Abejas, sacrificio y resurrección en Roma: un estudio filológico desentraña el misterioso ritual de la bugonia descrito por Virgilio

Hace más de dos mil años, el poeta romano Virgilio escribió que los enjambres de abejas podían nacer de la carne muerta de un buey. La idea, hoy desmentida por la ciencia, fascinó durante siglos a generaciones enteras de lectores y pensadores. Un nuevo análisis filológico recupera este episodio para mostrar que, detrás de esta peculiar idea, se escondía algo mucho más profundo que una simple curiosidad del mundo animal.
La investigadora Rukiye Öztürk, de la Universidad de Ankara, ha publicado en la revista Oannes un estudio que examina la bugonia, el ritual descrito por Virgilio en el libro IV de sus Geórgicas. El trabajo sostiene que este episodio no es tanto una rareza que hoy calificaríamos de pseudocientífica, sino una alegoría cargada de significados sobre la enfermedad, la muerte y la regeneración de la vida.
El análisis recorre Egipto, Grecia y Roma para rastrear el origen de una creencia que unió religión, política y literatura. Ofrece así un viaje por la mente antigua, que entendía la naturaleza como un ciclo perpetuo de destrucción y renacimiento.
Un nuevo estudio examina la bugonia, el ritual descrito por Virgilio en el libro IV de sus Geórgicas que explicaba el nacimiento de las abejas.

El origen egipcio de una creencia milenaria
Según el estudio, el término bugonia procede del griego y combina las palabras «buey» y «nacimiento». La idea original surgió en Egipto, donde los observadores vieron cómo las abejas se congregaban alrededor de los cadáveres de animales en el desierto. Aquel fenómeno natural se interpretó erróneamente como la prueba de que los insectos se generaban de forma espontánea.
En Egipto, las abejas gozaban de un estatus sagrado. Se creía que habían nacido de las lágrimas del dios solar Ra: por ello, la miel se consideraba «la dulzura del sol». Este néctar se empleaba en la momificación, en hechizos protectores y como ofrenda funeraria, por su resistencia a la corrupción.
La cera de abeja también era un material con profundo significado religioso. Con ella se fabricaban figuras rituales, como los shabti o el ave benu, destinadas a garantizar la protección y el renacimiento del difunto. El estudio menciona incluso el pasaje del Papiro Westcar, en el que un cocodrilo de cera que cobra vida al contacto con el agua apunta al poder casi mágico atribuido a esta materia.
La idea de la bugonia surgió en Egipto, donde los observadores vieron cómo las abejas se congregaban alrededor de los cadáveres de animales en el desierto.

De Grecia a Roma: símbolo del alma y del poder
La simbología egipcia llegó hasta Grecia, donde las abejas se asociaron al culto de Ártemis, Apolo y Deméter. Sus sacerdotisas recibían el nombre de «Melisa», que significa abeja. La diosa cretense Britomartis llegó a conocerse como la «Virgen Abeja».
El estudio destaca que estos insectos representaban tanto la pureza del alma como el ciclo de muerte y renacimiento. Las tumbas tholos, que tenían forma de colmena, se interpretaban como refugios donde las almas, disfrazadas de abejas, esperaban su retorno. La leyenda de Glauco, el niño que muere ahogado en un tarro de miel y luego resucita, refuerza esta conexión entre el insecto, la conservación del cuerpo y la vida futura.
En Roma, el simbolismo cambió de registro sin perder intensidad. La estructura jerárquica de la colmena, con su rey y sus obreras disciplinadas, sirvió de metáfora política. Autores como Varrón, Cicerón o Plinio compararon el orden de las abejas con las virtudes cívicas romanas: el trabajo, la disciplina y la entrega a la comunidad.
Aquel fenómeno natural se interpretó erróneamente como prueba de que los insectos se generaban de forma espontánea.

El doble relato de Virgilio en las Geórgicas
La investigación de Öztürk se centra especialmente en cómo Virgilio narra la bugonia de dos maneras distintas en el libro IV. La primera versión está formulada como un consejo práctico de apicultura: ante una colmena enferma, decrépita y debilitada, el poeta recomienda sacrificar un novillo de dos años en un recinto cerrado. Después de matar el animal a golpes, poniendo cuidado de que su piel no se desgarre, se cubre su cuerpo con ramas de tomillo y casia fresca. Con la llegada de la primavera, del cadáver brotarán primero abejas sin alas y después insectos completos, que terminarán formando un enjambre que el poeta compara con una lluvia de verano.
La segunda narración traslada el ritual al ámbito mítico a través de la historia de Aristeo. Este personaje, inventor legendario de la apicultura, pierde todas sus colmenas como castigo divino tras provocar, sin quererlo, la muerte de la ninfa Eurídice. Desesperado, Aristeo acude a su madre, la ninfa Cirene, quien le aconseja capturar al dios marino Proteo para que le revele la causa de su desgracia. Después de luchar, Proteo le revela la solución: sacrificar cuatro toros y cuatro novillas, dejar que sus cuerpos se descompongan y esperar nueve días. Al noveno día, el nuevo enjambre que emerge de los cadáveres devuelve la prosperidad a las colmenas de Aristeo.
Las dos versiones que da Virgilio del procedimiento presentan la enfermedad como amenaza destructiva y la bugonia como respuesta esperanzadora frente a ella.

Enfermedad, expiación y renovación de Roma
Para Öztürk, ambos relatos comparten un fondo común: la enfermedad como amenaza destructiva y la bugonia como respuesta esperanzadora frente a ella. El estudio señala el paralelismo entre el colapso de la colmena en el libro IV y la peste de Nórico descrita en el libro III. Ambas historias se inspiran en la descripción lucreciana de la plaga de Atenas.
La diferencia esencial reside en el desenlace. Mientras la peste anuncia solo destrucción, la bugonia ofrece una salida: la vida que renace de la muerte. En el caso de Aristeo, el ritual despliega, además, una dimensión moral, ya que su pérdida se interpreta como castigo y su recuperación, la consecuencia de la obediencia a los dioses.
La investigación conecta esta lectura con el contexto histórico en el que Virgilio escribió su obra, hacia el año 29 a. C. Roma salía entonces de décadas de guerras civiles iniciadas tras el asesinato de Julio César. La autora defiende que el renacimiento de las abejas habría funcionado como alegoría de la propia reconstrucción romana bajo el gobierno de Augusto.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
En la sección: Muy Interesante
También te puede interesar




