIS 11 (el interglaciar precedente), los hendedores no superan el 7,1% del total y los ficrones están completamente ausentes. Según la investigación, la irrupción simultánea de ambas formas en el MIS 9 no puede explicarse por azar ni por las limitaciones del sílex disponible.
Esta consistencia sugiere con fuerza que los talladores del MIS 9 seguían una imagen mental precisa del objeto que querían producir: lo que los arqueólogos llaman una plantilla mental.

Una plantilla mental grabada en la piedra
La morfometría geométrica 3D permite medir la variación interna de cada tipo de hacha con una precisión que los métodos tradicionales no alcanzaban. Los ficrones, según los datos del estudio, presentan la menor variabilidad de cualquier forma de hacha del Paleolítico Inferior británico, con un índice de dispersión de 6,11 puntos sobre el centroide del grupo. Solo las hachas ovales del yacimiento de Boxgrove, datadas en el MIS 13, son más uniformes. Esta consistencia sugiere con fuerza que los talladores del MIS 9 seguían una imagen mental precisa del objeto que querían producir: lo que los arqueólogos llaman una plantilla mental.
Una tradición tecnológica homogénea
El análisis de componentes principales (PCA) realizado sobre los 614 artefactos ha revelado que la forma dominante en todos los yacimientos es la punta apuntada con punta redondeada, una morfología de uso cotidiano y producción rápida. Ficrones y hendedores aparecen en los extremos opuestos del espacio morfológico, como polos de una tensión entre la practicidad y la norma. Son, por tanto, categorías distintas que responden a intenciones diverssas.
Los modelos lineales generales aplicados a los datos muestran que el yacimiento de origen de cada hacha explica solo el 5,1% de la variación morfológica total. Esto implicaría, según los autores, que, al contrario de lo que ocurre en el MIS 11, no hay grupos regionales con tradiciones propias: la misma tecnología normativa se extiende de forma homogénea desde el Támesis hasta Kent y desde East Anglia hasta la cuenca del Solent. Los autores interpretan este patrón como el reflejo de una red social amplia, una metapoblación conectada que comparte un repertorio cultural común.
No hay grupos regionales con tradiciones propias: la misma tecnología normativa se extiende de forma homogénea desde el Támesis hasta Kent y desde East Anglia hasta la cuenca del Solent.

Hachas para vivir, hachas para ser
La coexistencia de herramientas expeditivas y herramientas normativas en los mismos yacimientos del MIS 9 sugiere una distinción funcional y social que va más allá del corte y el raspado. Fabricar un ficrón requiere más tiempo, más habilidad y conlleva un riesgo elevado de fractura. Los estudios experimentales recientes confirman que los talladores expertos necesitan más tiempo para producir formas normativas específicas que para crear hachas expeditivas. El coste de producción de ficrones, hachas gigantes y hendedores, por tanto, sugiere que estas piezas cumplían una función que iba más allá de lo puramente utilitario.
Los autores proponen que estas formas pueden haber servido como marcadores de identidad social, de estatus o de pertenencia grupal, en una línea que conecta con interpretaciones previas sobre el significado simbólico de las hachas de mano. En el mundo acheulense más amplio, hachas y hendedores tienden a ser conceptos culturales mutuamente excluyentes: una cultura produce uno u otro. Que en el MIS 9 británico coexistan ambas herramientas en los mismos yacimientos, por tanto, implica la presencia simultánea de múltiples normas en el mismo grupo humano. Se trata de una muestra de complejidad social sin precedentes en el registro del Paleolítico Inferior.
En el mundo acheulense en general, hachas y hendedores tienden a ser conceptos culturales mutuamente excluyentes: una cultura produce uno u otro. El MIS 9 británico rompe esta visión.

Una materialidad prehistórica compleja
Esta diversificación de categorías artefactuales no es un fenómeno exclusivamente británico. El yacimiento de Jaljulia, en el Levante, por ejemplo, muestra un patrón similar durante el Achelense tardío: hachas más pequeñas, más rudimentarias y más diversas que conviven con formas elaboradas. Los investigadores interpretan la falta de estandarización no como una regresión técnica, sino como una elección deliberada: la herramienta expeditiva y la herramienta normativa responden a necesidades distintas de una sociedad que ya había desarrollado un léxico material complejo.
El estudio reconoce, sin embargo, sus limitaciones. Sin dataciones más precisas, no es posible determinar si el registro refleja una población estable que se adaptó al entorno cambiante durante decenas de miles de años, o si deriva de una serie de incursiones breves desde Europa continental. Lo que sí es claro, concluyen los autores, es que la diversidad de formas al final del Achelense en Gran Bretaña es real, significativa y compartida con otras regiones del mundo, desde el Levante hasta el occidente de Europa.
Referencias
- Rawlinson, A., Foulds, F., Shipton, C., Ashton, N., Dale, L. y White, M. 2026. «Handaxe diversity at the end of the Acheulean: The character and significance of handaxe assemblages from MIS 9 Britain in European context». Archaeological and Anthropological Sciences, 18, 104. DOI: https://doi.org/10.1007/s12520-026-02468-8
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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